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Los desafíos en la vida académica y laboral deben estar bien definidos, pensados con cautela y fundamentados en un alto nivel de motivación.
Los desafíos en la vida académica y laboral deben estar bien definidos, pensados con cautela y fundamentados en un alto nivel de motivación. (Shutterstock)

Los desafíos que a diario enfrentan los estudiantes universitarios que simultáneamente están inmersos en el campo laboral conllevan unas particularidades psicoemocionales que ameritan puntualizarse y atenderse por parte de todos. Desde una perspectiva del crecimiento y el desarrollo humano, los adultos jóvenes, en su mayoría, están listos para iniciar su vida laboral, pues poseen la madurez cognitiva, conductual y social para lanzarse a retos académicos y laborales.

Actualmente, y como parte de los cambios psicosociales que han surgido por la pandemia, la nueva rutina para cumplir con la preparación académica universitaria en las modalidades presenciales y virtuales, brindan la oportunidad para que una mayor cantidad de jóvenes logren hacer una vida estudiantil y laboral integrada. Este proceso involucra la capacidad de organización y estructura del tiempo, conlleva priorizar día a día las actividades y equilibrar los momentos de diversión, trabajo y estudios. Sin embargo, ¿cómo se articula todo esto para balancear el éxito en ambos?

Los desafíos en la vida académica y laboral deben estar bien definidos, pensados con cautela y fundamentados en un alto nivel de motivación. Esta motivación debe nacer de cada uno, porque lo que se anhela y visualiza, a fin de cuentas, es el éxito en crecer académica y profesionalmente. Este balance debe estar equilibrado y, para ello, en ocasiones se deben hacer pausas de reflexión, para analizar la calidad entre ambos (estudio-trabajo), sin descuidar nuestro bienestar emocional y salud mental.

Nos referimos a que cada joven estudiante que desea iniciar y mantener una experiencia laboral debe tener una motivación genuina, persistente y que cumpla un propósito claro en su bienestar emocional. Las razones que pueden motivar estos desafíos son variadas, diversas y coexisten. Para unos es aumentar sus oportunidades de crecer más allá de la experiencia académica, para otros es mejorar su capacidad económica, algunos entran en la combinación de integrar lo aprendido en sus clases con la práctica formal de estos conocimientos y, a su vez, tomar la importante decisión de lo que realmente les apasiona en su formación profesional.

La causa de estos desafíos es diversa y debemos estar claros; desafío no es igual a problema. El desafío de realizar múltiples responsabilidades sociales e individuales nos guía a una formación plena como seres humanos. En ocasiones, puede ser abrumante, pero, al final, es enriquecedor, así que, vamos a aceptar el reto y a preparar nuestro futuro con enfoque, motivación y cuidando nuestro bienestar emocional.

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La autora es profesora del Departamento de Psicología de la Universidad Ana G. Méndez, Recinto de Gurabo.

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