Hay momentos en los que solo debemos darnos el permiso de aceptar cómo nos sentimos, reconociendo que no es nuestro mejor tiempo y que necesitamos tomar una pausa. (Shutterstock)

No es sorpresa para nadie que la compasión tiene muchos problemas de definición en la sociedad actual. En ocasiones, se confunde con pena o lástima hacia alguna persona que pasa por una situación en particular o que comete algún error. También, cuando se trata de nosotros y nosotras, la autocompasión llega a confundirse con la condescendencia.

Sucede que permea un discurso que dicta que debemos ser duros e inflexibles con nuestras metas, que el trabajo incesante es lo único que paga y que, si tomamos un momento para descansar o reconocer que necesitamos parar, lo estamos haciendo mal.

Sobre este tema reflexiona María Alexandra Pérez Méndez, egresada de estudios en Psicología, quien reconoce la autocompasión como un “acto natural de comprendernos, cuidarnos, compadecernos radicalmente de nosotras mismas ante la adversidad”. Es decir, de entendernos como seres humanos.

Pérez Méndez vincula su definición con los refranes populares de “pasarle la manita” o “venir con paños tibios”, pero la distancia de las connotaciones negativas con las que estos suelen decirse.

“¿Acaso pasarnos ‘la manita’ no puede ser alivio cuando sentimos dolor o aplicarnos paños tibios un remedio eficaz para la inflamación? Me cuestiono si tenemos que dejar de lado las tradicionales formas de sanar y de cuidar para aparentar ser más fuertes o capaces de superar, o si, por otro lado, las rescatamos y hacemos por nosotros lo que, por ejemplo, nuestras madres harían”, se cuestionó como parte de un análisis.

Al presentar esta analogía para cuestionar las perspectivas que se tienen sobre la autocompasión, Pérez Méndez la reconoce como una estrategia no solo alterna, sino urgente.

“Hay momentos en los que solo debemos darnos el permiso de aceptar cómo nos sentimos, reconociendo que no es nuestro mejor tiempo y que necesitamos tomar una pausa. Podemos hablarnos con cariño, tal como lo haría alguien que nos quiere. Gracias al reconocimiento de la autocompasión, tenemos el poder y diría que hasta el deber de ser esa persona para nosotros y nosotras mismas”, apuntó.

Diferencia la autocompasión de la lástima

Por su parte, Charlotte Maltés Sánchez, estudiante de maestría en Consejería en Salud Mental, coincidió con Pérez Méndez en que hay una percepción errónea sobre la autocompasión que necesita redefinirse. Señala que hay una confusión entre autocompasión y sentir lástima o pena.

Somos el pueblo del ‘ay, bendito’ pero un ‘bendito’ no salva a nadie. La pena o lástima tiende a ser pasiva. La autocompasión, por otro lado, es una fuerza que nos nutre el corazón y la mente. Es amor en acción. Cuando la asumimos, estamos apostando a la capacidad de ver y vernos, de sentir y sentirnos desde un amor que nos impulsa a perdonar y perdonarnos cada día”.

Maltés Sánchez añade que la autocompasión es un acto de reconocimiento. Afirma que para ser genuinamente empáticos con los demás, es vital que primero lo seamos con nosotros y nosotras mismas.

“Para ponerme en el lugar de otra persona, es necesario que yo sepa dónde estoy parada, reconocer mis procesos, luchas y límites. La autocompasión es el lugar donde se reconcilia quien fui con quien soy y con quien quiero ser”, señala Maltés Sánchez.

Reconoce que en “este mundo adicto a la prisa, se nos alimenta la mentira de que no hay tiempo para la autocompasión y esa falta de amor propio nos enferma”.

Autocompasión para recuperar la sensación de control en un momento incierto

La pandemia del COVID-19 ha alterado la salud mental del mundo. Esa vida cotidiana que, a nuestro modo, era tranquila, anda secuestrada por la incertidumbre y el miedo.

Desgastados, presionados y con poca esperanza, muchos en Puerto Rico han claudicado. Estadísticas recientes de Nielsen Scarborough revelan que hay más de 750 mil adultos mayores de 18 años con ansiedad y depresión, un aumento de 24% durante la pandemia. Peor aún, como respuesta a su estado emocional, muchos, especialmente en los mayores de 65, abusan del alcohol como alternativa de escape.

Si bien una situación estresante, puede poner de rodillas a cualquiera, herramientas como la autocompasión pueden ser ese bálsamo tranquilizante que nos ayude a retomar el control. Pero, primero, hay que tratarse a uno mismo con el cuidado y la amabilidad con los que ayudaríamos a otros.

Esta acción que te permite aceptar la situación, enfrentándote transparentemente con tus sentimientos para comprenderte, es la opción para la ansiada calma interna, esa tranquilidad que baja el estrés y con la que surge una renovada sensación de seguridad y conexión con un futuro mejor.

Autocompasión en el espacio laboral

Para la especialista en Psicología Pérez Méndez, el espacio de trabajo es uno desde el cual se debe practicar la autocompasión a diario. Afirmó que al ser un lugar que demanda de nuestra capacidad de producción, es normal que muchas veces seamos muy duros con nosotros mismos cuando cometemos errores. La recomendación es, en vez, hacer un repaso de nuestras capacidades y recordar que hay destrezas y conocimientos que solo se adquirirán mediante la experiencia y la práctica, por lo que la paciencia en los procesos de aprendizaje también es un acto tremendo de autocompasión.

“Por medio de esta estrategia, podemos transformar, desde nuestro interior, el violento discurso de perfección y de que los fracasos nos definen, por uno amable y comprensivo, de aceptación y apreciación propia”, destacó.

Asimismo, reconoció que el principio del aprendizaje continuo por encima de la perfección inmediata también debe formar parte de las políticas de los patronos porque la autocompasión es un ejercicio colectivo que, una vez se asume, debe reproducirse en comunidad para todos y todas.

Autocompasión para sobrevivir y sanar

Pérez Méndez, quien ha trabajado con sobrevivientes de violencia de género, reconoce la autocompasión como una herramienta vital para la sanación. El daño emocional que sufren estas personas, no solo viene de sus agresores, sino también de una sociedad que redirige la culpa a quien sufre la violencia. El resultado es la revictimización.

En estos contextos, la profesional destacó la autocompasión como una estrategia indispensable para manejar el estigma que puede experimentar la persona que ha sido violentada.

“En estos casos de violencia de género, en los que es tan común escuchar a otras personas decir ‘se lo buscó’, ‘está en esa relación porque le gusta’, ‘tiene que pensar primero en su familia’, entre otras barbaridades, es casi inevitable que quien esté viviendo la violencia tienda a pensar de esta manera y a decirse cosas cómo esas a sí misma”, observó.

Por eso, resaltó la importancia de acompañar a la persona para que interrumpa ese discurso en su interior y lo transforme en frases como “estás haciendo lo mejor que puedes”, “no estás sola”, “está bien buscar ayuda”. Esta conversión de mensajes, dijo, es un paso contundente y afirmativo en su lucha por sobrevivir, que sin la autocompasión, no es posible.

“El proceso de sanación no es lineal, por lo que el refuerzo y el constante recordatorio de nuestra humanidad es vital para lograr resultados”, sostuvo Pérez Méndez.

“Lamentablemente, en este mundo roto, todos y todas hemos sobrevivido violencias de alguna manera en diferentes niveles y escenarios. La autocompasión nos recuerda que somos dignos y dignas de recibir ayuda. Esto, definitivamente, sana”, añadió, por su parte Maltés Sánchez.

Un acto de amor propio

Para Maltés Sánchez, la autocompasión tiene su base en un sentido de dignidad, por lo que “asumirla para mí me ayuda a recordar que soy digna de amor, de nuevas oportunidades, de respeto y de validación”.

Añadió como reflexión final que la autocompasión es hacer las pases consigo misma.

“Me recuerda mi humanidad y eso me da la libertad para equivocarme. Más que recordarla, me ayuda a celebrarla. Que así, imperfecta y mortal, poseo en mí el potencial de volver a intentar mañana lo que no salió hoy, de ir caminando a mi ritmo. La autocompasión me lleva a aceptar y abrazar mis límites. Eso también es sanador”.

Algunas sugerencias para implementar la autocompasión

  • Transforma tus errores en momentos de aprendizaje.
  • Identifica cuándo necesitas detenerte, tomar una pausa y descansar.
  • Háblate a ti misma con las frases de cariño que te diría una persona que te ama inmensamente y que nunca te haría daño.
  • Intercambia frases como “te lo buscaste” por “estás haciendo lo mejor que puedes con la información y lo recursos que tienes disponibles”.
  • Regálate momentos de respiro o date gustos saludables y responsables que compensen un día difícil, como ordenar comida de un lugar que te guste, leer un libro por puro placer, sentarte a ver televisión sin culpa o irte a la cama más temprano.
  • Reconoce las dificultades de tus procesos, luchas y límites, en vez de culparte por lo que no has hecho, celebra todo lo que sí has hecho a pesar de ellos.
  • Acepta que está bien buscar ayuda.
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