Nota de archivo: este contenido fue publicado hace más de 30 días.
El diagnóstico de colitis ulcerosa impacta la vida de los pacientes en diferentes esferas.
El diagnóstico de colitis ulcerosa impacta la vida de los pacientes en diferentes esferas. (Shutterstock)

“Tengo diarrea”, “Estoy agotado”, “Me duele el estómago otra vez”, “¡Qué vergüenza!”, “¿Qué puedo comer?”, “¿Quién entiende mi dolor?”… Estas son algunas de las expresiones más frecuentes de las personas que viven con una condición inflamatoria intestinal.

La enfermedad de Crohn y la colitis ulcerosa -o ulcerativa- son condiciones conocidas como enfermades inflamatorias intestinales, o EII. Estos trastornos se caracterizan por ser un proceso en el que el sistema inmune de una persona ataca su propio tracto gastrointestinal, lo que causa la inflamación crónica. Si bien comparten muchos de sus síntomas, tienen algunas diferencias bien marcadas.

La colitis ulcerosa se identifica por ser una inflamación con úlceras que se limita a la capa más inferior o superficial del intestino grueso. La condición comienza por el recto, se extiende hacia arriba en el colón y podría llegar a cubrir el colón completo. En contraste con la colitis, la enfermedad de Crohn puede crear inflamación en todas las capas del intestino, manifestarse desde la boca hasta al ano y aparecer por zonas.

Ambas son más comunes en jóvenes de 15 a 35 años, pero pueden presentarse a cualquier edad. De hecho, según los datos recogidos por el Centro para Enfermedades Inflamatorias del Intestino del Recinto de Ciencias Médicas (RCM), en Puerto Rico, se observa una tendencia de aumento en niños, cada vez de menor edad, y en envejecientes.

Según la directora del centro, la doctora Edith A. Torres, los dos síntomas más habituales de la colitis ulcerosa son la diarrea con sangre y el deseo de ir con urgencia al baño, lo que los pacientes describen como “pujos”. Otros síntomas frecuentes son: dolor abdominal constante, pérdida de peso, sangrado rectal, hemoglobina baja o dolor en las coyunturas.

Si bien se han detectado varios factores que aumentan el riesgo de padecer colitis, se desconoce la causa exacta y no existe cura. La gastroenteróloga, con más de 30 años de experiencia, indicó que el microbioma es uno de los factores que más influye, tanto en padecer la condición, como en la manera en que se trate al paciente.

El microbioma es un conglomerado de trillones de microrganismos, como lo son las bacterias, hongos, hasta virus, que viven dentro del tracto gastro intestinal de los seres humanos. “Cuando las personas tienen un sistema inmune donde los controles de seguridad son deficientes no logran un balance normal del microbioma. Por consiguiente, tienen menos bacterias beneficiosas y un mayor número de bacterias que estimulan a que se dé el proceso inflamatorio intestinal”, explicó Torres.

Según la experta en esta enfermedad, para llegar a un diagnóstico de colitis se revisa el historial médico familiar, se hacen estudios de sangre que verifican la hemoglobina y estudios de heces fecales que identifiquen si existe inflamación. “Después se procede a confirmar la enfermedad inflamatoria a través de colonoscopia con biopsia y estudios de imágenes”, añadió.

Por otro lado, hay que tener presente que este diagnóstico impacta la vida de los pacientes en diferentes esferas. Las dos más importantes son la nutrición y la parte psicológica. “Tienen que comenzar una dieta que sea nutritiva y balanceada. Tiene que sacar la comida chatarra, bajar la cantidad de carnes rojas, dejar las grasas y los azucares para controlar la inflamación”, enfatizó la también presidenta de la Fundación Edith A Torres pro Enfermedades Inflamatorias del Intestino.

El segundo componente transcendental es la fase emocional, ya que más de la mitad de los pacientes, cuando se confrontan a este diagnóstico, pasan por un proceso de ansiedad o depresión. “Es una respuesta normal a un diagnóstico serio que no sabes porque lo tienes, que no tiene cura y que tienes que bregar con ir seguido al baño. Así que hay que trabajar con la fase psicológica, porque se alimentan un sistema de otro y se empeoran los síntomas”, aseveró la galena.

Los tratamientos médicos son individualizados y varían según el área en que este la enfermedad, cuán severa es, cuán activa este en ese momento y si tiene complicaciones. Estos van desde medicamentos sencillos con pocos efectos secundarios, medicamentos corticosteroides o medicamentos para modular el sistema inmune y bloquear las moléculas que aportan a la inflamación. En caso de que los pacientes no respondan a los tratamientos pueden requerir una cirugía.

Torres indicó que, para manejar la condición y alcanzar una vida más cómoda, el paciente debe empoderarse de su enfermedad y trabajar en equipo, tanto con el médico como los familiares. “Debe tener una dieta, no fumar, manejar el estrés y un acomodo razonable, ya sea en la escuela o en el trabajo”, detalló.

Las EII aumentan el riesgo de cáncer colorrectal. El mayor riesgo lo tienen los pacientes con colitis, porque, mientras más tiempo pase sin controlar el proceso inflamatorio crónico más se promueve el desarrollo de cáncer a largo plazo. Sin embargo, Torres aseveró que, “en los últimos años, se aprendió que, si controlas, a niveles microscópicos, la inflamación en el intestino el riesgo de cáncer baja considerablemente”.

En Puerto Rico, a través de la Unidad de Investigación del RCM, se recogen las características médicas de los pacientes. De igual forma, se realizan varios estudios que incluyen: medicamentos, hallazgos psicológicos, la dieta antinflamatoria y cómo se afecta la calidad del sueño, entre otros.

Para la doctora Torres, el llamado en el Día Mundial de la Enfermedad Inflamatoria Intestinal, hoy, 19 de mayo, es que “cualquier síntoma gastrointestinal, sin importar la edad, que no se resuelva en un periodo corto de tiempo debe ser investigado para saber cuál es la causa. Puede ser que no sea nada importante, pero puede ser una enfermedad que requiera atención”.

Para obtener más información sobre la colitis, visita featpr.com.

💬Ver comentarios