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Brenda Padilla Pérez con sus hijas, de izquierda a derecha, Amanda y Paola Calderón Padilla.
Brenda Padilla Pérez con sus hijas, de izquierda a derecha, Amanda y Paola Calderón Padilla. (ENID M. SALGADO-MERCADO)

Para la directora ejecutiva de la Asociación Puertorriqueña de Diabetes (APD), Brenda Padilla Pérez, la gran diferencia de edad entre sus hijos, convertirse en la única adulta del hogar y mantener sus metas profesionales son realidades que se enfrentan con una gran capacidad de reacción y adaptación.

Cuando creía haber dejado atrás los biberones, los pañales o las desveladas en la madrugada, Padilla Pérez tuvo a su segunda y a su tercera hija, ocho años después de haber concebido a su primogénito.

“Yo tengo una filosofía de vida en la que no pregunto cómo lo hago, sino que, simplemente, me concentro en hacerlo. La maternidad fue retante, sobre todo cuando tuve a las dos niñas porque él (su primer hijo) ya estaba grande, y fue como volver a empezar”, reconoció la directora ejecutiva de la APD.

Sin embargo, el desafío se hizo mayor tras divorciarse, cuando su hija más pequeña apenas tenía 2 años. A pesar de que el padre de los niños siempre estuvo presente en la crianza, la también productora de eventos, animadora y locutora se convirtió en la cabeza de la familia y pasó a tomar toda la responsabilidad de su hogar.

“Más allá del pago de una pensión o las visitas en los fines de semana, a veces, se necesita el apoyo de un compañero que esté ahí al 100%, aunque sea para escucharte y que no estés sola tomando todas las decisiones económicas, académicas y de salud. Es más que nada un apoyo moral porque, a veces, te encuentras sola en el camino”, resaltó.

A pesar de haberse desarrollado laboralmente en todas las áreas que le apasionan, en algunas ocasiones recibió ofertas artísticas o como coordinadora de eventos que rechazó porque como “jefa de familia, hay cosas que no se pueden desatender”.

En esos momentos, descansó en su gran capacidad de adaptación, enseñanza que intentó transmitirles tanto a sus hijos como a sus estudiantes, pues, además de haberse especializado en el tercer sector como comunicadora de salud, Padilla Pérez también cuenta con un bachillerato en Educación.

La versatilidad profesional

Desde temprana edad, el mundo artístico tuvo un espacio importante en la vida de la locutora y animadora de eventos. Durante muchos años, estudió teatro y participó de producciones televisivas, pero siempre supo que esta pasión no le podría proveer la estabilidad económica que necesitaba.

Por lo mismo, decidió combinar lo artístico con la docencia, y se topó frente a grupos de estudiantes de kínder y primer grado, con quienes disfrutaba de la lectura de cuentos o del teatro de marionetas.

Sin embargo, su concepción sobre cómo debería ser la instrucción de los niveles primarios la obligó a retirarse del magisterio: le era inconcebible reprobar niños porque no supieran leer o escribir, como lo exige el sistema de educación tradicional.

“Esos nenes que querían que los colgara porque no leían hoy son relacionistas públicos o abogados. Ese es mi regalo. Son adultos hechos y derechos, profesionales de bien para el país, y que, quizás, si los hubiera colgado, les hubiera tronchado su vida”, destacó Brenda.

Como consecuencia, encontró, en la maestría de Educación en Salud Pública, un espacio donde no solo puso en práctica la docencia, sino que la instó a convertirse en cuentista —en ocasiones, a través de las marionetas— luego de crear una historia para un proyecto universitario en la que concientizaba sobre la higiene bucal.

Titeresa, nombre del personaje con el que narra historias a niños, ha colaborado por los pasados 20 años con autores de cuentos infantiles, el San Jorge Children’s and Women’s Hospital y entidades sin fines de lucro, como Susan G. Komen.

No solo se trata de darle voz a estas historias, sino de motivar a las madres y a los padres a que formen parte de estos encuentros para que sean ellos quienes, más adelante, les lean a sus hijos y construyan vínculos como los que tiene Brenda con los suyos.

La adaptación invade el hogar

“Yo he tenido muchos retos con ellos. No ha sido fácil. He tenido situaciones delicadas a las que uno tiene que meterles el pecho y pedirle al Señor sabiduría para poder ayudarlos y dirigirlos”, precisó con la voz entrecortada sobre cómo ha atravesado la maternidad.

Asimismo, resaltó que, si en el pasado disfrutó ser su aliada al hacer travesuras, hoy disfruta acompañarles en su autodescubrimiento, como lo hicieron su papá y su mamá con ella.

El año pasado, una semana antes de que se impusiera el confinamiento, Brenda vendió su casa. El COVID-19 la recibió, a ella y a sus hijas, con una residencia que desalojar y otra por comprar.

“Ellas fueron quienes me enseñaron en estos meses. Con los retos que a nivel emocional esto significó para ellas, pues una se encontraba en undécimo grado y la otra en cuarto año, ellas me dijeron: ‘Mami, tranquila. Hay pandemia y tenemos que adaptarnos. Vamos a hacer lo que sea necesario’”, sostuvo la madre de Roberto, Paola y Amanda.

“Yo no hablo de cosas difíciles, sino que hablo de cosas retantes o situaciones que hay que afrontar para buscar, en caso de que no tengas las herramientas, quién te va a ayudar”, concluyó.

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