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Las diferentes manifestaciones de violencia pueden suponer repercusiones serias para la salud física, emocional y mental de las mujeres.
Las diferentes manifestaciones de violencia pueden suponer repercusiones serias para la salud física, emocional y mental de las mujeres. (Shutterstock)

A poco más de un año desde que se decretó la pandemia de COVID-19, los estragos sociales que surgieron como consecuencia de la propagación de la enfermedad resultan evidentes. Los daños no se reducen a una cifra de muertes que supera los 3 millones alrededor del mundo, pues se extienden hacia otros horizontes sociales, políticos y económicos, mientras recrudece las desigualdades por razón de género que sufren las mujeres.

El desempleo, la violencia de género, la pobreza, la deserción escolar, la brecha salarial, la sobrecarga de las tareas domésticas y la falta de acceso a servicios de salud aumentaron durante esta crisis salubrista, según la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

“La pandemia de COVID-19 subrayó la dependencia que la sociedad tiene de las mujeres, tanto en primera línea como en el hogar”, reveló un artículo informativo de ONU, que trata sobre los efectos del coronavirus en las mujeres y niñas. En el documento, el equipo de profesionales expuso cómo la crisis salubrista resaltó las desigualdades estructurales a las que se enfrentan las mujeres en el ámbito económico, sanitario, social y de seguridad.

“En tiempos de crisis, cuando los recursos escasean y la capacidad institucional se ve limitada, las mujeres y las niñas se enfrentan a repercusiones desproporcionadas con consecuencias de gran alcance que no hacen más que agravarse en contextos de fragilidad, conflicto y emergencia”, lee la publicación.

En septiembre del año pasado, 617,000 mujeres abandonaron la fuerza laboral estadounidense. La información, provista por el gobierno estadounidense, fue publicada en la cadena de noticias CNN.

Pese a la falta de información que aluda a la situación de las mujeres de manera específica en Puerto Rico, en 2020, el Departamento del Trabajo y Recursos Humanos registró 66,800 empleados asalariados menos que el año anterior.

De acuerdo con el informe, la industria de recreación y alojamiento, que incluye restaurantes, hoteles y otros negocios turísticos, obtuvo la mayor merma de empleados asalariados. En 12 meses, la isla perdió 22,000 trabajadores al compararse con los 81,300 que obtuvo el año anterior.

En 2020, el secretario general de la ONU, António Guterres, señaló que la primera ola de despidos colectivos tuvo repercusiones graves en el sector de servicios, que incluye el comercio minorista, la hostelería y el turismo, en los que las mujeres están sobrerrepresentadas.

Incrementa la violencia

En tiempos de crisis, la violencia que sufren las mujeres y las niñas aumentó a raíz del confinamiento. La ONU estableció, por medio de sus plataformas digitales, que una de cada tres mujeres, en el mundo, sufre violencia sexual o física.

En ocasiones, la violencia se suscita en el entorno doméstico, por parte de las parejas o exparejas de las víctimas. No obstante, la violencia contra las mujeres puede desencadenarse en espacios públicos.

“La violencia de género se manifiesta en cualquier abuso físico, verbal, mental, emocional o sexual que se cometa contra una persona por su orientación sexual o identidad de género. La violencia de género atenta contra la dignidad y los derechos humanos de las personas, por lo que combatir todas sus formas es una responsabilidad individual y social”, define, en su plataforma digital, Ayuda Legal.

A principios de este año, el gobernador Pedro Pierluisi Urrutia declaró un estado de emergencia en la isla, para atender la crisis de violencia de género. La media categoriza como servicio prioritario establecer y ejecutar programas de protección, prevención y orientación, protocolos de acceso a vivienda, servicios de salud, educación y trabajo a favor de las mujeres.

Pese a que la violencia doméstica representa una de las manifestaciones más conocida de violencia de género, el fenómeno también incluye el acoso callejero, la agresión sexual y el discrimen.

El acoso laboral, también conocido como mobbing, representa otro tipo de violencia de género. En este contexto, las mujeres sufren acciones de violencia psicológica injustificadas como insultos, humillaciones, menosprecios y aislamiento, entre otras cosas.

En ocasiones, la violencia laboral incluye agresiones físicas o sexuales por parte de los superiores, los compañeros de trabajo o la propia empresa. Esta manifestación de violencia puede suponer repercusiones serias para la salud física, emocional y mental de las mujeres.

Respecto a los derechos laborales, la profesora Vírgen Cáceres Cruz considera que el problema principal, en Puerto Rico, se centra en que las legislaciones no mantienen perspectiva de género.

“Me parece que el asunto no es la ausencia de legislación, sino que muchas veces las medidas que se redactan no contienen una perspectiva de género. Te diría que, previo al 2014, se ha estado legislando mucho a favor de las mujeres, sobre todo en el tema de la violencia”, afirmó la profesora Cáceres Cruz.

Mencionó que se trabajaron aspectos relacionados a la violencia en el ámbito laboral y las órdenes de protección. Afirmó que, en la rama legislativa, también se habló sobre la posibilidad de que el patrono solicitara una orden de protección.

“Se hizo una exigencia en las distintas agencias gubernamentales y corporaciones privadas para que se redactaran protocolos a favor de las mujeres que sufrieron violencia doméstica”, detalló la experta. La también investigadora explicó que, durante el 2017, funcionarios del gobierno atentaron contra la legislación para el trabajo. A juicio de Cáceres Cruz, las mujeres fueron impactadas de varias maneras.

“Al precarizar las condiciones de empleo de los trabajadores, se afecta la condición laboral de las mujeres. También, se normaliza el subempleo, que son empleos a tiempos parciales y mal pagados”, explicó.

Sostuvo que la medida también afectó la legislación antidiscrimen al atemperar la paga al modelo estadounidense. Esta acción colocó el peso de las pruebas en las mujeres, según la experta.

De igual forma, agregó que la pandemia afectó las formas de contabilizar el trabajo debido a que los empleos se adaptaron a una modalidad virtual.

“Ya muchas de estas personas no ponchan, por lo que el empleador espera que la trabajadora le conteste a cualquier hora. Las mujeres tienen que estar conectadas las 24 horas para dar respuestas a su empleador. Los familiares tampoco entienden que, aunque esté en el hogar, la función principal de la mujer es trabajar”, mencionó.

Factores de riesgo en la salud mental

La propagación de la COVID-19 también generó incertidumbre, rutinas diarias alteradas, presiones económicas y aislamiento social. La psicóloga clínica Delmara Rivera, señaló que, en Puerto Rico, ya existía una alta incidencia de depresión, ansiedades, condiciones emocionales secundarias y traumas.

“Con la pandemia, lo más que he visto ha sido el aumento en diagnóstico relacionados a la ansiedad, ataques de pánico, tics motores”, detalló, al afirmar que, durante la pandemia, visualizó un aumento en la sintomatología como consecuencia del confinamiento.

El psiquiatra Ohel Soto, por su parte, mencionó que percibió un aumento en los casos de las mujeres debido a los roles, las definiciones y las creencias familiares que se enseñan en el hogar.

“Previo a la pandemia, las personas se han tenido que ver y mantenerse encerradas por más tiempo. Hubo un aumento en las dificultades que, mediante terapia, hemos tenido para trabajar. Ha habido un aumento en las tensiones en las mujeres”, reconoció el experto en salud mental.

Explicó que, en caso de que las personas se expongan a tensiones o estrés, aumenta la probabilidad de desarrollar una condición de salud mental que afecte su funcionamiento, autoestima y habilidades para solucionar conflictos.

El estrés puede provocar sentimientos de temor, enojo, tristeza, preocupación, entumecimiento o frustración. También, puede generar cambios en el apetito, dificultad para concentrarse y problemas para conciliar el sueño.

“Vamos a ver personas que van a sentir ansiedad, depresión y problemas de baja autoestima. Estos pacientes comienzan un proceso de aislamiento bajo su agresor, inicia la disminución de socialización y se desarrolla un sentimiento de culpabilidad. Esto nos puede llevar, poco a poco, al desarrollo de una condición de salud mental”, agregó el médico.

Comentó que la sintomatología no se limita al ambiente doméstico, sino que también pueden desarrollarse en el ámbito laboral. La disminución de la productividad, el ausentismo y el desarrollo de enfermedades frecuentes representan algunos indicios que indican que algo anda mal.

Para trabajar la situación, Rivera y Soto concordaron que las personas pueden acercarse a la unidad de recursos humanos para obtener ayuda, en caso de sufrir tensiones o estresores. Asimismo, pueden consultar a un experto en salud mental para trabajar la situación.

“A nivel individual, el proceso de buscar ayuda y que la persona reconozca el cambio en su funcionamiento es vital. Yo creo que también debemos estar pendientes de nuestros seres queridos, familiares y amigos para tener un rol activo, orientar y ayudar”, puntualizó la psicóloga.

Si tienes dificultades para sobrellevar el estrés, llama a tu proveedor de atención médica o a la Línea PAS al 1-800-981-0023. En caso de experimentar pensamientos suicidas, acude a la sala de emergencia más cercana.

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