Aunque la responsabilidad de la crianza de un menor nunca es una obligación de los abuelos, sino de los padres de este, muchos abuelitos se sienten tan comprometidos con su familia.
Aunque la responsabilidad de la crianza de un menor nunca es una obligación de los abuelos, sino de los padres de este, muchos abuelitos se sienten tan comprometidos con su familia. (Shutterstock)

El cuidado amoroso de abuela es entregado y no espera nada a cambio, excepto que seamos buenos muchachos. La dedicación y la ternura de abuelo es imprescindible para uno sentirse seguro y a salvo. Todos los que hemos crecido con esas figuras presentes en nuestras vidas, sabemos, con certeza, que ellos son la parte más hermosa y fundamental de nosotros y de nuestra niñez.

La familia que cuenta con el apoyo de abuelos hábiles, aptos y dispuestos para cuidar a sus nietos es afortunada. Aunque es común, sobre todo en las poblaciones latinas, que los abuelos tengan un rol presente en la crianza de los nietos, desde que papá y mamá dedican muchas horas de sus días al trabajo, y otras obligaciones, estos han cobrado una función mucho más activa.

Los abuelos y las abuelas que se involucran en la crianza de sus nietos, proveen una estabilidad y seguridad en la rutina de estos, del mismo modo para los padres, que saben que sus hijos están bien atendidos.

Los abuelos son una extensión de los padres; generan ese sentido de estabilidad mental y emocional. Nutren esas nuevas generaciones para que crezcan con valores y con una sana memoria histórica, desarrollen fortalezas y aprendan de las experiencias de sus abuelos, de una forma positiva. Ya han pasado por distintas etapas de vida y tienden a poder conectar con sus nietos a otros ritmos, a escuchar más. Es ese otro hogar donde pueden sentirse seguros y amados”, explicó la licenciada Jayleen Górritz, psicóloga y consejera psicológica.

No solo se benefician los nietos, porque los abuelos cubren esa parte de familia en la rutina diaria del menor, sino que, además, es provechoso para el adulto mayor. Lo mantiene activo, física y mentalmente, y ayuda en su autoestima, puesto que se siente necesario. Es una etapa en la que desarrolla disfrute del propósito y entiende que puede aportar en las nuevas generaciones, en ese legado que está dejando.

“Estoy muy agradecido de tener salud para estar con él todo el tiempo. Eso me da también a mí la oportunidad de crecer como ser humano, como abuelo, al lado de él. Yo sigo aprendiendo, porque él se sigue desarrollando. Vamos aprendiendo los dos a la misma vez”, contó Víctor M. Salgado, de 74 años y abuelo de un adolescente.

Ha estado activamente a cargo de la rutina diaria de su nieto desde bebé, colaborando con ambos padres de este, quienes trabajan fuera. Según cuenta, ha disfrutado cada edad y etapa de su nieto. “Lo importante es él, en estos momentos. Puedo ir a mi casa tranquilo de que ya hice mi parte para que él estuviera bien”, comentó Salgado. “Él me ayuda a mantener ese balance de paz y tranquilidad, que, a veces, no puedo tener por la rutina. Es una relación que me ayuda, sostiene y balancea”, añadió su nieto, Diego.

Aunque la responsabilidad de la crianza de un menor nunca es una obligación de los abuelos, sino de los padres de este, muchos abuelitos se sienten tan comprometidos con su familia que, en efecto, piensan que es un deber por cumplir.

“Lo único que nos vamos a llevar son los recuerdos. Se los va a llevar él y me los voy a llevar yo. Este es el momento. Lo que yo no haga ahora, no va a regresar. Yo estoy muy contento con la ayuda que doy. Cuando termino el día, me siento realizado de que lo pude ayudar”, concluyó Salgado.

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