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Las personas están viviendo más tiempo, pero esto no significa que cuenten con calidad de vida, como acceso a servicios de salud y tener sus necesidades cubiertas. Por lo tanto, entender los cambios demográficos actuales es crucial para que las sociedades estén preparadas para atender una población cada vez más envejecida.

En respuesta a estas transformaciones poblacionales, la Asamblea General de las Naciones Unidas declaró el período de 2020 al 2030 como la Década del Envejecimiento Saludable. Esta iniciativa es la principal estrategia para lograr y apoyar acciones destinadas a construir sociedades para todas las edades.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), “el envejecimiento saludable es el proceso de fomentar y mantener la capacidad funcional que permite el bienestar en la vejez. La capacidad funcional consiste en tener los atributos que permiten a todas las personas ser y hacer lo que para ellas es importante”.

Asimismo, la OMS informó que se necesitan urgentemente acciones mundiales concertadas sobre el envejecimiento saludable. En el mundo hay ya más de mil millones de personas que tienen 60 años o más, la mayoría de ellas en países de ingresos bajos y medianos. Muchas de esas personas no tienen acceso a los recursos básicos necesarios para una vida plena y digna.

Las cuatro áreas de acción de la década

Para alcanzar un envejecimiento saludable en las poblaciones a nivel mundial, hay que implementar cuatro áreas de acción.

La primera es cambiar la forma en la que pensamos, sentimos y actuamos hacia la edad y el envejecimiento. Obviamente, hay mucho discrimen, soledad y aislamiento que viene con las etapas más avanzadas del envejecimiento. También, hay una creencia de que el envejeciente ya no puede aportar socialmente. Tenemos que cambiar esa visión porque aunque sí hay unas cuestiones tecnológicas que no manejan tan bien, hay una experiencia y una práctica de solución de problemas, que pueden aportar a distintas ramas y distintas áreas de la comunidad”, expresó Francisco Javier Parga, director de la División de Promoción de la Salud del Departamento de Educación adscrito al Departamento de Salud, que está siendo parte de este esfuerzo mundial.

La segunda consiste en asegurar que las comunidades aumenten las capacidades de las personas mayores. Es decir, este eje busca que los entornos físicos, sociales y económicos, tanto rurales como urbanos, sean amigables con la edad.

“Tenemos que asegurarnos de que socialmente permitamos —y debemos dar— la oportunidad de que las personas puedan aportar al crecimiento social y al desarrollo de nuestras comunidades”, explicó Parga.

Mientras que la tercera área de acción está enfocada en ofrecer atención integrada centrada en la persona y en servicios de salud primaria que respondan a los adultos mayores.

“Las necesidades de las personas mayores no son las mismas, en términos de cuidado médico primario. El médico no solo debe identificar que tiene una condición de salud, también puede identificar si el paciente tiene una necesidad de apoyo en el hogar. Entonces, si tenemos una visión integrada, ahí mismo referimos a servicios en el hogar o de otro tipo de apoyo. Eso es parte de esa integración centrada en la persona que debe estar en los distintos niveles de los servicios gubernamentales y privados”, mencionó Parga.

La integración de los sectores sanitario y social en un enfoque centrado en las personas es clave para alcanzar una mejor atención a los adultos mayores, expone la Organización Panamericana de la Salud (OPS), en su página de internet.

El último eje de acción está dirigido a brindar acceso a la atención a largo plazo a las personas mayores que lo necesitan.

“Acceso es, probablemente, la prioridad mayor de todo servicio de salud. Pero, no solo es tener una parada de guaguas cercana o una rampa. El acceso incluye: costo, cubiertas en los planes de salud y promoción del servicio para que la gente sepa y pueda llegar. Acceso incluye entender que uno necesita ese servicio. En mi casa se puede parar una guagua de planes médicos, pero si yo me siento muy bien y no tengo una visión de que debo ir al médico para prevenir condiciones, no voy a tener acceso al servicio”, sostuvo Parga.

Según la OPS, el acceso a los cuidados a largo plazo de calidad es esencial para mantener la capacidad funcional, disfrutar de los derechos humanos básicos y vivir con dignidad. También, es fundamental apoyar a los cuidadores, para que puedan brindar la atención adecuada y también cuidar su propia salud.

Cómo esta propuesta impactará a Puerto Rico

De acuerdo con datos publicados en 2019 por el Negociado del Censo de los Estados Unidos, 36 de los 78 municipios de Puerto Rico tienen un 50% o más de su población en situación de pobreza. Una parte importante de este grupo lo conforman los adultos mayores.

La mayor fuente de ingreso para la población de 65 años o más es el Seguro Social. El ingreso mensual promedio de Seguro Social es de $730.98. Estos datos del Perfil Demográfico de la Población de 60 Años o Más en Puerto Rico indican que gran parte de la población de edad avanzada no tiene suficientes recursos económicos para satisfacer sus necesidades básicas.

“Puerto Rico, igual que otros países del mundo, ha desarrollado una visión de lo que es una persona envejecida y esa visión, en algunos sectores o en algunas personas, podría ser muy apropiada: reconociendo y respetando las capacidades y las necesidades de las personas adultas mayores. Pero, igual que en muchas otras sociedades, eso no ocurre así en todos los niveles ni para todo el mundo”, determinó Parga.

Parga aseguró que el Departamento de Salud tiene un reto grande en estos diez años para promover una imagen del adulto mayor que reconozca sus capacidades y necesidades.

“Que reconozca, no solo el elemento de la edad, sino que reconozca el criterio de funcionalidad. Tú puedes tener una persona de 30 años que por un accidente tiene necesidades grandes y puedes tener una persona de 65 años que es activa y puede aportar de muchas maneras al crecimiento de la sociedad. Así que esta parte de ver la funcionalidad y reconocer las capacidades es una de las prioridades y retos que quisiéramos ver”, añadió.

De igual forma, destacó que esperan añadir el elemento de integración de servicios.

“Tenemos un reto de ver cómo integramos y coordinamos la producción de servicios para que los proveedores entiendan cómo pueden referir a otros servicios que no son los de ellos”, señaló Parga.

Lecciones para envejecer saludable

La primera enseñanza para envejecer saludablemente es entender que el envejecimiento es un proceso de vida.

“Eso quiere decir que empezamos a envejecer desde que nacemos. Cuando hablamos de envejecimiento, enseguida pensamos en viejos, pero no pensamos que la vejez es una etapa, la adultez es otra etapa, la adolescencia es otra etapa y la niñez es otra. Entonces, en cada etapa tenemos retos de salud”, abundó Parga.

Por consiguiente, para envejecer de forma saludable hay que contemplar que el envejecimiento ocurre a lo largo de toda la vida.

“El que yo, a mis 20 años, haga ejercicio, pero a mis 30 no los siga haciendo, tiene repercusiones. El que yo entienda que la buena alimentación no es algo que deba hacer a los 50 o 60 años... la buena alimentación es algo que viene de toda la vida. Así que ese envejecimiento saludable tiene que darse a través de todo el transcurso de la vida, tomando conciencia de las necesidades del momento y de lo que llenar esas necesidades me va a proveer de positivo más adelante en mi vida”, reconoció Parga.

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