Aprende algunos trucos para que tu hijo pase esta cuarentena en tu casa tomando clases. (Shutterstock)

Josemaría, de 7 años, es de Lima, Perú, pero vive en Bogotá con sus papás desde 2017. Desde ayer él, como otros miles de niños en el país, está en su casa, a la espera de que arranquen las clases virtuales como medida de prevención en medio de la contingencia nacional por el coronavirus (covid-19).

La idea es que los colegios y las universidades se virtualicen y las clases continúen sin contratiempos, pero llevar a cabo esta transformación es más complejo de lo que podría pensarse.

Así mismo, expertos en ciberseguridad e infancia temen que la solución de algunos sea dejar a los menores a su suerte con una conexión a internet sin restricciones.

Josemaría tiene la fortuna de que su padre es un experto en educación en línea (e-learning). Aunque no esperaban el anuncio, tan pronto se conoció por boca del Presidente Duque que los colegios públicos debían suspender clases temporalmente, Jorge Vela tenía un plan: ahora usa una aplicación en línea para evitar que Josemaría pierda su rutina de estudio.

La aplicación es Smartick, por ahora usa la versión gratuita, que permite habilitar dos perfiles (estudiante y padre) y que a través de "ejercicios que lo hacen razonar a su nivel, luego recibo un informe muy interesante que incluye efectividad, velocidad de respuesta y áreas de oportunidad de mejora. Por ahora usamos la versión gratuita, creo que va a tocar pagar pronto", le cuenta a EL TIEMPO.

Otra menor que está en una situación similar es Lola, de 9 años, que vive en Brasil con sus padres, pero tuvo la iniciativa de buscar, en medio del aislamiento voluntario, que no se pierda la interacción con sus compañeros.

Tienen un grupo de chat con su padre, Martín Restrepo, y otros padres del curso de la menor, para facilitar que los niños estén en contacto y este martes tuvieron su primera sesión.

Los menores hablaron de un cronograma de temas en los que cada uno compartirá algún saber por día (cocinar, dibujar, entre otros).

Mañana tendrán una clase de esgrima por videollamada. Lola les enseñará sobre cine y estrenará una miniserie, editada por ella misma, de dos videos.

Según Martín Restrepo, este es un momento para que los padres generen ambientes adecuados en la casa para que los niños se mantengan activos y usen su creatividad.

"Tenemos que darles soporte y seguridad psicológica como padres para que tengan una buena cuarentena, hay muchos otros grupos con ideas de actividades para hacer con niños, es importante mantenerse animados, activos, comer bien.", señala.

Otro ejemplo de estrategias para adaptarse a estudiar en casa lo da Karen Acosta, una madre que lleva 7 años teletrabajando, pero que cree que el reto "es hacer que los niños sientan que es en serio y que no es un día de fin de semana".

La noticia de la suspensión de clases se la dio el colegio a las 10 de la noche del domingo. La ventaja es que la institución trabaja por proyectos y "todo lo que ven los niños en el año lo tienen en su plataforma web, lo que hicimos fue aprovechar el tiempo y bajar los temarios para aplicarlos en casa".

En su caso, Acosta coordinó una rutina. A las 6:30 a.m. se despiertan, a las 7:00 a.m. desayunan y a las 7:30 a.m. arranca la "jornada #HomeSchooling".

Hasta las 10 a.m. abordan materias como lenguaje y escritura y luego hasta medio día se dedican a aprender programación. De 12:00 a 2:00 p.m. hay almuerzo y descanso. En las tardes, también hay actividades de música e inglés, a través de videos y plataformas virtuales.

Pero los hijos de Acosta, así como Lola y Josemaría, tienen en común la fortuna de que sus padres hacen teletrabajo ¿Qué pasa con esos padres que se ven obligados a salir al trabajo y dejan a sus pequeños estudiando con internet en la casa?

"Estudiando solita"

Alejandra tiene 8 años y está en tercero de primaria. Desde este año se queda sola en casa en las tardes mientras su mamá regresa del trabajo. Es una medida que desde este lunes se convirtió en el día completo, según los permisos que logre conseguir su madre, que trabaja como contratista.

Myriam Cabello*, su madre, asegura que la situación es problemática. Aunque tiene facilidades para pedir permisos y negociar horarios de trabajo, no siempre tiene tiempo para acompañar el proceso de aprendizaje y tareas de la menor.

Además, tiene un solo computador -con el que trabaja-, por lo que si hay algo que la niña necesite buscar, que no esté en la enciclopedia o diccionarios de la casa, tiene que recurrir a un celular.

Cabello reconoce que a esa edad la mayoría de niños no tiene teléfono propio. Explica que es una medida para poder tener un monitoreo virtual de la menor cuando está sola. Con llamadas y videollamadas trata de estar presente, pendiente y apoyar a su hija.

Ese teléfono está adaptado para Alejandra. Tiene Google Family Hub, una aplicación de control parental de Google, para bloquear la descarga de aplicaciones que no sean adecuadas.

Solo tiene acceso a YouTube Kids, a las aplicaciones de educación virtual de su colegio, algunos juegos y a WhatsApp, donde solo habla con su familia. También tiene acceso al historial y un control de tiempo: máximo 2 horas seguidas.

Pero Cabello plantea que hay un gran reto con los niños de primaria. Mientras que los padres pueden no tener tanto tiempo para acompañarlos, sus cuidadores suelen ser personas mayores, abuelos y abuelas, que no dominan la tecnología. Inevitablemente, termina coordinando deberes con la niña entre las 6 y las 9 de la noche.

"Los más pequeños se están atrasando en la parte académica. Los colegios no ha contemplado lo que pasa con los niños de primaria, pues en bachillerato ya son mas independientes".

A pesar de las videollamadas, que son un pequeño tiempo en medio de una apretada agenda laboral, Alejandra no disfruta la versión del home-schoolling. "Está nerviosa. Es complejo en la parte afectiva pues disfruta compartir con sus compañeros. No lo ha tomado muy bien", comenta la madre.

A ello se le une el miedo, que le aumenta al ver los noticieros o la información que le llega sobre el virus.

Más seguros en línea

Para Francisco Robayo, jefe de ingeniería en Latinoamérica para la firma de ciberseguridad Check Point, ese, el de las cadenas de información falsa es uno de los principales riesgos. En su concepto, los menores y los adolescentes son los más vulnerables en internet.

"El acceso a la información es muy amplio y los chicos pueden buscar, por ejemplo, información falsa sobre el coronavirus, y terminar siguiendo consejos nocivos", indica.

Pero además, dejar a un menor con una conexión wi-fi abierta y a libre demanda es como dejarlo en una vía en plena calle, hay riesgos y todo tipo de actores en internet.

Desde el ciberacoso entre pares hasta estrategias de engaño en las que adultos se hacen pasar por menores para ganarse la confianza del menor y resultan en producción de material de explotación sexual infantil o hasta en secuestro para trata.

A ello se le unen otros riesgos temporales como los retos de moda, en los que distintos actores convencen al niño ganar aprobación o 'likes' de hacer algo que pueda atentar contra ellos mismos.

Desde hace más de 15 años, por ejemplo, existen retos en internet como el cinnamon challenge que busca que el menor trague canela en polvo sin agua, lo que puede generar asfixia, o incluso promete cambiar el color de los ojos a un rojo intenso vampiro si se aplican gotas de tabasco.

Pero más allá de las redes sociales, donde la mayoría de actores podría intentar contactar a los menores, el internet libre, incluso en cosas como el buscador, puede llevar a los niños a información falsa a contenido pornográfico, a páginas de drogas y a mucha información que no tiene restricción en internet.

Es por eso que los expertos recomiendan el uso moderado, controlado y sobre todo el aprendizaje familiar.

Según expertos, desde la psicología el cambio de lo presencial a lo virtual puede generar sensaciones como la ansiedad.

En opinión de David Bonilla, psicólogo experto en conductas adictivas, esta coyuntura nos lleva a "una actividad colaborativa entre colegio y familia para retroalimentar el trabajo del niño y sus actividades en tiempo prudente".

Según el experto, docente de la Universidad El Bosque, si existen retrasos en esa retroalimentación puede afectarse y disminuirse la motivación.

"Es posible que el cambio les genere un estrés, algo que es natural, porque se trata de una adaptación en los niños, es una nueva forma de asumir su rol académico, y en medio de una situación que ellos no preveían", explica el académico.

Según Bonilla, los padres deben procurar organizar los lugares en los que los niños van a estudiar para regular las emociones: "los niveles de atención y concentración pueden variar si tienes el televisor, el equipo, sus hermanitos...".

Así mismo, es importante "evaluar el tema del relacionamiento, que puedan seguir conversando con sus compañeros". Su propuesta es hacer un trabajo en red con los padres y darles posibilidades para que el impacto no sea mayor al momento de regresar al colegio.

De la preocupación a la acción

¿Qué puede hacer? existen medidas para mitigar los riesgos, soluciones tecnológicas y consejos de otros padres y de expertos que pueden hacer de esta experiencia forzosa por precauciones de cuidado un aprendizaje familiar muy completo.

En primer lugar, explica Robayo, el cuidado empieza por el diálogo. Tanto padres como niños deben conocer que existen amenazas en internet y que es una herramienta que depende de su uso.

La idea es que los menores entiendan que esa herramienta les abre puertas al conocimiento, pero que hay que tener precauciones como no hablar con desconocidos, ni entregar sus datos personales o rutinas familiares.

Así mismo, cree que como medida posterior al uso de internet, los padres deben revisar el historial de navegación para entender qué estuvo mirando el menor y promover el diálogo de confianza cuando detectan que consulta un sitio en particular que pueda no ser adecuado a su edad.

Para ayudar en ese proceso, existen medidas tecnológicas de gran variedad para establecer límites a la conexión. Desde la aplicación gratuita de control parental de Google hasta el servicio de pago de proveedores como Kaspersky, Eset o Norton Antivirus. Lo importante es revisar permisos de acceso, tipos de uso y tiempos.

El experto en ciberseguridad Robayo asegura que también hay una posibilidad incluso a nivel de hardware de red. Existen configuraciones en los enrutadores que permiten, a nivel de wi-fi, bloquear el acceso a sitios con contenido sexual, violento, entre otros.

Según el psicólogo Bonilla, bajo la circunstancia es importante explicar de forma clara qué es el virus, cómo opera y cómo se transmite para que ellos.

"Hay que hacerles entender que es una medida temporal y de contingencia frente a lo que está pasando. Esto no les va a cambiar permanentemente su vida. Si se resuelve pronto, llegarán de nuevo al colegio", señala.

También recomienda que establecer horarios y rutinas de actividades "Cuando están en la casa, seguramente la percepción es que no es tan importante lo que están haciendo porque están de descanso".

La falta de rutinas está entre los errores más comunes que se presentan a la hora de estudiar en casa. Así mismo, la falta de supervisión, la falta de realimentación y seguimiento al trabajo.

Se recomienda "que el niño tenga una expectativa clara frente a su rendimiento escolar para mitigar la incertidumbre y la ansiedad que pueden presentarse".

No se descartan tampoco los beneficios, pues la autonomía frente a la realización de actividades, si tiene alguna supervisión y el acompañamiento, aumenta. Para evitar que la tecnología se convierta en un distractor, las reglas, el diálogo y la negociación son claves.

Otro llamado importante es que los padres y cuidadores deben asumir el reto tecnológico y capacitarse para comprender los procesos de educación virtual y apoyarlos, pero también para entender cómo cuidarlos mejor.

"No podemos bloquear completamente el uso de las redes y de las tecnologias y las pantallas a los niños. La pantalla en sí no es el problema sino el uso. Hay que desarrollar competencias tecnológicas frente a esta realidad", puntualiza Bonilla.

Y agrega que "muchos papás han excusado el uso de no pantallas con sus hijos por su propia incapacidad para el manejo y control de las mismas. Esto es un tema de doble sentido el papá debe aprender competencias digitales para apoyar al hijo en la transición. Es un aprendizaje familiar".


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