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Una pareja se besa en el puente Pont des Arts, en París, Francia. (EFE/Yoan Valat)
Una pareja se besa en el puente Pont des Arts, en París, Francia. (EFE/Yoan Valat)
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París es un clásico que jamás pasará de moda, una ciudad con una luz única, que destila sofisticación y romanticismo, mucho romanticismo. Su monumento más emblemático es la Torre Eiffel, desde cuya cima se pueden contemplar unas impresionantes vistas. 

A 905 pies de altitud y en el corazón de París, el viajero puede disfrutar del paisaje y deleitarse en un lugar  que ha sido testigo de innumerables promesas de amor.

Otra de las paradas imprescindibles de París es el Museo del Louvre, que alberga grandes obras de arte como “La libertad guiando al pueblo”,  de Eugène Delacroix; “La balsa de la Medusa”, de Théodore Géricault; o la archiconocida “Gioconda”, de Leonardo da Vinci. 

Pero visitar el Louvre en San Valentín es una oportunidad única para admirar con más detenimiento otras piezas que reflejan exotismo y sensualidad, como “El baño turco” de Dominique Ingres o las maravillosas esculturas de Cupido y Psique realizadas por el italiano Antonio Canova.

Un grupo de turistas fotografían el Museo del Louvre en París. (EFE/ Juana Benet)
Un grupo de turistas fotografían el Museo del Louvre en París. (EFE/ Juana Benet)

Más allá del arte, ningún viajero debería marcharse de París sin dar un paseo por los Campos Elíseos, hacer algunas compras en las tiendas y galerías parisinas o degustar la exquisita gastronomía francesa. 

Al caer la noche, llega el momento de asistir a alguno de los muchos espectáculos que nos brinda la capital de Francia. Entre ellos destaca el Moulin Rouge, uno de los cabarets más famosos del mundo.

Una pareja de turistas realiza un romántico paseo a bordo de la típica góndola en Venecia. (EFE/nr)
Una pareja de turistas realiza un romántico paseo a bordo de la típica góndola en Venecia. (EFE/nr)

Venecia, góndolas y suspiros

Si la idea es dar un romántico paseo sobre las aguas, la ciudad italiana de Venecia es un lugar inigualable. 

Posee múltiples medios de transporte acuáticos, pero cuando se trata de disfrutar de los hermosos canales venecianos en pareja, ninguno supera a la histórica góndola. Según la tradición, si dos amantes se besan al atardecer en una góndola bajo el Puente de los Suspiros, mientras suenan las campanas de San Marcos, vivirán un amor eterno. 

Son muchas las parejas que lo prueban, aunque sea sólo por si acaso. Sin embargo, los suspiros que dan nombre a este lugar poco tienen que ver con historias de enamorados.  El tan fotografiado puente une el Palacio Ducal (donde, entre otras cosas, se celebraban juicios) con la prisión. 

Bonito paisaje veneciano desde una góndola. (Miguel D. Segura)
Bonito paisaje veneciano desde una góndola. (Miguel D. Segura)

Desde el interior del puente los condenados echaban un último vistazo al exterior, hacia la libertad que habían perdido y por la que suspiraban. Muy cerca de este mítico puente se halla la Plaza de San Marcos, el verdadero corazón de la ciudad. De ella, Napoleón llegó a decir que era “el salón más bello de Europa”. 

Una de las representaciones teatrales en la calle durante la celebración medieval de "Las Bodas de Isabel" . (EFE/Antonio García)
Una de las representaciones teatrales en la calle durante la celebración medieval de "Las Bodas de Isabel" . (EFE/Antonio García)

Su edificio más emblemático es la Catedral de San Marcos, una verdadera joya del arte bizantino. A su lado se alza el Palacio Ducal y, a escasos metros, el Campanile, una torre que sirve de campanario y desde la que se puede disfrutar de unas impresionantes vistas de Venecia. Cuando cae la noche, asistir a una ópera en La Fenice o cenar en un restaurante con vistas a los canales es una fantástica manera de cerrar una jornada redonda en la ciudad italiana.

Los amantes de Teruel

El siguiente destino no está entre los pesos pesados de los circuitos turísticos. Teruel es una ciudad pequeña y acogedora, situada al noreste de España, que se ha ganado su puesto en el listado de lugares románticos gracias a una trágica historia.

Cuenta la leyenda que en el siglo XIII, Juan Diego Martínez de Marcilla e Isabel de Segura pretendían casarse. Ella era una rica heredera y él era segundo hijo de una familia, por lo que apenas contaba con herencia. Por este motivo, don Pedro, el padre de Isabel, se opuso a la boda. Entonces, Diego pacta con la familia de la novia un plazo de cinco años para hacer fortuna.

El caballero parte a la guerra con el propósito de obtener riquezas suficientes para poder casarse con Isabel. Pasan los meses y luego los años sin ninguna noticia de él. Cuando está a punto de expirar el plazo, todos creen que ha muerto y don Pedro organiza el matrimonio de Isabel con otro hombre. Ella acepta, pues piensa que su amado ya no vive.

El escritor Javier Sierra en el mausoleo de los amantes de Teruel. (EFE/Antonio Garcia)
El escritor Javier Sierra en el mausoleo de los amantes de Teruel. (EFE/Antonio Garcia)

El día en el que se celebra la boda, Diego regresa a Teruel, pero es demasiado tarde. Cuando entra en la ciudad le dan la noticia del casamiento de Isabel. Esa misma noche, desolado, escala la casa de los recién casados y entra en los aposentos de la novia. Cuando está ante ella, le pide un beso pero Isabel se niega, pues ya es una mujer casada. Ante el dolor que esto le produce, Diego cae muerto. 

Al día siguiente, en el funeral, Isabel se acerca al difunto y le da el beso que le había negado en vida. En ese momento, también ella cae muerta sobre el cadáver de su amado. Los amantes de Teruel descansan juntos en un mausoleo adosado a la Iglesia de San Pedro, donde cada año acuden cientos de visitantes para rendirles homenaje. 

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Además, este templo donde reposan es un magnífico ejemplo de arte mudéjar. Este estilo arquitectónico es una mezcla del románico y el gótico, propios de occidente, con elementos decorativos de la arquitectura musulmana. Sólo existe en la Península Ibérica, que es donde convivieron durante siglos las dos culturas. Además, la ciudad de Teruel es uno de los ejemplos más representativos del arte mudéjar.

Para disfrutar de esta pequeña urbe en todo su esplendor, es recomendable visitarla entre los días 20 y 23 de febrero, que es cuando se conmemoran las bodas de Isabel de Segura. Se representa este evento, montan en sus calles un mercado medieval, además de exhibiciones de danza, conciertos y otras muchas actividades.

Recién casados posan con un cerezo en flor en Kioto, Japón.  (EFE/EPA/EVERETT KENNEDY BROWN)
Recién casados posan con un cerezo en flor en Kioto, Japón. (EFE/EPA/EVERETT KENNEDY BROWN)

Kioto, tradición japonesa

Por último, cambiamos de continente para descubrir la romántica Kioto, la ciudad ideal para sumergirse en la cultura japonesa. Muestra de ello es el barrio de Gion, con sus casitas tradicionales, muchas de ellas hoy convertidas en restaurantes, tiendas de artesanía o casas de té. Además, paseando por sus calles es habitual toparse con alguna geisha.

No muy lejos de Gion se encuentra el Palacio Imperial, pues Kioto fue la capital de Japón por más de mil años. Kioto es un destino muy especial para hacer un viaje en pareja debido a su ancestral cultura, su espiritualidad, su espléndida gastronomía y sus bellos rincones. 

Turistas caminan entre las miles de columnas naranjas del templo de Fushimi Inari en Kioto, Japón. (EFE/Everett Kennedy Brown)
Turistas caminan entre las miles de columnas naranjas del templo de Fushimi Inari en Kioto, Japón. (EFE/Everett Kennedy Brown)

Conserva un gran número de templos y edificios históricos pues estos no fueron destruidos por los bombardeos de la II Guerra Mundial, contrario a lo que ocurrió en otras ciudades japonesas. Sin embargo, Kioto estuvo en la lista de objetivos a los que lanzar la bomba atómica, pero se libró de tan funesto destino debido al empeño del secretario de Guerra de Estados Unidos. Henry Stimson convenció al presidente Truman de la necesidad de retirar a Kioto de la lista de objetivos alegando razones políticas y estratégicas. 

No obstante, parece que Stimson también tenía motivaciones de carácter más personal para procurar la salvación de Kioto pues, según afirman varios historiadores, pasó allí su luna de miel y era un enamorado de la cultura japonesa.

Vista de la puerta del Santuario de Fushimi Inari, en Kioto, Japón. (EFE/EPA/EVERETT KENNEDY BROWN)
Vista de la puerta del Santuario de Fushimi Inari, en Kioto, Japón. (EFE/EPA/EVERETT KENNEDY BROWN)