El coquí caoba tiene un tamaño mediano y se encuentra en el bosque enano de El Yunque. (Suministrada)

Cuatro especies de coquí endémicas o únicas de Puerto Rico están en riesgo de desaparecer por la destrucción de hábitat, el cambio climático y la invasión de un hongo, advirtió el biólogo Rafael Joglar.

Dichas especies son los coquíes caoba, martillito, de la montaña y grillo. Según Joglar, los cuatro están “en serios problemas de supervivencia y son buenos candidatos para que desparezcan, y si se extinguen en Puerto Rico, los perdemos para siempre”.

Si el pronóstico se cumple, se unirían a otras tres especies ya extintas: palmeado (1976), dorado (1981) y de Eneida (1990). Por lo tanto, el total de especies de coquí endémicas de Puerto Rico seguiría bajando, de 14 a 10. Previo a la extinción de los coquíes palmeado, dorado y de Eneida, eran 17.

Igualmente, su extinción supondría la pérdida adicional de importantes funciones o servicios que proveen los coquíes: ecológicos (aportan al control biológico al cazar insectos), ambientales (son bioindicadores o informantes de la salud de los sitios donde viven), económicos (atraen turistas) y culturales (forman el patrimonio isleño).

Foto del coqui martillito, que se puede encontrar en El Yunque y el bosque Carite.

¿Es fácil ser un coquí? No. Tienen muchos enemigos naturales y amenazas, como depredadores, especies introducidas, destrucción de hábitat –ya vemos la destrucción de árboles en todos los parques nacionales–, cambio climático y un hongo que los enferma”, dijo Joglar durante el webinar “Sobre coquíes y cambio climático en la Isla del Encanto” celebrado recientemente.

De los cuatro en riesgo de desaparición, el coquí grillo es el más amenazado por la destrucción de hábitat. Este coquí –”única especie verdosa en Puerto Rico”– vive en las altas elevaciones y, de acuerdo con Joglar, “las montañas están siendo deforestadas para la ubicación de antenas de celulares (telecomunicaciones)”.

El Proyecto Coquí, organización conservacionista sin fines de lucro cofundada y dirigida por Joglar, tiene 31 años de datos del coquí grillo –y otras especies–, período en el que se ha documentado una disminución de 15% en su población. “Hemos estudiado esta y otras especies con mucho cuidado, dedicación y disciplina”, acotó el profesor e investigador del Departamento de Biología de la Universidad de Puerto Rico Recinto de Río Piedras.

Sobre el cambio climático –”un tema que no se está discutiendo seriamente en Puerto Rico”–, los principales impactos a los coquíes provienen del aumento en temperaturas y la modificación en los patrones de lluvia. “Para los coquíes, ambas cosas son terribles porque dependen del agua para sobrevivir. Son muy delicados”, dijo.

En esa línea, indicó que “no es coincidencia” que, durante la década de 1970, principios de la década de 1980 y comienzos y mediados de la década de 1990, hubo períodos con menos lluvia de lo normal o “años secos”, y simultáneamente se extinguieron los coquíes palmeado, dorado y de Eneida.

Foto del coquí de la montaña, que se puede apreciar en el bosque de Maricao y en la Sierra de Luquillo.

En cuanto al hongo Batrachochytrium dendrobatidis (Bd), Joglar lo describió como “mortal”, y resaltó que es una de las 100 especies invasoras más dañinas en el mundo. Fue descubierto en 1998 y, hasta ahora, 15 de las 19 especies de anfibios en Puerto Rico han dado positivo a su presencia.

“Es un patógeno que enferma a los animales y puede matarlos. Los coquíes se vuelven más lentos y mueren con las patas estiradas. Pierden su apetito y también su coloración cuando están infectados. Empiezan a mudar la piel aceleradamente. ¿Cómo los mata? El hongo libera unas toxinas que causan muchos problemas, entre ellos, un desbalance de electrolitos”, explicó.

En 2008, Joglar y su equipo documentaron la presencia del Bd exclusivamente en “la montaña alta”. Sin embargo, desde entonces ya se ha encontrado en “la montaña baja”, pero no en la costa. “Se cree que entró por (el Bosque Nacional) El Yunque y se ha ido moviendo. Es más mortal y peligroso en época de sequía, porque hay menos agua y los coquíes se agrupan, por lo que se pueden infectar más fácilmente”, señaló.

A menor escala, los coquíes se ven afectados por depredadores, entre estos, nueve especies de invertebrados, cuatro anfibios, nueve reptiles, 17 aves y tres mamíferos. “Y esos son números subestimados, porque debe haber unas 60 especies de animales que comen coquíes”, dijo Joglar. También, hay depredadores de los huevos de los coquíes, entre estos, 11 especies de invertebrados, tres anfibios y dos reptiles.

“¿Qué se puede hacer para ayudar a la especie? Investigación científica, protección de hábitat y educación ambiental. Además, sembrar, reciclar y compostar, eliminar los combustibles fósiles y la contaminación, y mitigar el cambio climático”, puntualizó Joglar, quien es autor de múltiples publicaciones, entre estas, “Los coquíes de Puerto Rico: Su historia natural y conservación” (1998) y “Potential causes for amphibian declines in Puerto Rico” (2004).

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