Aunque la restauración de los islotes ha estado entre los objetivos del Plan de Desarrollo Integral de la Península de Cantera por años, la Compañía no ha logrado conseguir el financiamiento necesario.
Aunque la restauración de los islotes ha estado entre los objetivos del Plan de Desarrollo Integral de la Península de Cantera por años, la Compañía no ha logrado conseguir el financiamiento necesario. (Ramon "Tonito" Zayas)

Con una rica historia y una importante variedad de fauna y flora en el corazón del área metropolitana, los islotes Guachinanga y Guachinanguita, ubicados a pasos de la Península de Cantera en la laguna San José, urgen de una restauración ecológica que les permita recuperar las condiciones que hicieron de ellos un eje de actividad económica y baluarte natural.

Años de pobre conservación y el abandono de iniciativas que giraban alrededor de su riqueza han relegado a los islotes a un deterioro que data de, al menos, dos décadas. Ya en 2013, oficiales de la Compañía para el Desarrollo Integral de la Península de Cantera y del Programa del Estuario de la Bahía de San Juan reconocían que, por cerca de 10 años, montañas de basura arrastradas por las corrientes de la laguna se habían acumulado alrededor de Guachinanga, el islote más grande y cercano a la comunidad de Cantera.

“Como no fue un lugar, por su naturaleza rocosa, que estuvo sujeto a la agricultura, por ejemplo, no desaparecieron, muchas de esas especies originales están ahí. (Guachinanga), desde el punto de vista de su historia natural, es como una cápsula del tiempo que nos queda en la zona metropolitana, que ha sido tan alterada a través de los años”, explicó el científico ambiental Fernando Silva Caraballo, quien entre 2009 y mediados de la década pasada lideró un estudio histórico y medioambiental del litoral de la Península de Cantera, que incluyó un inventario de la flora y fauna de ambos islotes.

Guachinanga, por ejemplo, es hogar del ortegón, un árbol endémico de Puerto Rico con poblaciones en zonas de la región este, pero que al presente no se encuentra en ningún otro lugar del área metropolitana. Guachinanguita, en tanto, ha servido como espacio para el anidamiento de aves, tales como varias especies de garzas.

“Las colonias de garza blanca a veces comparten las áreas con la garza ganadera. Esas especies no utilizan cualquier sitio para establecer colonias de anidaje, sino lugares que estén protegidos que sean de difícil acceso para las personas y para los gatos, perros, mangostas. Y eso, por las características particulares de Guachinanguita, que está más retirado de la orilla, lo han preferido para poderse establecer, por la seguridad del lugar”, subrayó Silva Caraballo.

El científico apuntó igualmente que, al menos hasta la década de 1950, hubo personas que vivieron en Guachinanga, mogote cársico que, por sus características naturales, también sirvió para ocultar de las autoridades ciertas actividades ilícitas.

“La Policía no tenía manera, a menos que hicieran vigilancias por agua, de entrar al islote a ver si había actividades ilícitas ocurriendo allí, y las hubo. Precisamente por convertirse en un lugar inaccesible, fue un lugar donde se produjo mucho pitorro y hubo varias redadas que se llevaron a cabo para poder eliminarlo, igual que ocurrió en muchas barriadas informales en Puerto Rico. Hay certeza de que hubo una producción importante de pitorro e intervenciones de las autoridades para destruir los alambiques”, sostuvo el director del Instituto de Ciencias para la Conservación de Puerto Rico.

Impacto socioeconómico

Aunque la restauración de los islotes ha estado entre los objetivos del Plan de Desarrollo Integral de la Península de Cantera por años, la Compañía, que depende de una combinación de fondos federales, estatales, del Municipio de San Juan y donativos de entidades privadas, no ha logrado conseguir el financiamiento necesario.

En abril de 2022, la directora ejecutiva de la Compañía, Alejandra Ramos Carmenatty, sometió una propuesta por poco más de $762,000 al Bureau of Land Management, una dependencia del Departamento del Interior estadounidense, con miras a poner en marcha un proyecto que se ejecutaría en cuatro fases: un inventario de la flora y fauna de Guachinanga y Guachinanguita, limpieza y disposición de desperdicios sólidos, la remoción de especies invasoras y la siembra de material vegetal.

“Los residentes de la comunidad han identificado ese valor ecológico, esa riqueza topográfica que tiene la comunidad, así que hemos ido mirando ese proyecto de desarrollo económico desde las lagunas San José y Corozo, los islotes Guachinanga y Guachinanguita y, por supuesto, el canal del Caño (Martín Peña), que termina en las aguas de la laguna San José”, explicó Ramos Carmenatty.

Alejandra Ramos Carmenatty, directora  de la Compañía para el Desarrollo Integral de la Península de Cantera, visualiza en los islotes el desarrollo de un proyecto ecoturístico.
Alejandra Ramos Carmenatty, directora de la Compañía para el Desarrollo Integral de la Península de Cantera, visualiza en los islotes el desarrollo de un proyecto ecoturístico. (Ramon "Tonito" Zayas)

“Después de (el huracán) María, es que hemos podido ver el deterioro (de los islotes). Nosotros lo vemos como un proyecto ecoturístico que puedan disfrutar tanto la gente de la comunidad como de afuera, para poder traer desarrollo económico, que la gente de afuera pueda tener un sitio de disfrute. Nosotros, en un momento, tuvimos unas embarcaciones de parte de otro de nuestros aliados, Apoyo Empresarial, (conocido como) Expediciones Península. Eran personas residentes que llevaban (a visitantes) a los islotes en las embarcaciones”, planteó Tensey Rodríguez, vicepresidenta del Consejo Vecinal de Cantera, la entidad que, en 2033, debe asumir las funciones que actualmente ostenta la Compañía.

Carlos García, director de Programas e Iniciativas Comunitarias de Apoyo Empresarial –la subsidiaria de la Compañía encargada del desarrollo socioeconómico de Cantera–, puntualizó que la entidad vislumbra resucitar el proyecto de Expediciones Península, iniciativa liderada por la comunidad que ha estado en pausa desde el azote de María, en 2017, y que ofrecía recorridos turísticos a través de la laguna San José.

“Los recorridos tienen una característica muy particular, y es que recorremos tres municipios. Salimos desde acá en Santurce, pasamos por Carolina y luego a Loíza”, indicó García. “Hemos aprovechado para hacer unos ajustes, reparaciones a las embarcaciones y actividades en el contexto comunitario, más que abiertos al público general y nos estamos preparando para un relanzamiento de Expediciones Península. Si todo sale en orden, estaremos relanzando el programa, abierto al público en general, para este verano”.

La restauración de los islotes representaría un atractivo adicional para el programa de recorridos, toda vez que abriría la puerta a iniciativas de corte educativo y ecoturístico, a través del diseño de veredas interpretativas y la instalación de una torre de observación.

“Sería principalmente en el islote Guachinanga, porque a Guachinanguita uno no puede realmente acceder. Su importancia son las colonias de garzas, como la garza real, la blanca, la pechiblanca, los pelícanos y las tijeretas. En el caso de Guachinanga, ya hay un aprovechamiento un poco más accesible, en términos de que se puede desarrollar una vereda interpretativa, y estaríamos haciendo un recorrido de ‘hiking’, acompañados por nuestros guías intérpretes, conociendo la historia natural y cultural, que es muy rica”, puntualizó García.

La prevista torre de observación, en tanto, ofrecería una vista panorámica hacia el puente Teodoro Moscoso, la bahía de San Juan, la zona de Isla Verde y el área de Hato Rey.

Vista aérea de los islotes Guachinanga  y Guachinanguita.
Vista aérea de los islotes Guachinanga y Guachinanguita. (Ramon "Tonito" Zayas)

Ramos Carmenatty, por su parte, reconoció que, una vez lograda la restauración, el reto a más largo plazo sería contar con los recursos para asegurar la conservación ambiental de los islotes y evitar una repetición del deterioro que se observa en la actualidad. En un momento, dijo la directora ejecutiva, la Compañía y el Departamento de Recursos Naturales y Ambientales (DRNA) mantuvieron un acuerdo de comanejo de los islotes, algo que le interesa replicar.

Particularmente, Ramos Carmenatty quisiera que el DRNA adiestrara a residentes de la Península para realizar las labores de vigilancia y mantenimiento.

“Estamos ya en conversaciones nuevamente con el DRNA para retomarlo. Nos parece que es vital tanto para el proyecto de desarrollo socioeconómico como para preservar esa riqueza topográfica y ecológica que tiene la comunidad, que es rica en muchos sentidos”, dijo Ramos Carmenatty.

A la espera de respuesta

La inversión requerida para la restauración está contemplada en el Programa de Inversión a Cuatro Años (PICA) del gobierno, documento elaborado por la Junta de Planificación para delinear las obras capitales a realizarse en el periodo de 2022 a 2026. En el documento aprobado, la Junta de Planificación anotó que el proyecto de Guachinanga y Guachinanguita necesitaría una inversión de $762 millones, cantidad que Ramos Carmenatty aclaró que era un error.

La propuesta sometida al Bureau of Land Management estima que el proyecto tomaría unos dos años y ocho meses en ejecución, y expone su potencial para las comunidades de la Península de Cantera, compuesta por 17 sectores, con una población que, para 2012, se encontraba en un 73.7% bajo los niveles de pobreza. Para ese año, el censo calculaba unos 9,412 residentes, aunque Ramos Carmenatty estima que actualmente el número ronda los 7,000.

“Aspiramos a que en este trimestre podamos tener una respuesta afirmativa sobre la propuesta, pero el proyecto trabaja y ejecuta utilizando el Plan de Desarrollo Integral de la Península de Cantera, aprobado en 1995, así que tenemos otros proyectos de mejoras capitales, infraestructura y desarrollo social que aportan a este desarrollo comunitario que es nuestro deber ministerial”, subrayó Ramos Carmenatty.

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