Al centro, el presidente y fundador de Atmar, Luis Crespo, junto a los voluntarios Zenaida Burgos y Francisco Sánchez.
Al centro, el presidente y fundador de Atmar, Luis Crespo, junto a los voluntarios Zenaida Burgos y Francisco Sánchez. (WANDA LIZ VEGA)

Detener la caza ilegal de tortugas marinas, el saqueo de nidos y el hurto de sus huevos ha sido el norte de un grupo de amigos maunabeños que, desde 2001, se ha enfrascado en investigaciones sobre las poblaciones de estas especies en peligro de extinción y las alternativas para preservarlas.

Luis Crespo, Ramón Arroyo, Hilda Colón, Israel Márquez y Juan Velázquez dieron forma a la organización comunitaria Amigos de las Tortugas Marinas (Atmar) y, 22 años después, manifiestan la satisfacción de saber que sus esfuerzos han rendido frutos.

“La población de tinglar está disminuyendo drásticamente en todo el (océano) Atlántico, a son de un 4% anual, pero Maunabo se ha mantenido estable y, actualmente, somos uno de los principales lugares de anidación de tinglares en Puerto Rico”, destacó Crespo, presidente y fundador de Atmar.

En las costas de playa Larga y playa California, en Maunabo, se hallan un promedio de 250 nidos de tinglares al año, aunque otras especies, como el carey y la tortuga verde (peje blanco), han tomado como lugar de anidación este pueblo del sureste.

“Decir 250 nidos no quiere decir 250 tortugas, porque un tinglar hembra puede anidar 10 veces. Así que nosotros estimamos que aquí, la población por temporada es de unas 25 a 30, así que tendríamos como unas 60 hembras anidando aquí, que tampoco es mucho”, indicó Crespo, tras señalar que, en el primer año de operación de Atmar, registraron 157 nidos de tinglar entre las dos playas.

“Del carey, tenemos 139 nidos, que es un número buenísimo porque, de todas las tortugas marinas, es la que en peor estado está su población”, agregó.

En cuanto a la tortuga verde, Crespo mencionó que se dio “un fenómeno” cuando, en 2012, registraron en Maunabo el primer nido de esta especie. “Fue una gran sorpresa, porque donde único se registraban nidos de tortuga verde era en Vieques y en Mona. De momento, empezaron a aparecer aquí y hemos tenido hasta 31 nidos ya”, detalló.

Parte de lo que se exhibe en el lugar.
Parte de lo que se exhibe en el lugar. (WANDA LIZ VEGA)

Al día de hoy, un total de 20 voluntarios se han sumado a las iniciativas encaminadas por Atmar. El grupo, entre otras funciones, custodia las costas de su municipio, vela los nidos y educa a la población para que aprenda a respetar y proteger a estas especies amenazadas con desaparecer.

La organización cuenta, desde 2013, con un centro educativo que fue habilitado gracias a diversas donaciones. En el lugar, ubicado en el barrio Emajaguas, de Maunabo, tienen un museo, un salón de conferencias y habitaciones para estudiantes residentes, quienes participan en investigaciones en conjunto con los voluntarios.

Asimismo, Atmar logró expandir su proyecto comunitario a Yabucoa, en 2007, y –además- creó el programa Sol, Arena y Tortugas Marinas, para impactar las escuelas del municipio y llevar el mensaje de concienciación.

“Todos los años viene el grupo, una vez al mes, y les damos charlas. El objetivo es buscar el pase de batón”, sostuvo Crespo sobre la idea que ha sido compartida con estudiantes de la escuela intermedia Higinio Figueroa Villegas.

Quienes deseen conocer el museo tortuguero pueden visitarlos (en grupos pequeños) los fines de semana, en horario de 10:00 a.m. a 4:00 p.m.

Igualmente, si desea aportar económicamente para que este grupo pueda continuar ampliando sus esfuerzos, puede hacerlo entrando a su página web www.tortugasmaunabo.com.

Una especie preservada en un frasco.
Una especie preservada en un frasco. (WANDA LIZ VEGA)
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