Actualmente, la herramienta de alerta temprana para el polvo del Sahara está en funcionamiento en el Sistema Caribeño de Observación Costera Oceánica (CariCOOS, en inglés).
Actualmente, la herramienta de alerta temprana para el polvo del Sahara está en funcionamiento en el Sistema Caribeño de Observación Costera Oceánica (CariCOOS, en inglés). (Suministrada)

Con el fin de evitar los efectos negativos del polvo del Sahara en la salud, el equipo que creó el Sistema de Alerta Temprana para el Polvo del Sahara comenzó a incrementar sus estrategias educativas para capacitar a la ciudadanía y familiarizarla con la herramienta.

“Nuestra intención siempre fue poder desarrollar un sistema de alerta temprana, que ayude a la toma de decisiones de nuestras agencias, como también al público, en conocer cómo los aerosoles procedentes del continente africano pudieran estar llegando a la zona del Caribe y, potencialmente, afectando la salud”, dijo el doctor Pablo Méndez Lázaro, quien dirige el proyecto desde 2017, a El Nuevo Día.

El sistema, que brinda información sobre la calidad del aire en la isla a partir del impacto de este material particulado, fue recién destacado por la Administración Nacional de Aeronáutica y el Espacio (NASA, en inglés). Su innovadora tecnología permite alertar sobre un evento con hasta tres días de anticipación.

Lo que antes se conocía como “bruma”, ahora se empieza a llamar por su nombre, a entender cuáles son sus niveles y cantidad, y a descifrar si es o no un riesgo para la salud.

“Se ha podido transferir conocimiento al público y, además, se ha podido transferir conocimiento a través de grupos focales a médicos, como neumólogos, cardiólogos, oncólogos y otros”, resaltó Méndez Lázaro, catedrático del Departamento de Salud Ambiental de la Escuela Graduada de Salud Pública del Recinto de Ciencias Médicas de la Universidad de Puerto Rico.

Incluso, antes del lanzamiento de la versión experimental en mayo 2022, el equipo comenzó a colaborar con instituciones como el EcoExploratorio: Museo de Ciencias de Puerto Rico para ofrecer talleres en vivo y “webinars” sobre el sistema y los efectos del polvo del Sahara. También, el grupo ha ofrecido talleres en la página Facebook del Puerto Rico Health and Climate Research Group y, entre todas las iniciativas, se han impactado miles de personas.

Por otro lado, Méndez Lázaro destacó que están trabajando en una serie de vídeos y contenido educativo que funcionen como tutoriales y material complementario para facilitar el uso de la herramienta y maximizarla.

¿Cómo llega a Puerto Rico?

Más de 20 millones de toneladas de polvo mineral de África son transportadas al Caribe cada año por los vientos alisios y se depositan en una amplia franja, que se extiende desde Brasil hasta el sureste de Estados Unidos.

El polvo del Sahara está asociado con problemas respiratorios, irritación de los ojos, la boca y la nariz.

La herramienta desarrollada por Méndez Lázaro y su equipo permite conocer los parámetros de los aerosoles en las regiones de San Juan, Ponce, Mayagüez y Fajardo mediante el uso de tacómetros. Mide los niveles de impacto de las partículas como leve, moderado, alto y muy alto, y se actualizan los datos cada cuatro horas en tiempo real.

Por otro lado, a pesar de las repercusiones de salud, los eventos de transportación de aerosoles son beneficiosos para algunos ecosistemas. “Este tipo de material particulado se considera que también son nutrientes esenciales para los ecosistemas, porque fertilizan nuestros suelos y océanos”, dijo, al reiterar, que “en grandes cantidades y dependiendo del tamaño de las partículas, puede representar un riesgo para la salud”.

Aunque el polvo del Sahara se ha estudiado por los últimos 50 años, no existía un sistema de detección temprana que dejara saber con cuánto tiempo de anticipación iba a llegar al Caribe.

“Antes, los estudios se enfocaban en la caracterización del polvo, los patrones, comportamiento, temporadas, caracterización fisicoquímica de las partículas, los procesos de transporte”, explicó.

Para atender esta necesidad, surgió el proyecto de Méndez Lázaro, en 2017, tras ser aceptado y financiado por la NASA, mediante un concurso del Programa de Calidad de Aire y Salud de la División de Ciencias Terrestres.

“Eso es lo que va a ayudar a las personas a protegerse porque, una vez está aquí, es muy tarde”, afirmó el catedrático.

Entre los logros hasta ahora, está que, en junio de 2020, pusieron en marcha el sistema de forma experimental, previo a la tormenta de polvo del Sahara más severa en 50 años, alertando con tres días de anticipación a su llegada.

El proyecto es coliderado por el equipo de científicos compuesto por los doctores Frank Muller-Karger, Olga Mayol, Cynthia Pérez Cardona, Ana P. Ortiz, Aluisio Pimenta, Digna Rueda y Dan Otis, junto a estudiantes graduados de Salud Ambiental. A su vez, cuenta con la colaboración del Departamento de Salud, el Servicio Nacional de Meteorología en San Juan y el Laboratorio Oceanográfico y Atmosférico del Atlántico de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica.

Suministrada
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