

11 de marzo de 2026 - 8:20 AM

Tomar antibióticos puede afectar a la composición de la comunidad bacteriana del intestino -el microbioma intestinal- durante bastante tiempo pero, según un nuevo estudio, el impacto de algunos de estos fármacos puede durar hasta ocho años.
La investigación, liderada por científicos de la Universidad de Uppsala (Suecia) y publicada este miércoles en Nature Medicine, se basa en el análisis del microbioma de 15,000 personas; unas habían tomado antibióticos y otras no en los últimos ocho años.
Aunque los antibióticos protegen de las infecciones graves, su abuso eleva el riesgo de algunas afecciones, como la diabetes tipo 2 y las infecciones gastrointestinales. Los científicos piensan que los cambios en el microbioma causados por estos fármacos podrían están detrás de estas patologías.
Pero aunque se sabe que los antibióticos tienen un gran impacto a corto plazo en el microbioma, apenas se ha estudiado el efecto a más largo plazo.
Para averiguarlo, el equipo analizó el microbioma intestinal de 14,979 residentes en Suecia y comparó el de los participantes que habían tomado diferentes tipos de antibióticos en los últimos ocho años de los que no.
Los análisis descubrieron fuertes vínculos entre el uso de antibióticos y la composición del microbioma intestinal -incluida la diversidad de especies bacterianas- de cada persona.
“Podemos ver que el uso de antibióticos de hace cuatro a ocho años está vinculado con la composición del microbioma intestinal de una persona hoy en día. Incluso un solo ciclo de tratamiento con ciertos tipos de antibióticos deja rastros”, afirma Gabriel Baldanzi, primer autor del estudio y exestudiante de doctorado en la Universidad de Uppsala.
El estudio fue posible gracias al registro exhaustivo de medicamentos recetados de Suecia, que contiene información sobre todos los antibióticos dispensados en farmacias: “El uso de antibióticos se toma muy en serio en Suecia, y el país ya cuenta con una gestión estricta de los mismos”, asegura.
El estudio descubrió que los resultados diferían sustancialmente según el tipo de antibiótico utilizado.
Las asociaciones más fuertes se observaron con la clindamicina, las fluoroquinolonas y la flucloxacilina, mientras que la penicilina V -el antibiótico más recetado para el tratamiento de infecciones fuera de los hospitales en Suecia- se relacionó con cambios pequeños y de corta duración en el microbioma.
“El fuerte vínculo entre la flucloxacilina de espectro reducido y el microbioma intestinal fue inesperado, y nos gustaría ver este hallazgo confirmado en otros estudios”, comenta Tove Fall, profesora de Epidemiología Molecular en la Universidad de Uppsala e investigadora principal del estudio.
Fall cree que los hallazgos del estudio pueden ayudar a informar futuras recomendaciones sobre el uso de antibióticos, “especialmente al elegir entre dos antibióticos igualmente efectivos, uno de los cuales tiene un impacto más débil en el microbioma intestinal”.
Dado que el estudio solo tuvo en cuenta las recetas de los últimos ocho años, los científicos creen que hacer un estudio con un periodo de seguimiento más largo podría proporcionar más información.
Además, el microbioma intestinal se muestreó solo una vez por participante, por eso, actualmente, el equipo está recolectando una segunda muestra de casi la mitad de los participantes.
“Esto nos permitirá obtener una comprensión aún mejor del tiempo de recuperación e identificar qué microbiomas intestinales son más susceptibles a la alteración tras el tratamiento con antibióticos”, concluye Fall.
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