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Fotografía de una calle del centro de la ciudad de La Habana. (EFE)

La Habana, Cuba - A 60 años de su llegada al poder, la Revolución cubana sigue su lucha por solventar un modelo socialista que requiere de una cirugía mayor, un proceso en el cual las autoridades se han embarcado mediante una amplia reforma constitucional que busca, como motor principal, dar un impulso a su maltrecha economía, pero que no da un paso atrás en la hegemonía del Partido Comunista de Cuba (PCC) como el ente regidor de la política del país.

El 1 de enero de 2019 se cumplen seis décadas desde que Fidel Castro Ruz y su ejército de barbudos derrotó al ejército de Fulgencia Batista para hacerse con el poder en 1959, un hecho que cambió no sólo la historia cubana, sino la de todo el Hemisferio, pues el giro de Cuba hacia el socialismo desató un estela de acontecimientos cuya influencia todavía está presente, sobre todo, en las relaciones con Estados Unidos.

En estos 60 años el modelo cubano ha logrado sobrevivir al embargo económico de Estados Unidos, la invasión de Bahía de Cochinos, la crisis de los misiles, las fugas migratorias de Mariel y los Balseros, la caída del bloque socialista y el posterior “periodo especial” para la economía, la Ley Helms Burton, y la muerte de su ideólogo y comandante en jefe por más de medio siglo, Fidel Castro Ruz, entre muchos otros acontecimientos.

Cuba, por su puesto, se ha transformado en estas seis décadas, sobre todo, en los últimos 10 años, desde que Raúl Castro Ruz tomó formalmente el poder en el 2008 para sustituir a su hermano Fidel, a quien había remplazado por enfermedad en el 2006.

Tras un periodo convulso en sus primeros 10 años, una estabilidad razonable los próximos 20 años gracias al bloque socialista, y otras dos décadas de inestabilidad provocadas por la caída de la Unión Soviética y la aplicación del periodo especial, Cuba entró en la sexta década de Revolución en el 2009 con un plan de renacimiento de su economía como punta de lanza.

Así comenzaron a verse los negocios privados, se abrieron las puertas de par en par a la inversión extranjera y el país comenzó a acercarse a la comunidad internacional como nunca antes, incluso a su mayor enemigo, Estados Unidos, con quien restableció relaciones diplomáticas tras medio siglo de tirantez.

En ese contexto, las reformas a la economía empujadas por Raúl Castro Ruz se comenzaron a implantar, pero sin contar con el marco jurídico correcto, lo que trajo consigo serios problemas de ejecución y control, sobre todo, a la hora de poner parámetros al alcance de los pequeños empresarios cubanos, que vieron las oportunidades abiertas y las tomaron sin pensarlo.

La ausencia de ese marco legal trajo consigo una reforma constitucional que intenta poner la casa en orden y ser la punta de lanza de un crecimiento económico con ribetes capitalistas, pero sin renunciar al socialismo como fórmula política y social, un maridaje que han probado en China y Vietnam con éxito, pero que Cuba quiere ejecutar sin tener que ceder un ápice de control sobre las dinámicas del mercado.

A votar por la nueva Constitución

El próximo 24 de febrero los cubanos votarán por una nueva Carta Magna que incluye lenguaje novel para el ortodoxo sistema cubano, como la propiedad privada o personal, la figura del mercado y la inversión extranjera. 

La nueva Constitución, cuyo texto final fue aprobado de manera unánime por la Asamblea Nacional del Poder Popular (ANPP), fue resuelta sin incluir una solución definitiva al matrimonio gay ni el voto presidencial directo, dos temas espinosos en el país.

La pregunta que se someterá a votación será: ¿Ratifica usted la nueva Constitución de la República? Los cubanos deberán responder “Sí” o “No”.

La nueva Carta Magna quedó conformada por 229 artículos, 11 títulos, dos disposiciones especiales, 13 transitorias y dos finales, y sustituirá la Constitución de 1976. La ANPP puso fin así a un complejo proceso de reforma constitucional que incluyó una consulta popular entre el 13 de agosto y el 15 de noviembre, en la cual se realizaron 133,681, con la asistencia de 8,945,521 ciudadanos y 783,174 propuestas.

Ese ejercicio redundó en que el 60 por ciento del documento original fuera cambiado.

El texto que será sometido a referendo recalca en su preámbulo que Cuba “no volverá jamás al capitalismo como régimen sustentado en la explotación del hombre por el hombre, y sólo en el socialismo y el comunismo alcanza su dignidad plena”.

La propuesta define al PCC como fuerza política superior de la sociedad, aunque establece que, al igual que las demás organizaciones, está obligado a cumplir la Constitución y las leyes, una referencia que no quedaba clara en la propuesta inicial y que daba la impresión de que la colectividad única estaba por encima de la Carta Magna.

Será una Constitución que reconoce la gestión privada y la inversión extranjera como motores de la economía, pero que no da un ápice de flexibilidad al sistema político unipartidista y centralizado, un aspecto de la sociedad cubana que ha cambiado muy poco en 60 años de Revolución.

La economía, la mayor batalla

La principal intención de la nueva Constitución gira en torno al modelo económico de Cuba. El documento constitucional abre las puertas a que, en el ámbito de la economía, el gobierno pueda tomar medidas de corte de mercado dentro de un marco jurídico legalizado y ordenado.

Es por eso que el presidente Miguel Díaz-Canel ha llamado el 2019 como el año del “ordenamiento”, porque espera liquidar las sobrestimaciones de las proyecciones, los incumplimientos con los presupuestos y arrancar de manera definitiva con un plan de inversión extranjera y producción nacional que permita al país recuperar valiosas divisas para solventar su sistema social, encabezado por la salud universal, la educación gratuita hasta el posgrado, la alimentación básica y la seguridad pública.

“Hemos expresado que la batalla económica sigue siendo la tarea fundamental y también la más compleja. Es esa la tarea que más exige hoy de todos nosotros, porque es de la que más espera nuestro pueblo”, dijo Díaz-Canel al levantar su voz de alerta sobre la importancia de activar de una vez y por todas la economía nacional, que creció un discreto 1.0 por ciento en el 2018 y se quedó por debajo de la proyección inicial de un 2.0 por ciento.

Esa desaceleración en el crecimiento ha provocado una falta de efectivo en las finanzas públicas que se ha reflejado a todos los niveles, incluyendo el más cotidiano. Al cierre del año se ha convertido en toda una proeza encontrar en las tiendas cubanas un producto esencial como la harina, cuyos derivados, como el pan, prácticamente han desaparecido de la oferta comercial. También se ha complicado conseguir huevos o cerveza nacional, la más valorada por la población.

El problema estriba en que los suplidores internacionales, aquejados por periodos de deuda superiores a los dos años, han comenzado a exigir los pagos como condición para reactivar sus entregas, sea desde alimentos o materia prima, hasta piezas de repuesto.

El 2019 no pinta diferente para el panorama económico de Cuba. La Comisión Económica para América Latina (Cepal) proyectó un ligero crecimiento cercano al 1.0 por ciento y el gobierno cubano adelantó que le será imposible cumplir con algunas de sus obligaciones crediticias en el nuevo año.

Una nueva ofensiva para incrementar el embargo económico por parte de Estados Unidos ha tenido mucho que ver en que Cuba no haya despegado como se esperaba tras el histórico acercamiento logrado con la administración de Barack Obama. Pero esa, aunque es la parte mayor del problema, es sólo uno de los componentes, y el propio gobierno cubano reconoce que sus ineficiencias internas han provocado daños irreparables.

Los esfuerzos de Cuba por incrementar la inversión extranjera y aumentar así el flujo de divisas al país andan por debajo de lo esperado, sobre todo por la mentalidad cortada a la antigua que existe en muchos sectores del gobierno cubano, según el ministro encargado de ese rubro, Rodrigo Malmierca.

Malmierca, titular del Ministerio de Comercio Exterior y la Inversión Extranjera (Mincex), indicó en el popular programa de televisión la Mesa Redonda, que es urgente “cambiar la mentalidad y dejar atrás la visión de que la inversión extranjera es un mal necesario, algo que tenemos que hacer pero no nos gusta. No debemos cogerle miedo y ponerle trabas a lo que podemos hacer en el marco vigente. La inversión extranjera es algo que puede beneficiar la construcción del socialismo”.

El ministro sostuvo que desde que se aprobó la Ley de Inversión Extranjera en abril de 2014 hasta el presente, Cuba ha comprometido capital por $5,500 millones, una suma que queda por debajo del plan gubernamental.

“El cálculo de cuánta inversión extranjera necesita Cuba se hizo de una manera muy básica”, detalló. “Necesitamos elevar la tasa de inversión que hoy está alrededor del 12 %, por lo tanto, cuánto dinero hace falta: $2,000 millones al año. Cosa que nunca ha entrado al país”.

Indicó que desde la puesta en vigor de la Ley hasta el 2016, sólo se lograron $1,300 millones y que el grueso de los $5,500 millones ha llegado entre 2017 y 2018.

“Estamos muy por debajo de lo que necesitamos, pero se comienza a ver algún resultado en los esfuerzos que estamos haciendo en la promoción de la participación del capital extranjero... Este año 2018 se han aprobado 40 nuevos negocios por un monto superior $1,500 millones.  De esos 35 ya están en proceso inversionista”, afirmó. “Se demoran los procesos de negociación, pero también se demora la puesta en marcha de la inversión. Ese tiempo que se pierde va en contra de nosotros”, señaló Malmierca. “Lo que necesitamos con el capital extranjero es desarrollarnos, exportar y sustituir exportaciones”.

El relevo generacional

A pesar del complejo panorama económico, el sistema cubano insiste en el socialismo como su fórmula ganadora, sobre todo, porque todavía están activos en el gobierno diversos héroes de la llamada “Generación Histórica”, aquella que combatió en la Sierra Maestra o en las calles habaneras para derrocar a Batista.

Personajes como el propio Raúl Castro Ruz, primer secretario del PCC; José Ramón Machado Ventura, segundo secretario del PCC; el comandante Ramiro Valdés, miembro del Consejo de Estado, entre muchos otros, todavía están activos y vigilantes de que el proyecto social impulsado por Fidel Castro Ruz se mantenga vigente, a pesar de su muerte hace dos años.

“Los enemigos de la Revolución –tanto los de afuera como los de adentro–, bajo la sombrilla de la crítica a una supuesta lentitud o poca audacia de las medidas adoptadas, ocultan sus verdaderas intenciones de restaurar el régimen de oprobio existente en Cuba hasta 1959”, expresó Machado Ventura en un discurso reciente.

“Continuaremos reforzando la institucionalidad del país, pensando y planificando en detalle cada nueva decisión, y exigiendo al ponerla en práctica que el control y seguimiento a cada tarea sean efectivos y verdaderos. El asunto no consiste en resolver un problema a costa de crear otro, sino en encontrar soluciones definitivas para no retroceder posteriormente”, agregó, al dejar claro que la participación de esa dirigencia histórica en el panorama político cubano permanecerá hasta que el tiempo decida lo contrario.

La presencia de esa generación de combatientes en la guerrilla limita el radio de acción de una nueva sepa de dirigentes que poco a poco ha ido acomodándose en las altas esferas y que traen consigo ideas distintas a sus predecesores, pues fueron formados ideológicamente en la Revolución, pero no pelearon junto a los hermanos Castro Ruz.

El mayor ejemplo de ellos es el propio Díaz-Canel, el primer presidente de la República que no es un Castro Ruz ni, por lo tanto, tampoco es un exguerrillero. La Revolución entra, entonces, a su séptima década en un periodo de transición en el cual tomará el poder una generación que se ha descrito así misma como de continuidad, pero que poco a poco ha comenzado a dejar ver por lo bajo sus ideales reformistas.

“El (año 2018) que hoy despedimos quedará en nuestra memoria nacional como el año en que una nueva generación, de manera gradual y paulatina, en clara expresión de continuidad, comenzó a asumir tareas principales de dirección, con la suerte de mantener la guía de la Generación Histórica”, expresó Díaz-Canel en su discurso de cierre de año ante la ANPP a mediados de diciembre.

En el marco normal de una democracia occidental, parecerá poco lo que Díaz-Canel ha logrado en su medio año como presidente, pero para lo que es Cuba, sus movidas no han sido menores.

El mandatario ha impregnado al gobierno de un sentido de urgencia que el propio Raúl Castro Ruz no consiguió, ha desatado una campaña sin precedentes contra la corrupción institucional, retomó la presencia de los dirigentes en los sistemas de base y, como mayor logro, puso en marcha conceptos contemporáneos como el gobierno electrónico, la información digital y la interconectividad, los que hoy son una prioridad institucional.

Díaz-Canel ha logrado, por ejemplo, que casi todos los ministros levanten cuentas en las redes sociales y el propio presidente es una de las voces más activas en Twitter, lo cual era casi impensable durante la era de los Castro Ruz.

En las calles cubanas, hay quien apuesta a la capacidad de Díaz-Canel, quien tiene 10 años para armar su fiesta.

“Yo creo que Díaz-Canel no ha hecho más porque le tiene respeto a los históricos. Y yo lo entiendo, yo le tengo mucho respeto a esa gente, que se la jugó con un fusil en la mano y hay que tenerles deferencia. Pero creo que cuando ellos no estén, él hará lo que hay que hacer”, dijo a El Nuevo Día un estudiante universitario que sólo se identificó como Jaime.

Lo cierto es que la población espera más de lo que se ha logrado hasta ahora. En cada esquina del país, cuando se discute la Constitución, sale a flote el descontento con la lentitud de las reformas, por eso la alusión de Machado Ventura en su discurso a que el gobierno tomará el tiempo que haga falta para modernizar el país.

El problema con esa estrategia es que coloca en una posición compleja a Díaz-Canel y su equipo de renovación generacional, pues no son pocos los sectores que han comenzado a desafiar las autoridades, incluso abiertamente.

Polémicas a la vuelta de la esquina

El mayor ejemplo de eseclima de desafío nunca antes visto en Cuba fue el polémico artículo 68 del primer borrador de proyecto de Constitución. En él se daba entrada directa a rango constitucional del matrimonio gay.

Las iglesias protestantes, en unión a la Católica, iniciaron una intensa campaña nunca antes vista, que provocó que se aguara el lenguaje original y dejara el tema para una votación futura fuera del tema de la Constitución.

Los religiosos amenazaron con sabotear el proceso y no acudir a las urnas o, de asistir, votar en contra, lo cual sería una derrota para las autoridades, que aspiran a conseguir el apoyo de más del 90 por ciento de la población habilitada para votar. El gobierno dio el brazo a torcer y elaboró un artículo sustitutivo que, si bien no deja contento a nadie, tampoco da pie al boicot de una parte o de otra, pues da paso a un Código de Familia que tratará el tema en el futuro.

Otro tema complejo surgió ante las intenciones del gobierno de poner en vigor un polémico decreto que regula la actividad cultural en el país, el cual ha levantado una férrea oposición por parte del sector artístico, que denuncia visos de censura.

Las autoridades culturales intentan aplacar el incendio mediante la aplicación de las regulaciones por fases y mediante el consenso con los afectados, pero lo cierto es que el decreto 349 del Consejo de Ministros ha resultado todo un barril de pólvora.

La finalidad del decreto estriba, según el gobierno, en regular las manifestaciones artísticas en los espacios públicos y eliminar el intrusismo, la chabacanería y la vulgaridad, así como los contenidos pornográficos, violentos o los ataques a la dignidad de las personas, o sea, esencialmente es una píldora venenosa contra el reguetón. Establece, igualmente, pautas en los esquemas de contratación de los artistas.

Diversos artistas, sin embargo, señalaron que el “349” podía ser usado para censurar contenidos que no fuesen favorables a “los valores revolucionarios” y han elevado su voz de malestar, al punto que algunos de ellos fueron detenidos, y posteriormente liberados, por intentar realizar una manifestación frente al Ministerio de Cultura, una acción no permitida en el estatuto legal cubano, donde las protestas no autorizadas son ilegales.

A ese escenario se suma la puesta en práctica de nuevas medidas de regulación del sector privado, con requisitos más específicos para obtener licencias y mecanismos de control fiscal más estrictos dirigidos a palear la evasión contributiva.

“Al sector no estatal lo hemos reconocido como un complemento de la economía y no existe intención alguna de evitar que puedan prosperar, pero su funcionamiento tiene que ser dentro de la legalidad. Conocemos que contamos con la mayor parte de ellos para impulsar y dinamizar la economía”, sostuvo Díaz-Canel en su discurso al parlamento. “Para su adecuado ejercicio, nos corresponde crear condiciones quepropicien el cumplimiento de las nuevas normas y aporten al real ordenamiento de la actividad”, agregó.

“Es preciso esclarecer también que hay quienes intentan tergiversar el alcance y los objetivos del Decreto 349, asociándolo a un instrumento para ejercer censura artística. Hablo de entes ajenos a la cultura, a los que nunca les ha preocupado y han permanecido en silencio ante la proliferación de la banalidad, la vulgaridad, la violencia, la grosería, la discriminación de la mujer, el sexismo y el racismo presente en las más variadas expresiones que, atentando contra la política cultural de la Revolución, se exhiben en espacios públicos estatales y privados, algunos de estos ni siquiera legalmente reconocidos”, manifestó el presidente cubano. Sabemos muy bien de dónde provienen las instrucciones, con el objetivo de confundir, dividir, desanimar y desmovilizar. Es evidente que el citado Decreto, por su importancia, debió ser más discutido y mejor explicado. Ello se pone de manifiesto en las opiniones de grandes de nuestra Cultura, que sí tienen una obra probada y comprometida. A ellos los convoco a acompañarnos en la tarea de hacer ahora lo que debimos haber hecho antes”, añadió.

Las relaciones con Estados Unidos y otros...

En ese complejo escenario interno, el gobierno cubano hace malabares para mantener sólido su proyecto socialista. Del norte es poca la ayuda que le llega. El rayo de esperanza que se abrió con Obama se ha disipado con la llegada de Donald Trump y su política ultraconservadora.

El llamado escándalo de los “ataques sónicos” llegó en el peor momento y ha sido usado por Trump como la excusa perfecta para enfriar las relaciones que Obama fomentó y dejar casi inoperante la Embajada de Estados Unidos en La Habana.

Los primeros estragos se dieron en el turismo, que no pudo cumplir su meta de alcanzar los cinco millones de visitantes en el 2018, en gran parte por la reducción en viajeros estadounidenses.

Pero existen entidades de Estados Unidos que han decidido enfrentar al Presidente y mantener relaciones con Cuba, como ocurre con las aerolíneas, cruceros, empresas hoteleras y compañías agrícolas.

Esa dinámica se da, incluso, en el deporte, donde Major League Baseball y la Federación Cubana de Béisbol (FCB) llegaron a un acuerdo para un tráfico ordenado y legal de jugadores antillanos hacia el mercado estadounidense.

Mientras las relaciones con Estados Unidos se enfrían, sin embargo, los vínculos con potencias como Rusia o China se estrechan, dando paso a una nueva guerra fría. La presencia de ambos países se ha solidificado a tal punto que se han convertido, junto con Venezuela, en los socios mayoritarios de Cuba. A ellos se ha sumado la Unión Europea, que cambió su posición para con la isla y ha comenzado un acercamiento sin precedentes desde el triunfo de la Revolución.

Los 60 años

Cuba cumple 60 años de su Revolución pululando entre las reformas, las reafirmaciones y la bienvenida al capital extranjero.

El acto oficial se hará a las 5:00 de la tarde hora local (6:00 p.m. hora de Puerto Rico) el 1 de enero de 2019 en el cementerio Santa Ifigenia de Santiago de Cuba, donde están los restos de importantes figuras políticas, como José Martí, Carlos Manuel de Céspedes, Mariana Grajales y Fidel Castro Ruz.

Se espera un grito de reafirmación al carácter socialista del sistema cubano y un compromiso con su ideólogo y ejecutor por más de 50 años, aunque hay quien mira con ironía que ese aniversario se haga en un lugar tan solemne como un campo santo.

¿Qué te parece que se celebre el aniversario 60 de la Revolución en el cementerio de Santa Ifigenia?, le preguntó El Nuevo Día a Jaime. El joven sólo dijo “jum”, puso cara de circunstancia y siguió su camino.


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