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La Habana, Cuba - Contra todo pronóstico, cinco pelotaris cubanos llegaron a disputar finales en los Juegos Panamericanos de Lima, y aunque se quedaron en medallas plata, el logro significó una gesta para un deporte que ahora es minoritario en la isla, pero que antes de la revolución de 1959 atraía un gran interés de público, tanto que La Habana formaba parte del circuito internacional de pelota vasca.

Cuba quiere recuperar ahora los tiempos dorados de la pelota vasca en la isla, cuando hasta hace unas décadas la ciudad era parada obligada para los mejores pelotaris del mundo, por lo que para ello firmó un acuerdo con la Federación Internacional de Pelota Vasca (FIPV) para recuperar sus canchas, que viven ahora el abandono.

“Planificamos trabajar sobre cuatro ejes: la reconstrucción de los frontones de Bolivia (en el municipio de Ciego de Ávila); de la sala Guernica o Jai Alai (Cienfuegos); del complejo de canchas Raúl Díaz Argüelles, (Ciudad Deportiva) y del Ponce Carrasco, conocido como Palacio de los Gritos en Centro Habana”, dijo a medios locales Xavier Cazaubon, secretario general de la FIPV.

El directivo visitó recientemente varias instalaciones del país, que antes fueron centro de la pelota vasca, pero que hoy están en un estado de deterioro lamentable. Cazaubon estuvo acompañado por el arquitecto argentino Roberto Elías, director de las infraestructuras de la Federación Internacional para las Américas, así como autoridades del deporte cubano.

Estos primeros contactos tendrán continuidad con nuevas reuniones el próximo noviembre en el marco de un cronograma de obras que va hasta el 2022.

La práctica de la pelota vasca comenzó en la isla a finales del siglo XIX y ya en 1901 se inauguró en La Habana el Frontón Jai Alai, en la modalidad de cesta a punta, y en poco tiempo se conoció a la cancha como El Palacio de los Gritos, por la algarabía que generaban sus disputados partidos. Destacaron zagueros como San Juan, Lavaca, Juan Rincón, Oyarzun y Elícegui, que disputaron partidos en las canchas cubanas, de las cuales incluso salió su propia estrella nacional: José Antonio Martínez Díaz “Frias”.

Era tan popular la pelota vasca en Cuba, que tuvo incluso un semanario: “La Cancha Habanera”, que se publicó en 1902 en defensa del deporte vasco. Pero el despegue de los jugadores y aficionados se debió al de los “corredores” de apuestas, que lo convirtieron en un deporte muy lucrativo, que incluso se vio respaldada institucionalmente en 1919 por la “Ley del Fomento del Turismo”.

Las apuestas impulsaron el interés por la pelota vasca y significó su expansión por toda la isla, abriendo frontones nuevos, como el de Cienfuegos, en el centro del país, un punto que se quiere ahora recuperar del abandono.

Ahora la FIPV colaborará con la parte tecnológica, de suelos especiales y luminarias de tipo LED, mientras que Cuba participará con la mano de obra y los insumos. La idea es que las canchas no sólo se puedan disfrutar para la pelota vasca, que aunque será su deporte principal, también se convertirán en salas polivalentes para la práctica del voleibol, baloncesto, karate, judo, o el fútbol sala. La idea es convertirlas en “templos del deporte”, según Cazaubon.

La pasión por la pelota vasca se terminó con la victoria revolucionaria de 1959, que persiguió las apuestas y con ello mató lo que sostenía ese deporte. La mayoría de los pelotaris emigraron a la Florida donde impulsaron esta disciplina deportiva.

La pelota vasca estuvo durante décadas olvidada, hasta que regresó a la isla en 1990, con la inauguración de una sala multideportiva para el Mundial Absoluto, celebrado en La Habana. Pero la crisis económica que significó el “Periodo Especial” luchó de nuevo contra los pelotaris cubanos, que ahora con cinco medallas de plata y una de bronce en Lima ven que los buenos resultados sin apenas apoyos hasta ahora pueden significar el despertar de este deporte en Cuba.


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