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El hombre compró las manzanas a 45 centavos. (GFR Media)

La Habana, Cuba - Un hombre llega en su auto a una tienda estatal habanera y desde allí dirige la operación para comprar 15,000 manzanas de golpe, con la ayuda de los empleados del establecimiento y el uso de un vehículo de transporte oficial para consumar la transacción.

Compra cada manzana a 45 centavos y todo ocurre a plena luz del día, mientras, un reportero de un medio oficial cubano observa la movida con curiosidad, sospechando que en aquella jugada algo no andaba bien.

En efecto, el instinto del periodista estaba correcto, y aunque en la mayor parte del mundo comprar tanta mercancía de un tirón no representa nada raro si la actividad tiene una finalidad comercial específica, en Cuba eso se llama acaparamiento de insumos, lo cual es ilegal, y si se suma hacerlo en componenda con empleados estatales, pues la piña se pone más agria.

La historia estalló la semana pasada, cuando un periodista del sitio Cubadebate presenció lo que para muchos cubanos era insólito en la tienda La Puntilla, del barrio capitalino de Miramar.

Allí, un hombre en un carro “lujoso”, supervisaba la compraventa de 100 cajas de 150 manzanas, las cuales nunca llegaron a los estantes de venta a la población, porque el individuo, según los reportes de la prensa nacional, se las arregló para que al momento que tocaran la tienda, las frutas fueran colocadas en un camión de otra dependencia estatal para ser llevadas a un tercer lugar para supuestamente dos fines: ser revendidas a casi el doble del precio en el mercado negro o ser usadas en la red de negocios privados que existe en la isla.

Todo el operativo fue visto por el periodista, lo cual desató una cadena de eventos curiosos en torno a este hecho, que se ha convertido en toda una comidilla en las calles habaneras.

La primera curiosidad fue que el relato del periodista fue publicado por Cubadebate y varios medios nacionales lo replicaron, lo cual no es usual en Cuba, donde la centralización de la información da un espacio no ausente, pero sí muy reducido, a la fiscalización.

Luego está que hubiese una disponibilidad de manzanas tan grande en una sola tienda, ya que esa es una fruta que es muy raro encontrarla en Cuba, por las dificultades que supone su importación por motivos del embargo o bloqueo económico de Estados Unidos y por los limitados recursos del país, que prefiere la compra de medicamentos a la adquisición de productos no vinculados a la dieta básica.

Entonces, está la figura del hombre misterioso y su carro lujoso, los cuales no son muy comunes en la isla y su adquisición supone un estatus económico privilegiado, por lo que identificarlo no debe ser mucho problema para las autoridades cubanas.

A ello se suman los empleados de la tienda estatal, quienes tienen el deber de colocar la mercancia en los estantes para el consumo general, pero en este caso optaron por violentar la ley y exponerse a severas sanciones administrativas, así como a un proceso judicial que podría acabar poniendo a todos los implicados en la cárcel.

¿Cómo es posible que esto ocurra en Cuba?

El primer dato que aporta a este esquema es que en Cuba todas las tiendas del tipo supermercados o colmados, están en poder del Estado, por lo que toda la oferta depende de lo que el gobierno sea capaz de producir o importar. 

Tampoco existe un mercado mayorista, como en los países de economía de mercado, lo que ha creado un serio problema de disposición de recursos, porque aquí se otorgaron licencias para operar negocios privados, como restaurantes y dulcerías, pero los dueños deben comprar los insumos en las mismas tiendas que usa la población y al mismo precio.

Esa realidad ha causado escasez y acaparamiento de los productos principales de consumo en los restaurantes y dulcerías, por lo que algunos dueños de negocios, usando en ocasiones a intermediarios, recurren a esquemas fraudulentos en componenda con empleados de las tiendas estatales para asegurar sus insumos.

Así, en las tiendas habaneras no es anormal toparse con neveras repletas de queso y pollo, o estantes cargados con cerveza nacional o aceite, que “no están a la venta” y que a la larga acaban en las dispensas de los negocios privados, según ha sido denunciado en la prensa nacional en diversos artículos periodísticos y ha sido corroborado por El Nuevo Día en más de una ocasión.

A ese ingrediente hay que sumarle que los empleados de las tiendas estatales se las juegan, a expensas de acabar presos, con el trasiego de mercancía, como una manera de incrementar su situación económica, dado que en Cuba el salario medio ronda los $30 al mes, un sueldo que apenas da para comer a una familia promedio.

La falta de suministros en los negocios privados se ha unido, entonces, con la pobre compensación de los empleados estatales, para crear la tormenta perfecta y, sobre todo, en La Habana, el problema se ha convertido en una plaga que el propio presidente Miguel Díaz-Canel ha llamado a batallar y que el país viene combatiendo desde hace una década.

Es por ello que el gobierno ha decidido hacer públicos estos incidentes y convertir a los que atrapan en ejemplo de una suerte de vergüenza pública. Las últimas semanas han sido reseñados diversos casos de corrupción en el manejo de material de construcción, así como han sido procesados 2,676 incidentes de manejos turbios de recursos del Estado sólo en el primer semestre de 2018, según cifras oficiales.

En el caso específico de las manzanas, la jugada le costó el trabajo a ocho personas, entre ellas dos cabecillas de la tiendaLa Puntilla. El grupo, igualmente, fue referido para ser procesado judicialmente.

Del hombre misterioso se sabe poco y del paradero de las manzanas tampoco se conoce mucho, pero el ruido entre la población con el caso es notable.

“Creo que la indolencia viene de más arriba y no de la población. Por qué se justifica el desabastecimiento apelando a la parte sentimental de ‘escoger entre manzanas y medicinas y libros’. Un país necesita tanto de alimentos como de medicina y de educación. Uno no debe excluir el otro. Sencillamente a los pequeños y medianos negocios se les debe permitir adquirir sus mercancías directamente. El Estado no debe ni puede, como está demostrado, encargarse de todas las compras”, dijo el comentarista Boris Reyes en la página del diario oficial Granma.

“Una de las desventajas de esto último es la corrupción, porque al comprador, las empresas le dan grandes comisiones para que elija su producto, que por demás suele ser de muy inferior calidad a la que su precio en el mercado minorista refleja. Otra desventaja es que si el estado subsidia un producto, pero no alcanza, entonces los acaparadores los compran y lo venden a mayor precio. Así, seguirá apareciendo un producto para luego desaparecer, dígase colchas de trapear, papel sanitario, productos cárnicos, lácteos y la lista no termina”, agregó quien aparenta conocer el problema en detalle.

Cuba tiene en su cartera de oportunidades un proyecto para constituir un mercado mayorista, lo cual no se ha consumado. En el ínterin se ha abierto una serie de pequeñas tiendas con formatos de productos a gran escala, tipo Sam’s o Costco, pero la variedad e inestabilidad del inventario no resuelven ni de cerca el problema.

Así, el acaparamiento y la corrupción parece que seguirán como un lastre, hasta tanto sea resuelto el problema del mercado mayorista, mientras, como dice Boris Reyes, el pueblo seguirá atrapado en el medio, pagando en el mercado negro por productos más caros, de menor calidad, que debieron encontrar en la tienda estatal a un precio justo y razonable, incluyendo las apreciadas manzanas.


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