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Marleidy Muñoz / Especial para GFR Media

La Habana, Cuba - Hay ciudades que enamoran. A veces, uno siente su energía mientras identifica los espacios de mejor luz para fotografiarla. Basta sentir el olor del mar y verlo aparecer al final de una bocacalle, y sabes que estás en un sitio privilegiado.

Hay ciudades que no olvidas. Una de esas es Cienfuegos, cuyo nombre se escribe junto, pero me gusta pensarlo como “Cien-fuegos”. Un pretexto para retarme a hallar un centenar de motivos que justifiquen por qué esta marinera urbe se conoce en Cuba como la “Perla del Sur”.

Antes de llegar ya conocía la popular canción del gran sonero Benny Moré: “Cienfuegos es la ciudad/ que más me gusta a mí /Cuando a Cienfuegos llegué/y esa ciudad quise verla/ya que la llaman La Perla/ahora les diré por qué…”.

Esta es la tierra natal del Benny, que vivió en el cercano poblado de Lajas. Por eso en una de las intersecciones del Prado cienfueguero -el paseo más largo de Cuba- se le rinde homenaje al “Bárbaro del Ritmo” con una escultura de tamaño natural y tallada en bronce por José Villa Soberón, el mismo artista que esculpió a las figuras de Lennon y Hemingway en La Habana.

Justo en la esquina donde parece caminar el Benny, inicia el Boulevard de “La linda ciudad del mar”, “La ciudad de las Cúpulas”. ¡No le han faltado elogios!

El final de esta calle peatonal, llena de centros comerciales y culturales, enlaza con el Centro Histórico. Ya aquí es posible comprender algunas de las razones que propiciaron que Cien-fuegos sea la única urbe del continente, de las fundadas en el siglo XIX, declarada Patrimonio Cultural de la Humanidad.

En 2005 la Unesco distinguió su Centro Histórico, más otras 70 manzanas de la ciudad, como Patrimonio del Mundo. “Un ejemplo excepcional y adelantado de su implementación en el planeamiento urbano en América Latina. Una muestra importante del intercambio e influencias de la ilustración española”, explicaron en el informe.

Sobresalen los eclécticos edificios, el Arco de los Obreros –como el de París, pero más pequeño-; los dos grandes leones pétreos emplazados frente a la Parroquia, como símbolo del poder español durante la Colonia; las fuentes llenas de palomas y la glorieta central del Parque José Martí, edificada para la presentación de bandas de concierto.

Mediante un mosaico de granito en el piso del Parque, se recuerda el punto exacto donde descendientes de franceses fundaron la que antes se llamó Villa de Fernandina de Jagua. Una de las cúpulas (elemento arquitectónico representativo de la ciudad) más simbólicas, la del antiguo Palacio de Gobierno, destaca entre las imponentes construcciones de la zona.

Desde lo alto de la fachada del teatro Tomás Terry, uno de los más relevantes de Cuba, tres Musas enchapadas en oro coronan el paisaje urbano. En décadas pasadas llegaron hasta ese escenario Enrico Carusso, Bola de Nieve, Joan Manuel Serrat, Ana Belén y Silvio Rodríguez, entre otros famosos artistas.

En Cien-fuegos, la arquitectura y el patrimonio definen el sentido de la ciudad, llena de líneas, arcos, grandes portales, vitrales y hasta adoquines recién rescatados por la Oficina del Historiador. La ciudad se caracteriza por su elegante trazado neoclásico, con amplias calles rectas, todas con salidas perpendiculares.

Aquí todo gira alrededor del mar. La pequeña bahía de bolsa regala el mejor escenario visual, principalmente al final del Malecón. Luego de recorrer ese gran sofá de la ciudad –donde hacen tertulia los cienfuegueros y visitantes–, el paisaje regala el encuentro del océano y las montañas de la cordillera Guamuhaya.

No podía faltar espacio en la agenda del viaje para disfrutar los fondos submarinos de la “Perla del Sur”. Muy cerca de la ciudad, se puede acceder a pecios hundidos y barreras coralinas, entre ellas la del mayor coral de América: el Notre Drame.

Es posible realizar todas las modalidades de la inmersión en alguno de los treinta puntos distribuidos en la franja costera del territorio o en los centros internacionales Faro Luna, Guajimico y Whale Shark, en el Hotel Rancho Luna.

Pero si tuviese que elegir lugares a donde volver serían el muelle de la Federación de Pesca, cerca de la playa de la “Laguna del Cura”, donde decenas de embarcaciones pequeñas están ancladas y de fondo el mar y una parte de la ciudad se encuentran; el Yacht Club con sus blancos catamaranes y veleros; la laguna de Guanaroca, donde habita la especie endémica de flamencos rosados; el Delfinario y el muelle del Hotel Jagua.

La cosmopolita y moderna urbe celebró en abril sus 200 años y sí le sobran las razones a sus habitantes para justificar su epíteto de “La Perla del Sur”.

Hay ciudades con imágenes irrepetibles, ciudades con alma. Cienfuegos es una de esas. 

(La autora es una periodista cienfueguera residente en La Habana, Cuba)


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