Néstor Torres durante su presentación en Cuba. (semisquare-x3)
Néstor Torres durante su presentación en Cuba. (Benjamín Morales Meléndez)

La Habana, Cuba - A teatro lleno el puertorriqueño, el boricua Néstor Torres demostró en Cuba por qué es considerado uno de los flautistas más influyentes del jazz y la música latina en general.

Los acentos tropicales, con total nitidez, que acostumbra a sacar a este instrumento, aquí sonaron fascinantes y provocaron más de una ovación durante el espectáculo “La flauta mágica”, en el que el boricua fue el invitado especial.

El concierto en el Teatro Nacional de Cuba fue un homenaje al célebre flautista cubano Richard Egües, y la prensa de la “Mayor de las Antillas” lo catalogó entre los de mayor interés en la agenda del 34 Festival Internacional Jazz Plaza.

Inició con Orlando Valle “Maraca”, uno de los artistas de mayor prestigio en el país, calificado como “visionario” por el Chicago Tribune. Maraca, luego de interpretar impecablemente piezas suyas y del brasileño Egberto Gismonti, invitó a Néstor Torres a escena, “uno de los mejores flautistas del mundo y alguien que influyó decisivamente en lo que hago”.

Torres conectó con el público desde las primeras notas, con su habitual carisma se acercó al borde del escenario y comenzó un solo que se recordará entre lo más sublime de la noche. Quienes los escuchaban por primera vez en Cuba supieron por qué Maraca lo presentó como “el flautista más influyente de América y representante genuino de la tradición latina en el jazz”.

El boricua, ganador del Latin Grammy con “This Side of Paradise” (2000) y nominado otras cinco veces, inició así lo que sería un paseo por varios estilos y géneros musicales, con paradas especiales para que cada instrumentista acompañante exhibiera sus dotes.

El show devino en un “collage” de temas antológicos y en las descargas Torres improvisó a partir de melodías de los temas “Preciosa”, “Madrigal” y “Manteca”, entre otros, en un culto a la música latinoamericana y una oda a la flauta, de los más antiguos instrumentos y común a la mayoría de las culturas.

El maestro puertorriqueño de la flauta comentó en el concierto que era “un privilegio, un honor, estar por primera vez en este histórico festival”. Confesó que “más que un jazzista, me siento un charanguero, porque en mis inicios en Nueva York aprendí de la charanga y el danzón cómo emocionar al bailador”.

Para él, actuar en Cuba es un sueño cumplido porque tiene “dos ídolos, dos dioses en el panteón de la flauta, uno es Geoffrey Gilbert, y el otro el cubano Richard Egües”, exintegrante de la Orquesta Aragón y compositor de danzones y chachachás.

Nacido en Mayagüez he instruido en Nueva York y Boston, Néstor Torres se notó cómodo en el escenario del Teatro Nacional de Cuba. Desafió a los músicos cubanos a un contrapunteo de la flauta contra todos los instrumentos, juntos o separados. Los jóvenes Yadasny J. Portillo (piano), José Raúl Machado (bajo), Alejandro Chávez (drums) y Degnis Boffil (tumbadoras) lucieron muy bien y fueron admirados por el maestro boricua.

Entre los lujos de la noche también sobresalen los momentos a dúo con “Maraca”, quien fuera flautista, tecladista y arreglista del mítico grupo Irakere. Ambos dialogaron de un modo armónico, empastaron sus sonidos y juntos descargaron en largos pasajes donde hubo referencias al guaguancó, la rumba y el tango.

A Néstor Torres lo vimos bailar, marcar pasos de rumba y dirigir el grupo acompañante de “Maraca”, hasta que cerca de hora y media después de iniciado el concierto, se anunció la presencia de la legendaria Orquesta Aragón, comandada por Rafael Lay. El boricua, invitado a unirse al grupo, pidió “disfrutar del momento, salir de escena y aplaudir desde abajo a este conjunto donde reina el sonido de la flauta”.

Pero no tardó en regresar e incorporarse al desfile de notables flautistas cubanos, entre ellos el maestro José Loyola, René Herrera “El sinsonte de Alamar” y Rosalía Rosales, de la Camerata Cortés, presidida por el también flautista José Luis Cortés “El Tosco”.

Interpretaron varios chachachás y danzones como el conocido “Fefita”. De fondo los cuatro violines de la orquesta, más el de Rafel Lay al frente, que completaron junto a las flautas el sello inconfundible de la Aragón.  

Temas emblemáticos fueron coreados y bailados por los asistentes de pie en el teatro. “El Bodeguero”, “Pare Cochero” y otros contaron con la maestría de Néstor Torres quien fue vitoreado al final y se llevó a casa, además de un reconocimiento del Festival Jazz Plaza, la calidez del público y los músicos cubanos que tanto habían esperado para disfrutar al mago boricua de la flauta.    


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