Estos puertorriqueños migraron a Florida luego del huracán María, pero decidieron establecerse fuera la ciudad.

Davenport / Clermont“Si me llego a quedar en Puerto Rico, hubiese estado en la cifra de los 3,000 que se murieron después del huracán”, dijo Gloryvee Sánchez al explicar cómo una crisis de salud la obligó a mudarse del municipio de Florida al estado del mismo nombre.

Su diabetes se descontroló y la crisis que el huracán desató en la isla a partir del 20 de septiembre de 2017 hizo imposible que apareciera un endocrinólogo y otros especialistas que la estabilizaran. Tomar un avión fue la ruta salvavidas y tras una semana en Florida Central su cuadro clínico mejoró notablemente.

Entonces, cuando Gloryvee y su familia decidieron que se quedarían a vivir en Florida, tenían claro dónde debía ubicar el nuevo domicilio.

“Decidimos que no queríamos vivir ni en Kissimmee, ni en Orlando. Allí hay demasiada gente y mucho bullicio”, explicó.

Dicen que encontraron el lugar perfecto en el Condado de Polk, en la ciudad de Davenport

“Y cuando nos haga falta lo boricua, pues nos vamos para Kissimmee y nos metemos en el área de los ‘Food Trucks’”, dijo.

Encontraron colinas en Florida

La estilista de Pelos Barbershop & Salon, Carianis Yambot, conversa con su hija Jarianis Ayala. (Especial para GFR Media / Carla D. Martinez)

Una hora más al norte está la ciudad de Clermont, uno de los lugares más altos de Florida. Se caracteriza por tener las lomas y colinas que a Emanuel Román le recuerdan el terreno montañoso de Puerto Rico. A esa ciudad, que ubica en el Condado de Lake, se mudó Román y allí también abrió hace dos meses su negocio: un híbrido entre barbería para hombres y salón de belleza para mujeres que bautizó con el nombre de “Pelo’s Barbershop y Salon”.

Llegó aquí buscando alejarse del estilo de vida que lo rodeaba en Bayamón, Puerto Rico.

“Le vengo huyendo al tapón y al bullicio al que estaba acostumbrado en Puerto Rico. Además, aquí encontré buenas escuelas para mis hijas”, dijo el hombre.

Su empleada, la estilista Carianis Yambot, también llegó y se estableció en Clermont desde Ponce, municipio en donde vivió el potente paso del huracán María. Su fuerza no solo arrancó árboles y viviendas del Barrio Tiburones, sino que le quitó su trabajo, pues la falta de agua y electricidad le impedía ejercer su vocación de peluquera.

“Como no podía trabajar, me fui el 7 de noviembre de 2017. Y como el barrio Tiburones es un sector rural y tranquilo, busqué vivir en Clermont que es mas o menos así. Es rural, medio campo, pero tampoco estoy lejos de Orlando ni de Kissimmee”, dijo la estilista.

“No hay muchos boricuas, pero hay hispanos de otros países y cuando llegué me recibieron bien y me integraron”, agregó su hija, Jarianis Ayala, quien labora como recepcionista en el negocio.

Miran a la costa oeste de Florida

El Condado de Pinellas –a dos horas al oeste de Orlando- es otro destino al que han llegando los puertorriqueños.

“Luego de María, se estima que 50,000 boricuas llegaron a moverse a este condado. Luego, muchos se fueron a estados como Filadelfia, Chicago y Nueva York, pues allá había más ayudas sociales, pero como no pudieron con el frío, algunos regresaron a Florida”, dijo Eliseo Santana, presidente de la Liga de Ciudadanos Latinoamericanos Unidos (Lulac) en Pinellas.

“Han estado llegando principalmente a dos ciudades del Condado de Pinellas, a Clearwater y a St. Petersburg, pues el costo de la vivienda en Orlando es demasiado alto. Además, en este condado hay playas, que les recuerdan a Puerto Rico, y hay mucho empleo. La ciudad no es tan grande, se siente como un pueblito de Puerto Rico, pero tiene todos los servicios”, contó.

La trabajadora social toabajeña, Viviana Sánchez Torres se mudó a Clearwater, pues fue donde apareció una vivienda a través de programa de vivienda federal de la Sección 8. Se movió a Florida para buscar nuevas oportunidades, pero el alto costo de la vivienda la empujó bien al oeste.

“Aquí no hay muchos puertorriqueños. De hecho, hace poco me casé con uno de los pocos que hay y realmente es nuyorican”, contó.

Más al sur de Pinellas, está el Condado de Manatee, donde el abogado y psicólogo boricua, César Juarbe, se instaló.

“Jamás en mi vida pensé vivir fuera de Puerto Rico. Pero luego el huracán, perdí mi casa, no fluía el trabajo y me mudé a Florida. Vine solamente a quedarme un tiempo, pero me quedé”, dijo el hombre natural de Isabela, en entrevista telefónica desde la ciudad de Bradenton, donde vive.

“En Orlando uno se siente que está en una plaza de recreo de Puerto Rico, y vas a cualquier lugar o tienda y los empleados son boricuas. Pero aquí no. Aquí el hispano que más abunda es el mexicano y los lugares de comida también son mexicanos”, dijo.

Pero se trata de un lugar tranquilo, y como casi ningún residente original habla español, su bilingüismo se ha vuelto muy útil a la hora de que alguien necesite comunicarse con algún hispano.

“Hay instalaciones médicas buenas y tienes todos los servicios y las instalaciones cerca, casi al cruzar la calle. Es como una gran metrópolis, pero sin los problemas de una gran ciudad. Me siento cómodo, sí, aunque me siento fuera de mi hábitat pues no se hay ni una montaña”, dijo.


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