El ciclón de categoría 4 amenaza con acercarse a la costa de Florida a principios de la semana

Satelitte Beach – Cuando el gobierno del Condado de Brevard (como a 50 millas al este de Orlando) ordenó el desalojo de miles de familias en zonas vulnerables ante el paso cercano del huracán Dorian, los puertorriqueños Lolimary Rosario y Edwin Troche ya preparaban su equipaje para dejar su residencia.

Compraron su hermosa residencia hace aproximadamente un año en un área que está a minutos de la playa sabiendo que la belleza del lugar vendría acompañada de momentos complicados como el que vivieron ayer cuando tuvieron que dejar la casa no sin antes poner tormenteras y colocar bolsas de arena en las puertas delanteras y traseras.

Para Lolimary, maestra ponceña, esto revolcó en su alma la pesadilla que vivió en Puerto Rico durante el paso del huracán María. En esos días, se encontraba en la isla atendiendo compromisos profesionales cuando el ciclón llegó.

El trauma que siente es por desconocer cómo será pasar las secuelas del huracán en un país que no es el suyo, y sin contar con esos familiares cercanos que constituyen un sistema de apoyo emocional.

“En la Isla hice filas de cinco horas para conseguir huelo y aún con dinero no podía comprar comida pues no había nada. Me preocupa el no saber cómo van a ser esos días aquí luego del huracán, ni cómo será el proceso de recuperación de los servicios”, declaró mientras terminaba de preparar su equipaje.

“Es mandatorio evacuar en esta zona pues la playa está ahí y porque los puentes para llegar a esta zona los cierran una vez entre en vigor el desalojo mandatorio. Si decides quedarte, después del huracán nadie entrará a ayudarte. Nadie va a entrar a un lugar donde se ordenó un desalojo”, explicó Troche, natural de Yauco.

La pareja sabía que el huracán Dorian cambió su ruta y no golpeará directamente a Florida. “Pero esa tormenta ha sido bien diferente y no confío en ese huracán, ni en ese giro que dio. Creo que nos puede afectar de manera fuerte aun cuando el ojo no entre”, dijo el hombre.

La pareja agarró sus maletas. Las echaron en su auto y partieron. Salieron a Orlando, en el centro de Florida, y buscarían un hotel de la zona donde refugiarse. El desarreglo que esta movida no planificada tuvo en el presupuesto familiar se evaluará más adelante, cuando las aguas bajen a su nivel.

Se alistan en Kissimmee

Mientras, en la mañana de hoy Newilka Maldonado, natural de Toa Alta, y su esposo Néstor, toabajeño, sudaban la gota gorda mientras echaban arena en pequeños sacos blancos en un centro de distribución que estableció el Condado de Osceola, en la zona central de Florida.

Los colocarían alrededor de su casa móvil para tratar de protegerla de la inundación que se espera aun cuando el ojo del ciclón no tocará directamente a la Florida.

“Será como un pequeño dique y luego que lo pongamos nos iremos a la casa de unos amigos en Poinciana. El Condado de Osceola siempre recomienda a los que vivimos en ‘movil homes’ que no nos quedemos pues es peligroso”, dijo Néstor sin soltar la pala con la cual llenaría las 25 bolsas que le entregó un empleado del ayuntamiento.

Al menos en este condado, cada ciudadano tenía derecho a 25 bolsitas de nilón. Cada cual tiene que llenar los suyos, lo que convierte el ejercicio en una tarea ardua considerando el endemoniado calor de hoy. Cada condado estipula sus reglas en cuando a los sacos de arena. En algunos condados, se entregan 10 sacos por familia y en otros se suministran ya rellenos de arena.

Cerca de otro montículo de arena blanca estaban Ricky Rubio, de Río Grande, y Jerry Met, de Ponce.  “Estamos llenando sacos, pero no para nosotros, sino para unos viejecitos que no pueden llegar aquí a hacer esto”, dijo Met. “¡Nunca había trabajado tanto! ¡Dorian, renuncia!”, gritó Rubio en tono de broma como para aliviar la ansiedad que viven los boricuas en la Florida central ante el hecho de que el huracán se dejará sentir en todo el estado, aun cuando parece alejarse.

Ángel González, de Vega Baja, también llenaba saquitos para unos vecinos. “Llevo viniendo aquí desde el jueves cuando abrieron este centro. Vivo en Buenaventura Lakes y allí siempre se inunda. Imagínate que se inunda con los aguaceros que caen aquí todas las tardes”, dijo el hombre quien llevaban una gorra que lucía la bandera puertorriqueña.

“En Florida haces un boquetito en la tierra y sale agua. Esto es bien inundable aquí”, comentó.

En otro lado, Lucy Narváez, natural de Humacao, le sometía con intensidad a un gran montículo de arena. Llevaba un pañuelo en la cabeza para tratar que el sudor le cayera en sus ojos. “Cuando el huracán Irma en el 2017 ya viví la mala experiencia de que se me metió el agua a la casa por el garaje. Te voy a decir, estos sacos ayudan un poco pero cuando es mucha la lluvia no sirven de nada”, declaró.

“Hay que protestar para que en Buenaventura Lakes arreglen los drenajes”, afirmó. Buenaventura Lakes es una comunidad en Kissimmee predominantemente boricua y llegar allí es como arribar a un sector de Bayamón o Carolina.

Sentado en su guagua blanca, Don Carlos Arroyo, también ponceño, miraba a su esposa Martina quien con magistral dominio enterraba la pala en la arena y luego vaciaba en los saquitos de nilón. “Tengo la espalda mala. Por eso no puedo palear”, dijo el hombre quien en una época trabajo en tareas de manejo de emergencia y hoy día está retirado.

El poderoso huracán Dorian dio un giro al este esta mañana y parece que no tocará tierra floridiana. Pero esto está lejos de suponer que el peligro ha pasado para este estado. El tamaño de huracán y su fuerza ya casi cercana a un categoría cinco hace pensar a los expertos que este estado sentirá cientos y mucha lluvia.


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