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Postales de una vuelta al mundo: fantásticas escalas en las Américas

El viaje alrededor del mundo, a bordo del barco Regent Seven Seas Mariner hizo paradas en Colombia y México, antes de partir en dirección al Pacífico

4 de febrero de 2026 - 11:10 PM

El Arco es una formación rocosa de granito natural, icónica de Cabo San Lucas, en México. (Georgina Cruz/Especial para El Nuevo Día)
El Arco es una formación rocosa de granito natural, icónica de Cabo San Lucas, en México. (Georgina Cruz/Especial para El Nuevo Día) (Suministrada)

Entre los muchos atributos de las Américas algunos de nuestros favoritos son sus bellezas naturales, espectacular flora y fauna y el espíritu de osadía que siempre me dejan llena de admiración. Durante la vuelta al mundo del barco Regent Seven Seas Mariner zarpande desde Miami este enero buscamos estas cualidades y otras en los puertos.

Durante dos días navegando hacia América del Sur tuvimos oportunidad de disfrutar de la piscina, salones públicos, restaurantes alternativos, espectáculos y tés musicales del barco y con mucha emoción llegamos a nuestro primer puerto: Cartagena, Colombia. Nos unimos a una excursión incluída del crucero por la ciudad.

Cruzar el Canal de Panamá es una experiencia inolvidable. (Georgina Cruz/Especial para El Nuevo Día)
Cruzar el Canal de Panamá es una experiencia inolvidable. (Georgina Cruz/Especial para El Nuevo Día) (Suministrada)

El paseo nos dió una introducción a Cartagena de Indias, una romántica ciudad amurallada de América del Sur visitando el Castillo de San Felipe, una imponente fortaleza del Siglo XVII, construida durante la era colonial española para proteger contra ataque pirata, incluyendo al temible Francis Drake que una vez la saqueó.

Además del Castillo la excursión nos llevó a visitar varios barrios, algunos con arquitectura colonial y otros distritos modernos. Puntos de interés incluyeron el Teatro Adolfo Mejía que data de 1911 y fue construido para conmemorar un siglo de independencia y la torre de reloj en la antigua entrada a Cartagena, al igual que el casco histórico con sus iglesias, monasterios y palacios. Nos encantaron las pintorescas calles del centro histórico con sus balcones adornados con buganvillas y otras flores y tuvimos oportunidad de sacarnos una foto con una burrita, María, que lucía un lindo sombrero adornado con flores. ¡Nos hubiera gustado llevárnosla a casa!

Castillo San Felipe, en Cartagena, Colombia. (Georgina Cruz/Especial para El Nuevo Día)
Castillo San Felipe, en Cartagena, Colombia. (Georgina Cruz/Especial para El Nuevo Día) (Suministrada)

Al regresar al barco encontramos un mini zoológico, el Oasis del Puerto (“Port Oasis”) con pavorreales y una variedad de otras preciosas aves, al igual que iguanas y otros animales. También cerca de la terminal de cruceros se encuentra el Café Juan Valdés, que sirve ese delicioso producto de Colombia.

El Canal de Panamá, no importa cuantas veces uno lo ha cruzado, siempre maravilla, fue otro punto destacado de los comienzos de nuestra circunnavegación. El día estaba nublado y llovió en varias ocasiones durante el cruce que tomó más de ocho horas, pero así y todo nos pasamos gran parte del tiempo en cubierta disfrutando de las vistas mientras pasamos las compuertas del canal que se inauguró en 1914 y que se extiende por 50 millas en el istmo de Panamá, permitiéndonos en unas horas, en vez de en semanas, navegar del mar Caribe al océano Pacífico. El personal del barco dio paso a los pasajeros que iban a hacer la circunnavegación al área de la cubierta de la proa para que pudiéramos ver bien el panorama y las primeras esclusas del lago Gatún. Un narrador panameño nos dió detalles sobre el Canal, que es una de las maravillas de ingeniería del mundo moderno, y datos sobre la jornada. Cada vez que pasamos por las esclusas Pedro Miguel y Miraflores del Canal nos parece que podríamos extender los brazos y tocar sus paredes. ¡Impresionante!

Centro histórico en Cartagena, Colombia. (Georgina Cruz/Especial para El Nuevo Día)
Centro histórico en Cartagena, Colombia. (Georgina Cruz/Especial para El Nuevo Día) (Suministrada)

Del Canal de Panamá procedimos a visitar puertos en Centroamérica. Una excursión favorita fue una visita al santuario de jaguares y guacamayas, Natuwa, cerca de Puntarenas, Costa Rica, donde por cierto, nos dieron una bienvenida preciosa al puerto con jóvenes en vestido tradicional y hasta personajes incluyendo una guacamaya y un mono. Esta excursión incluida nos encantó, pues siempre en nuestros viajes tratamos de ir a lugares que tienen metas altruistas que ayudan a comunidades, el medio ambiente y otras actividades dignas.

Natuwa rescata animales que han sido heridos, maltratados o que fueron mascotas abandonadas y les ofrece un refugio para pasar el resto de sus vidas. Entre los animales que vimos se encuentran monos, tapires, guacamayas y jaguares, entre estos últimos uno cuya madre fue arrollada por un vehículo cuando era un bebé y no hubiera podido sobrevivir si no lo rescatan. De regreso a Puntarenas, tuvimos tiempo para explorar las cercanías del puerto y ver su catedral neogótica.

En Puntarenas, Costa Rica está el santuario Natuwa, donde los visitantes pueden ver jaguares y guacamayas. (Georgina Cruz/Especial para El Nuevo Día)
En Puntarenas, Costa Rica está el santuario Natuwa, donde los visitantes pueden ver jaguares y guacamayas. (Georgina Cruz/Especial para El Nuevo Día) (Suministrada)

Dos puertos en México fueron los últimos que visitamos en las Américas: Acapulco y Cabo San Lucas. En Acapulco tomamos un tour incluido que nos llevó a ver a sus famosos clavadistas de La Quebrada. Estos intrépidos clavadistas profesionales han estado maravillando a visitantes desde 1934, lanzándose de una altura de 98 o 135 pies a un canal estrecho bordeado de una colina. Tienen que cronometrar su inmersión con precisión ya que la profundidad del agua varía de 16 a 19 pies según las olas. Yo los había visto hace unas décadas durante un crucero a la Riviera Mexicana y quedé maravillada de nuevo, haciéndoles un brindis a la osadía de los clavadistas que vimos desde el Hotel La Perla junto a la colina. La excursión concluyó con un baile folclórico, paseo por las playas legendarias de Acapulco y una vista de la fantástica Bahía de Acapulco con sus modernos edificios.

La visita a Cabo San Lucas fue nuestra tercera al puerto, la primera vez fuimos en pos de ballenas, viendo una espectacular ballena azul de cerca, desde un zodiaco, pudiendo apreciar su inmensa boca en forma de U y el reflejo azul que proyectaba en el agua. ¡Una experiencia increíble!

La autora Georgina Cruz junto a su esposo Humberto, disfrutando del atardecer en Cabo San Lucas, en México.
La autora Georgina Cruz junto a su esposo Humberto, disfrutando del atardecer en Cabo San Lucas, en México. (Georgina Cruz/Especial para El Nuevo Día) (Suministrada)

Esta vez nos deleitamos con la vista de El Arco, la formación rocosa de granito natural, icónica de Cabo San Lucas que tiene una colonia de leones marinos residentes. La vista de El Arco al amanecer resultó espectacular.

Fue el perfecto broche de oro para cerrar nuestras visitas a las Américas y prepararnos para el cruce del océano Pacífico que nos tomará cinco días para llegar a Hilo, Hawái.

Momentos especiales abordo incluyeron cenas con especialidades latinas y mariscos en el restaurante de la piscina, espectáculos al estilo de Broadway, tes temáticos y cócteles con entretenimiento musical.

Datos superlativos de la travesía

Más delicioso: El soufflé de queso durante la cena en Chartreuse, un restaurante francés a bordo.

Más emocionante: El espectaculo de los clavadistas de Acapulco.

Más bello: El amanecer en Cabo San Lucas.

Más simpático: El encuentro con la burrita María.

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