

21 de febrero de 2026 - 11:10 PM


Hasta hace unos años, una travesía desde Galveston, Texas no estaba en mi lista de prioridades viajera. Ese panorama cambió drásticamente, porque ese puerto de Texas, a una hora y media de Houston, se ha ido situando como uno de los primeros de Estados Unidos, atrayendo modernos cruceros. El momento de navegar desde allí, llegó de la mano de MSC Cruises, en una travesía en el MSC Seascape, por el Caribe Occidental visitando Cozumel y Costa Maya (México) y Roatán, en Honduras, en el MSC Seascape.
Era enero, un mes donde el invierno trajo temperaturas bajas récords en algunos lugares, incluidas ciudades de Texas, así que al zarpar miramos el paisaje a través de los grandes ventanales del barco y desde el balcón. Solo unos cuantos “atrevidos” que se podían contar con los dedos de las manos, estaban en los jacuzzis al exterior, bajo una temperatura de 40 grados Fahrenheit y fuerte brisa. El clima mejoró un poco acercándonos al Caribe, aunque en general el sol fue escaso.
Y ahí fue donde la magia del enorme crucero, con capacidad para 5,877 pasajeros, se dejaba sentir. En el exterior, algunos nubarrones y dentro parecían vacaciones perfectas para pasajeros de cualquier edad. Una gran piscina climatizada resultó ideal para disfrutar y compartir en familia, sin afectarse por el clima. El barco tiene varias, algunas con chorreras, piscina infinita y múltiples jacuzzis, por lo que siempre hay espacio para los pasajeros que prefieren esta actividad. Además, tiene una de hidromasaje en el Aurea Spa, perfecta para despojarse del stress.

También había piscina en privada en el Yacht Club, la exclusiva área multipisos, separada del resto del barco, donde estaba nuestra suite. Es el espacio idóneo para consentirte al máximo, con concierge pendiente de cada detalle y Mary, nuestra mayordomo, que no escatimó para complacer todos nuestros pedidos como bebidas sin alcohol diariamente en nuestra nevera, la botella de nuestro licor preferido, reservar o hacer cambios en las reservaciones, hasta buscar la mejor almohada. Ella nos escoltaba a los restaurantes y al teatro, donde teníamos un área reservada o a la entrada y salida del barco.
Hemos viajado en diferentes barcos de la empresa en su Yacht Club, y el servicio no desmejora, al contrario, eleva su nivel. El del Seascape es uno de los más grandes de la flota, que cuenta con su restaurante de excelente comida y atenciones, sin gentío ni rush, y el personal atento, complaciendo los gustos de los pasajeros, hasta el Top Sail Lounge, un enorme espacio interior y con terraza exterior para buenos cafés, canapés y bebidas incluidas a toda hora (nuestro gran favorito). Por la noche, en el lounge nos deleitaba Simone, un joven pianista italiano, que es todo un virtuoso.

El Yacht Club, ubicado al frente del barco, tiene un deck superior con piscina, jacuzzi y restaurante al aire libre, para desayunos y almuerzos, tipo bufé, con carnes, mariscos, ensaladas, hamburguesas y postres divinos. Es amplísimo, ideal para tomar el sol y tiene cabañas para mayor privacidad (tiene costo adicional).
Uno de los grandes atractivos de los barcos de MSC es la relación valor-precio que representan cuando se comparan sus tarifas con otras líneas de cruceros, incluyendo las de suites y ofrecimientos exclusivos y esto incluye viajar en el Yacht Club.
La experiencia de ese espacio exclusivo provoca quedarse dejándose mimar, pero el barco tiene tantas opciones de entretenimiento, de vida noctura y de comida, que bien la pena salir y experimentarlas. Entre ellos, sus restaurantes de especialidad (Hola Tacos & Çantina, Butchers’ Cut (siempre nuestro favorito) y el Ocean Cay, que tiene el “chowder” de maíz y cangrejo más sabroso ), chocolatería Venchi (costo adicional), hasta el casino, música bailable de varios géneros, incluyendo latina con un dúo dominicano, “dueling piano”, la “Lone Star”, una banda musical residente, night clubs, la fiesta de blanco, catas de vino, juegos y concursos. También tienen un excelente y variado programa de actividades para niños y jóvenes.
Para entretenimiento intenso suba a Robotron, que combina la adrenalina y movimiento de una montaña rusa con música (y lo pone de cabeza), o cruce el Puente de los Suspiros, en el piso 16, que le pone el mar a sus pies (y ofrece fantástica oportunidad de fotos).
En este viaje del Seascape no faltó la influencia tejana. Pasajeros locales, souvenirs de botas, cocteles inspirados en Texas, menú con BBQ y sabores sureños y del Golfo, le dan otra dimensión a esa travesía.
Puede aprovechar su día de embarque o desembarque para ver algunas atracciones de Galveston y hacer pre y post tour en Houston o Dallas (a unas 4 ½ horas). Para MSC Cruises las travesías de uno de sus barcos más nuevos y modernos, todo el año, representan la expansión en Estados Unidos de sus cruceros europeos, con las comodidades para el mercado norteamericano.
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