José Rosado contó su experiencia con el COVID-19 en un aparte de un evento que realizó en Juncos el pasado fin de semana para exponer ante escuchas del patio el talento de su sobrino Edgardo Villegas. (David Villafane/Staff)

El exlanzador de las Grandes Ligas José “Cheo” Rosado respira aliviado al preguntarle sobre su diagnóstico de COVID-19 el pasado julio. Aunque tuvo temor tras contagiarse con la mortífera enfermedad, los síntomas no fueron peores que una monga.

El susto del puertorriqueño de 45 años fue mayor al ver a su familia contraer el virus, quienes también pudieron recuperarse sin mayores complicaciones.

“Dios ha sido bueno porque he tenido mongas que me han debilitado físicamente y más delicadas que en esta ocasión”, expresó Rosado a El Nuevo Día durante un “showcase” de su sobrino y prospecto Edgardo Villegas en Juncos.

Hay que ser prudente en todas esas cosas. Deberíamos hacerlo con o sin pandemia. Creo que el pueblo de Puerto Rico y el mundo entero ha podido reflexionar sobre el tema de la higiene

Cheo Rosado

“No es algo que el apoyo de la familia es positivo porque si se te pegan se le pega. Eventualmente, fue algo así. Pero, en oración por las personas que están expuestas y por las familias que han pasado por situaciones peores con la enfermedad”, agregó.

Rosado, quien reside en Tampa debido a su trabajo como coach en el sistema de liga menor con los Yankees de Nueva York, desconoce cómo o dónde estuvo vulnerable al coronavirus que ha matado a más de 190,000 personas en Estados Unidos solamente, según datos de la Universidad de Johns Hopkins.

Sus salidas en medio de la pandemia se han visto limitadas a los supermercados y puestos de gasolina. Una mañana durante el verano, se levantó con dolor de cabeza y fiebre. No titubeó en ir a un laboratorio para realizarse la prueba. Ocho días después, cuando perdió el paladar y el olfato- síntomas asociados al COVID-19- el resultado fue positivo.

“Entendimos que tomamos todas las precauciones. Una vez llegó el resultado, tuvimos el cuidado de no exponernos afuera para evitar que otras personas contrajeran el virus. No salí del cuarto por diez días, pero ya todo el mundo estaba contagiado. Fue delicado, pero aquí estamos. Dios nos cuidó”, indicó.

Su esposa e hija mayor, Génesis, se contagiaron, menos José, su hijo menor. Luego de experiencia agridulce, Rosado enfatizó en la importancia de la higiene en todo momento.

José Rosado enfrentó la enfermedad junto a su esposa e hija. (David Villafane/Staff)

“Hay que ser prudente en todas esas cosas. Deberíamos hacerlo con o sin pandemia. Creo que el pueblo de Puerto Rico y el mundo entero ha podido reflexionar sobre el tema de la higiene”, sostuvo.

Incertidumbre con la liga menor

El otrora lanzador zurdo de los Royals de Kansas City, quien militó con la novena desde 1996 hasta 2000 cuando una negligencia en una operación le tronchó su carrera, trabaja para los Yankees de Nueva York desde 2011. Rosado figura como coach de pitcheo de los Tarpons de Tampa, filial de la novena del Bronx en Clase A Alta.

Debido a la pandemia, la temporada de liga menor quedó cancelada. Rosado ha escuchado que los Yankees ponderan realizar unos entrenamientos con su matrícula en octubre, pero la idea todavía está en el tintero.

“Esto es como estar en la lista de lesionados porque no hubo temporada. Pero estamos con ellos gracias a Dios. He tenido la experiencia de coachear en todos los niveles. Creo que esta carrera como coach es sacrificada y toma tiempo, y tengo la oportunidad de trabajar en Tampa donde vivo junto a mi familia. Hasta ahora, no hay nada seguro, pero se escucha de que puede haber una liga instruccional donde el mejor talento de la organización se reúne para llevar a cabo un mes de entrenamiento para que estén en forma”, compartió.

“El sistema de liga menor está en un momento incómodo para todo pelotero porque a todos les gustaría estar jugando, al igual que los coaches para estar presente”, añadió.