

29 de septiembre de 2026 - 10:42 PM


Una de las personas con mayor credibilidad boxística que vio de cerca la pelea Bernard Hopkins vs. Tito Trinidad y tuvo acceso privilegiado a sus protagonistas contó una fascinante historia, digna del 25 aniversario de aquel megacombate que enmudeció a Puerto Rico.
Se trata del juez y árbitro Stanley Christodoulou, quien trabajó como oficial en el combate y publicó en 2019 sus memorias sobre el boxeo. En ellas incluyó un capítulo dedicado a la histórica pelea, celebrada un día como hoy hace 25 años en el Madison Square Garden de Nueva York.
En su libro The Life and Times of Stanley Christodoulou: The Remarkable Story of World Boxing’s Championship Referee and Judge, Christodoulou relata que inicialmente veía al boricua como favorito para vencer a Hopkins. Sin embargo, su percepción cambió una noche en Nueva York, cuando escuchó de cerca el análisis que el estadounidense hacía sobre el estilo del puertorriqueño.
El pronóstico de Christodoulou estaba basado, en parte, en lo que había presenciado como juez en la contundente victoria por nocaut de Trinidad sobre William Joppy el 12 de mayo de 2001 en el Garden. Aquel triunfo preparó el escenario para el esperado enfrentamiento entre Tito y Hopkins.
Pero su pronóstico comenzó a tambalear esa misma noche, cuando tuvo un encuentro fortuito con Hopkins en el vestíbulo de un hotel en Nueva York.
“Yo estaba convencido de que Trinidad tenía muchas probabilidades (ante Hopkins). Estaba invicto en 40 peleas. Era un peleador excepcional”, escribió Christodoulou, con la coautoría de Graham Clark.
“Pero cuando me iba del Garden, de camino al hotel luego de ver a Trinidad demoler a Joppy, escuché voces que procedían del elevador del lobby. Mi vista estaba obstaculizada por anuncios de auspiciadores, pero sí podía escuchar claramente que el tema era Félix Trinidad”, continuó Christodoulou sobre aquella noche del 12 de mayo de 2001, poco más de cuatro meses antes del combate.
“Según me acerqué, me di cuenta de que se trataba de un círculo de gente alrededor de Bernard Hopkins, quien les dijo: ‘Lo tengo medido. Le ganaré fácilmente’”.

Hopkins terminó cumpliendo aquella predicción. Fue tomando control del combate a medida que avanzaban los asaltos, como si hubiese descifrado al ídolo de Cupey Alto, hasta imponerse por nocaut técnico en el duodécimo y último episodio para proclamarse campeón indiscutido de las 160 libras.
Christodoulou abundó en su libro sobre aquel encuentro con Hopkins la noche del 12 de mayo.
“Su tono era calmado, nada alterado”, recordó.
“(Hopkins) había estado en ringside (de Joppy-Trinidad) analizando a su próximo oponente. Lo escuché a una distancia prudente, fascinado con su evaluación de Trinidad. Y continuó diciendo que encontró una apertura en la guardia de Trinidad, una a la que le sacaría provecho. Al detalle, dijo que se trataba de una situación técnica, no una debilidad, sino una técnica que creaba un patrón: el dar un doble paso al iniciar su ofensiva. Él buscaría contrarrestar esa técnica”.
Fuera casualidad o consecuencia de la estrategia que Hopkins había trazado alrededor de aquel “doble paso”, don Félix Trinidad ha dicho que Tito nunca pudo penetrar la guardia del estadounidense, a quien describió como “marrullero” y “disciplinado” durante el combate.

Antes de Hopkins-Trinidad, Christodoulou ya había trabajado en numerosas megapeleas. Fue el tercer hombre sobre el ring en Pryor-Argüello I, además de Hagler-Durán y Hearns-‘Pipino’ Cuevas. También ejerció como juez en grandes combates como De la Hoya-Pacquiao, entre otros.
Christodoulou, quien se retiró en 2024, escribió que, como todo oficial, aspiraba a trabajar en las peleas más importantes.
Por eso, cuando recibió la asignación para Hopkins-Trinidad, se emocionó. También fue testigo del ambiente que rodeó el combate: por un lado, el sentimiento patriótico estadounidense tras los recientes atentados del 11 de septiembre y, por otro, el orgullo de los puertorriqueños que acudieron a respaldar a Trinidad.
“¡Tito! ¡Tito! ¡Tito!”, coreaba el público de manera ensordecedora cuando Trinidad conectó un gancho en el primer asalto, describió Christodoulou en su libro.
Christodoulou tenía la pelea igualada en su tarjeta después de seis asaltos. Fue entonces cuando comenzó a notar cómo Hopkins tomaba el control, tal como lo había escuchado anticipar aquella noche del 12 de mayo en Nueva York.
“Mientras más avanzaba la pelea, más Hopkins imponía su autoridad, justo como había dicho que haría aquella noche en el hotel meses antes. Controló a Trinidad con relativa facilidad...”, apuntó.
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