La veterana actriz aborda temas como el incesto y el discrimen a través de la obra "Otoño en familia", una pieza escrita por la dramaturga Myrna Casas y que estrena el 23 de agosto en el Centro de Bellas Artes de San Juan.

La actriz Ángela Meyer se aproxima a una nueva puesta en escena. En apenas tres días, el 23 de agosto, será el estreno de la obra de teatro “Otoño en familia”, escrita por la laureada dramaturga puertorriqueña Myrna Casas.

Para ser una actriz con cinco décadas de experiencia, tanto en teatro como en televisión y otras disciplinas de las artes, Meyer espera el día con un entusiasmo que sorprende. ¿La razón? Es una artista que afirma vivir en un eterno romance con su vocación, pero además esta vez le dará vida a un personaje que fue específicamente creado para ella por alguien a quien admira profundamente.

“Me siento más que privilegiada porque cuando la escribió, me la mandó con una nota que decía: ‘para que la haga Ángela Meyer’. Esos honores, cuando se reciben de una persona como Myrna Casas, representan una doble responsabilidad, pero también es mucho el agradecimiento”, explicó.

Sentada en un sofá blanco del apartamento que ha sido su hogar durante 23 años, Meyer conversa rodeada de obras de arte, varias de ellas son estampas puertorriqueñas pintadas por artistas como Wichie Torres. En las mesas hay fotos familiares, algunas en blanco y negro, incluyendo una que congela el acto de magia que durante su juventud solía realizar junto a su tío. Consistía de quedar suspendida sobre dos escobas. En este y otros detalles que abundan en su espacio queda evidenciado cuánto atesora la actriz su niñez dentro de una familia de artistas. Su abuelo tenía una gran compañía de magia y varieté. Tras años de aventurar por el mundo, Meyer debió dejar atrás esa etapa debido a una dolencia por el esfuerzo que conllevaba realizar el truco.

Hoy se le ve contenta, en armonía con su entorno, donde a juzgar por el trato amoroso que reciben de ella, las reinas son sus dos perras: Muñeca y Princesa. Las dos parecen bailar alrededor suyo cuando camina, cuidando sus pasos constantemente. Los animales, a quienes Meyer llama “mis hijas”, se trepan en su falda y ladran de vez en cuando, como avisando que ahí están para protegerla.

“Ya, ya, que nadie nos va a comer”, les dice con dulzura para calmar sus ladridos antes de hablar sobre la obra de teatro que subirá a escena hasta el 1 de septiembre en la sala experimental del Centro de Bellas en Santurce.

Otoño en familia” es la segunda de un compendio de cuatro obras inspiradas en las estaciones del año y se desarrolla en el Puerto Rico de la década de los años 50.

“Es la historia de una familia puertorriqueña y, como todas las familias que viven de las apariencias, para la gente es maravillosa, pero de puertas hacia adentro hay un mundo de odios, de deseo, de venganza, de terminar con todo. Toca dos temas importantes: el incesto, que hoy existe mucho todavía, sobre todo en el interior de la isla y el discrimen por orientación sexual”, explicó la actriz.

En este trabajo, que considera muy importante para el teatro puertorriqueño, Meyer comparte con un experimentado elenco integrado por Jorge Luis Ramos, Sara Jarque, Camila Monclova, Marangelie Vélez, Luis Obed y Zaiedd Vélez. La dirección está a cargo de Dean Zayas.

La obra de teatro presenta al Puerto Rico de costumbres arraigadas, donde todo tenía que ser perfecto, que es similar al vivido por la actriz durante su infancia, pues en 1953 ella tenía 6 años. Meyer aún tiene vivos en su memoria muchos recuerdos de cómo transcurría la cotidianidad familiar en aquel entonces.

Con nostalgia, rememoró las cenas familiares diarias, en las que se conversaba en torno a la mesa, de manera ordenada y respetuosa. Su familia, como era típico en aquellos años, era patriarcal. Tanto así, que nadie comenzaba a comer si el padre no lo había hecho primero. Y si el plato del día era pollo, cada parte del ave se repartía según la edad de sus miembros.

“Al papá siempre le tocaba la pechuga”, aclaró la actriz. Mientras, las patas de pollo, le correspondían a los más pequeños, dijo entre risas.

Aunque a su juicio, en varios aspectos las cosas han cambiado para mejorar, hay costumbres que la actriz echa mucho de menos.

“En estos tiempos actuales se me hace muy difícil muchas veces conocer a la gente, compartir con ellos, porque comparten con el celular en la mano. Hay una campaña en televisión española que dice “levanta la cabeza”. Cuando llegues a tu casa, levanta la cabeza. A mí me parece hermosísimo porque ya no se dialoga, no se habla. Uno no sabe qué quieren los niños ni qué problemas tienen, ni se infunden valores como antes”, comenta.

Meyer opina que sobre los temas principales que se presentan en la pieza de teatro, Puerto Rico mantiene creencias que no benefician a nadie. Entre ellas, el discrimen que todavía existe hacia la homosexualidad.

Frente a problemáticas como esta, la actriz siempre ha sentido la necesidad de expresarse. Cumple la que considera su responsabilidad de aportar al país levantando su voz para denunciar acciones que considera incorrectas. Así lo hizo recientemente, cuando se unió al reclamo para exigirle a Ricardo Rosselló la renuncia al cargo de gobernador. Algunos se sorprendieron, porque si algo ha dejado claro Meyer es su ideal estadista. Pero ella aclara que su compromiso con la justicia es para todos por igual porque necesita “poder mirarte a la cara”.

Al reflexionar sobre lo que más leduele sobre la situación actual que vive Puerto Rico, Meyer se refirió a la descomposición de su liderato.

“Me avergüenza que estamos perdiendo la fe en los políticos que son nuestra voz, los que ponen las pautas en estas guerras de poder absurdas. Me duele el vocabulario, la vulgaridad, el planear maquiavélicamente cómo destruir reputaciones. Me duele porque pensé que Ricardo Rosselló iba a hacer lo indecible por ser el mejor gobernador de este país para limpiar la fama que tenía su papá y lo que hizo fue abundar a que Rosselló casi sea una mala palabra y eso como estadista y penepé, me duele. ¿Qué le estamos dejando a nuestra juventud, cuál es el ejemplo?”, cuestionó la artista.

Meyer compartió su sentir en una carta que le envió a Rosselló para solicitarle que abandonara el cargo.

Y además de decir lo que piensa sin dejarse llevar por el fanatismo, Meyer busca abrazar al país desde un rol que toma tan en serio como la actuación: su trabajo como consejera de personas que sufren adicción o enfrentan un diagnóstico de VIH o Sida.

“Me apasiona porque trabajo con personas que no tienen esperanza o que saben que su deterioro es inminente y se van a morir. Hay que decirles, de una manera diferente: aunque tú no lo creas, cualquiera se puede morir mañana ; aunque esté nublado, salga el sol”, expresó.

Desde esta faceta, Meyer siente que puede devolver un poco del inmenso cariño que ha recibido del público que a través del tiempo ha seguido su carrera. A la consejería piensa entregarse totalmente cuando su tiempo en la actuación termine. Ella calcula que será dentro de uno o dos años, aunque sus colegas no quieran aceptarlo.

Antes de cerrar ese capítulo, tiene el sueño de realizar la puesta en escena de “Sunset Boulevard: el ocaso de una estrella”. Esta pieza narra la decadencia de una actriz que gozó en grande de la fama.

“Ponlo ahí, para que nadie me la robe. Creo que tengo la edad para hacerla pero quiero que sea una gran producción, como en Broadway. Costaría mucho dinero. Confío en que de alguna manera pueda levantar ese dinero”, apuntó.

Antes de que pueda llegar el día de ese estreno que tanto desea, Meyer también le dedica tiempo a la escritura de un libro sobre la historia de su familia, que está llena de personajes interesantes e historias que parecen sacadas de la ficción.

Si no escribo ese libro nadie va a entender la vida de nómada, de sacrificio, de amor al arte que hemos tenido en mi familia. No es lo mismo nacer en una cuna de oro que depender totalmente de la entrada de una obra de teatro para poder pagar un hotel y comer”, afirmó.


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