Dhara Rivera con su exhibición Abra Paisaje. (semisquare-x3)
Dhara Rivera con su exhibición Abra Paisaje. (Suministrada)

Parece una película de ciencia ficción, pero el cambio en el ecosistema que rodea el Cayo Aurora, conocido popularmente como la isla de Gilligan’s, en Guánica, es real. Apenas unos meses, las ratas sustituyeron a los humanos. Las latas han tomado el lugar de los corales y hay depósitos de basura que la gente deja tras su visita. Así por el estilo, las acciones de la gente impactan día tras día el espacio natural.

Transformaciones como la anterior comenzaron a despertar la curiosidad- y la preocupación- de la artista plástica Dhara Rivera hace alrededor de dos décadas. Desde entonces, su trabajo como escultora pasó a ser el vehículo a través del cual escudriña la interacción de la gente con el entorno, especialmente cuando se relaciona con los cuerpos de agua.

¿Qué impacto tienen las actividades que realizamos en la naturaleza?, es una pregunta que se hace constantemente.

La exhibición Abra Paisaje, inaugurada el miércoles en la Sala de Exposición de Arte Fundación Ángel Ramos (SalaFAR), reúne siete piezas realizadas por Rivera que abordan esta relación entre los humanos y el lugar donde habitan.

Voy a Gilligan’s hace muchos años, desde principios de los 80. He visto los cambios en mis visitas. Ahí encuentro los corales acumulados debajo de los mangles, ya muertos. Encuentro no solo coral, sino huesos de carne procesada, de barbacoas que la gente hace”, comentó Rivera.

La artista ya estaba planificando su exposición en octubre del año pasado cuando se publicó en este diario la noticia de que un grupo de niños que acudió junto con sus maestras a un pasadía en Gilligan’s salió a toda prisa del cayo debido a la gran cantidad de ratas en el lugar. En un comunicado acerca de la situación, el Departamento de Recursos Naturales y Ambientales (DRNA) explicó que controlar la presencia de estos animales era difícil y “a medida que la gente visita la isla y deja la basura, se complica la situación”.

Para Rivera, este suceso respalda de manera “contundente” la problemática del uso de los recursos naturales y la responsabilidad ciudadana que ejercemos al hacer uso de ellos.

La muestra Abra Paisaje no se limita a la escultura. Hace mucho tiempo, el trabajo de la artista se nutre de otras disciplinas y medios para crear una propuesta que es realmente un diálogo armado con todo lo que observa, investiga y siente. Así, Rivera utiliza, además, el dibujo, la cerámica y la instalación para expresarse.

La pieza central es un tejido del que cuelgan objetos encontrados,a modo de testimonio de la huella que dejamos en el paisaje. Otra de las obras incluye vaciados de yeso hechos con latas de cervezas y otros materiales encontrados en la basura.

Todo empieza como un juego: ‘abra paisaje, abracadabra, ábrete sésamo’. Originalmente un abra era el espacio que se abría entre las montañas. También, significa cuando uno lograba que se abriera o sucediera algo de la nada", explicó la escultora.

"En este caso, se trata de las prácticas sociales –el ocio, la comida, el procesamiento de otras partes de la naturaleza- que se dan en la isla de Gilligan. Ahí tenemos un teatro de este tipo de situación que se da de manera extrema: está la belleza de la vida marina, vegetal, animal y tenemos también un público exagerado porque son miles de personas que van en un día y se producen una alteración ambiental como resultado, por ejemplo, de pisar corales o de los fuegos de las barbacoas que se refleja en la composición de ese ambiente. Por ahí empieza la narrativa más compleja”, agregó.

Aunque en este caso la artista concentra su atención en un entorno, la realidad es que este representa a la isla entera e incluso el planeta.


💬Ver 0 comentarios