El escritor reflexiona sobre sus escritos pasados y aspira a trabajar nuevas crónicas.

Edgardo Rodríguez Juliá, uno de los autores puertorriqueños que con más empeño ha utilizado el lenguaje para documentar nuestra cultura popular a lo largo de varias épocas, acaba de ser nombrado ganador del IV Premio León de Greiff al Mérito Literario que se otorga en Medellín, Colombia.

Es un logro que le llega a los 72 años, por el valor que el jurado, formado por colegas escritores, le confiere a su obra. Sergio Ramírez, Pilar Gutiérrez Llano, Alfonso Buitrago y Mario Jursich quisieron destacar a través del galardón las aportaciones que ha hecho el puertorriqueño a la literatura, con sus narraciones llenas de “las señas de identidad caribe”.

Para el autor de “El entierro de Cortijo” el premio no fue precisamente una sorpresa, pues sabe que la mayoría de los miembros del jurado ha leído su obra. Por otro lado, las novelas y crónicas de Rodríguez Juliá no han sido tan conocidas en Colombia como, por ejemplo, en Venezuela, país donde varios de sus trabajos se han editado, así es que en ese aspecto sí se sorprendió.

El galardón es una puerta que se abre para que pueda conversar con la comunidad literaria en el país suramericano acerca de los lazos que unen a Puerto Rico, las Antillas y el Caribe colombiano. Durante la ceremonia de premiación, que se llevará a cabo el 12 de septiembre durante la Fiesta del Libro y la Cultura de Medellín 2019, abordará este tema en su ponencia.

“(Gabriel) García Márquez escribió sobre pueblos pequeños y ciudades provincianas. Y un poco ese es el recorrido que hemos hecho todos los puertorriqueños, de pueblo pequeño a la ciudad un poco más grande. Ese recorrido del mundo rural agrícola hasta la modernidad es algo muy latinoamericano y el hecho de la emigración también. Todos los latinoamericanos tienen unos cuentos sobre la emigración a Estados Unidos. Nosotros y los mexicanos fuimos de los primeros así es que en ese sentido es un mundo muy compartido”, explicó el escritor, sentado en la sala de su casa en la zona de Miramar.

De fondo, unas puertas de cristal, abiertas de par en par, muestran una vista impresionante de la Laguna del Condado. Rodríguez Juliá no se cansa de mirar ese piso líquido desde el balcón de su apartamento, igual que no se cansa de observar y pensar el país.

Ha estado atento al acontecer político, comentando en sus columnas diferentes aspectos del tema, pero le parece que es momento de “pasar el batón” para que otras voces continúen escribiendo más extensamente sobre lo que está pasando. Sin embargo, no oculta que ha sido muy importante para él mirar alrededor. De las manifestaciones recientes para exigir la renuncia de Ricardo Rosselló a la gobernación le pareció muy interesante el desenfado de la gente, el “perreo combativo”, el llamado de las figuras del mundo urbano para salir a la calle a protestar y la capacidad del pueblo para manifestarse sin violencia, salvo algunos casos aislados.

“De Latinoamérica muchos venezolanos y gente de otras partes me han pregunto lo que ha pasado aquí y cuando les explico me dicen: ‘pues hay que importar algunos boricuas a Nicaragua o a Venezuela’. Y eso pues debe ser motivo de orgullo porque efectivamente hemos podido sobrevivir a una gran crisis política inédita en nuestra historia política y con gran civismo”, indicó.

¿Qué fue lo que hubo en el chat de Rosselló que despertó una indignación tan increíble?

“Este es un muchacho que lo ha tenido todo en la vida y también logró la gobernación de este país de una manera un tanto fraudulenta, con el 42%. Era la crónica de una catástrofe anunciada. Un muchacho que nunca tuvo trabajo en su vida; el primero fue la gobernación. Que cuando llegó a Universidad de Puerto Rico (UPR) se le dieron todo, le dieron un libro, le dieron permanencia, lo hicieron catedrático asociado. Yo estuve toda la vida para ser catedrático. Esa es una particular arrogancia que se ve en el chat, de parte de todos. Un grupo de gente que piensa puede vivir impunemente. Lo que hicieron fue faltarle el respeto a todo el mundo y a este país y, en ese sentido, se tenían que ir”.

¿Ha escuchado acerca de “la generación del ‘yo no me dejo’”?

“No, pero está perfecto. Lo suscribo totalmente”.

En términos de las inquietudes que tenía sobre Puerto Rico en su juventud, ¿cuáles no abandona todavía?

“Hablando de revolución, se habla de que esto es una revolución. A mí la imagen que siempre me viene a la cabeza es que el día que Puerto Rico no sea tan dependiente de Estados Unidos, ahí comenzará la revolución en este país. Mientras este país tenga el nivel de dependencia que tiene con Estados Unidos, sí tenemos estas expresiones, y están muy bien, no estoy desmereciendo nada, pero una verdadera revolución implica que los puertorriqueños tendríamos que estar más parados sobre nuestro trabajo, nuestra propia riqueza. Eso sí sería una revolución y eso sí que no lo veo en el horizonte, por lo menos no lo veo con mucha claridad”.

Cuando escribe sobre lo que está pasando en Puerto Rico ¿a veces siente dolor?

No, no siento dolor. Me conmuevo a veces, a mí me conmovió todo esto mucho, pero dolor no siento. Cuando se manifiesta algún tipo de violencia, sí me apena mucho. El problema de las drogas me apena mucho. Pero dolor no, A mí no me duele el país. Casi siempre lo que ocurre es que me conmueve mucho, eso es algo distinto. El dolor implica una desesperación. La emoción que yo siento implica un amor, un gran cariño hacia el país.

Y usted que ha contado tantas cosas sobre en el país, ¿es posible contarlo todo o a veces cuesta más trabajo traducir lo que se ve y ha decidido dar la espalda?

Esto te lo cuento como anécdota. Eso que ves ahí que es la Laguna del Condado, se me ocurre cruzarla. Entonces, hice un cruce a nado con un amigo. Supongo que eso es algo espontáneo que implica que voy a escribir sobre mi cruce a nado de la Laguna del Condado, pero ya no siento la urgencia. Esa es la diferencia. Cuando era más joven era una necesidad. Yo vivo cerca de la calle Cerra, todo el mundo me ha dicho que es una especie de ambición bohemia de los jóvenes y me gustaría escribir sobre eso. Siento  ese hormigueo de ponerme a ver los detalles, pero ya no tiene tanta urgencia. Lo de Yoyoma (una crónica publicada en El Nuevo Día) sí lo escribí con urgencia porque quería ver ese contraste entre la música de los reguetoneros y la suya. A mí me pareció fabuloso ese contraste y lo escribí con todos los detalles. Quizás escriba una sobre la laguna, la calle Cerra, no sé. Ya voy como de salida.

Pensando en todo lo que ha podido hacer con escritura, ¿qué músculos hay que ejercitar para observar?

En la buena crónica lo más importantes son los detalles. Tienes que caracterizar la panorámica. Cada grupo, cada multitud, tiene una personalidad. Eso es muy difícil captarlo al vuelo pero sí, hay que captarlo, y eso es el Entierro de Cortijo. Entonces, uno hace cosas originales con eso. Yo creo que el músculo es el músculo de moverse entre la captación de la generalidad y los detalles. Y tener la urgencia de escribir. Yo tuve urgencia de escribir sobre el entierro Cortijo y nunca se me olvida que Willy Rosario, el timbalero, me llamó a darme las gracias porque era la primera vez que gente como nosotros sale en los libros. Ahí hay originalidad. Otra cosa es la reflexión, qué significado tiene eso que está pasando frente a mí.

Reflexionar sobre todo porque a veces en Puerto Rico hay lugares a donde no queremos mirar. Por ejemplo, su columna sobre el documental After María.

No queremos mirar a la gente pobre. En términos generales, una vez llegamos a la clase media le pusimos un 'fo''  a la gente pobre. Y hay una resistencia extraordinaria en su apariencia, a su manera de ser, etc., etc. Yo he estado muy en contacto desde niño con la gente pobre porque me crié cerca de la ruralía y, ya de viejo, porque en la casa de campo que heredé en Aguas Buenas lo que hay son jíbaros. Yo no soy alérgico a la pobreza pero mucha gente sí.

¿Y qué pasa cuando cuando en un país como Puerto Rico nos volvemos alérgicos a la pobreza? 

 Pues entonces queremos ser lo que no somos.

¿En qué ocupa su tiempo actualmente?

“Estoy haciendo la cosa más loca que te puedas imaginar. Estoy revisando uno de mis libros (“Puertorriqueños”). Fue publicado en los 80 y siempre me quedé con insatisfacción por lo que había hecho. Son bocetos, anécdotas, de gente que conocí en la infancia. Lo que estoy haciendo es convirtiéndolas en cuentos porque parte de lo que hice fue captar la oralidad de la gente. Esa oralidad de los diálogos. Estoy tratando de encontrar ese equilibrio entre la narración, las descripciones más precisas, las situaciones dramáticas. Crear un cuento”, concluyó.


💬Ver 0 comentarios