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En 1942 un joven abogado, de tan sólo 34 años de edad, comenzó su gestión como rector del Recinto de Río Piedras de la Universidad de Puerto Rico. Durante 24 años ostentó el puesto y de 1966 a 1972 fungió como el primer presidente de esa Universidad. Este año se cumple el centenario del natalicio de este hombre que guió el primer centro docente del país a través de una transformación profunda y lo convirtió en una verdadera “Casa de Estudio”. Se trata de un momento propicio para recordar el legado de don Jaime Benítez, quien participó también en la Asamblea Constituyente que produjo una Constitución para Puerto Rico y fue comisionado residente en Washington.

La Universidad de Puerto Rico, su verdadera casa, es el lugar desde el cual se han orquestado una serie de actividades, conferencias y coloquios que dan una perspectiva de la vida de don Jaime, no sólo a nivel político sino principalmente como educador y reformador. El Recinto de Río Piedras comienza las actividades en torno al año del centenario de don Jaime mañana miércoles 29 de octubre a las 6:30 p.m., en la Rotonda de la Torre de la UPR. Luego de este acto se ofrecerá el seminario Jaime Benítez y la Educación General por los doctores Manuel Maldonado Rivera, Jorge Rodríguez Beruff y Waldemiro Vélez. Esto acontecerá en la Sala del Decanato de la Facultad de Estudios Generales, a las 10:00 a.m. Le seguirá el coloquio Jaime Benítez, la Universidad y la cultura en Puerto Rico: legado y trascendencia los días 30 y 31 de octubre, en el Anfiteatro de la Escuela de Arquitectura, desde las 9:00 a.m.

Antes de la Universidad

Benítez nació en Vieques el 29 de octubre de 1908. Provenía de una familia de poetas e intelectuales. Huérfano desde la infancia, Benítez creció con sus hermanas y su familia extendida.

A pesar de que dedicó su vida a la enseñanza superior, sabía muy bien que los años de la infancia son esenciales para forjar el carácter. En las memorias que dejó inconclusas a su muerte expresa: “Con todo el alcance que le atribuyo a la Universidad, la etapa más importante en nuestra formación -debo subrayar- es la primaria. Es en la niñez cuando estamos en el mejor momento para adquirir actitudes, valores, intereses, hábitos y destrezas favorables al continuado crecimiento”.

A los 16 años el joven Benítez embarcó a Washington D. C. a estudiar derecho. Vislumbró una carrera como abogado, pero a su regreso a la Isla, seis años después, optó por enseñar en la UPR.

La época en la que Benítez regresa a Puerto Rico, 1934, es un momento de crisis. La Isla se encuentra sumida en plena Depresión e impera, además, un clima de empobrecimiento espiritual. Desde el aula de la Universidad, este joven idealista y soñador encuentra la manera de contribuir a un verdadero cambio. Durante 10 años se desempeña como profesor de Ciencias Políticas.

Desde la Torre

Don Jaime es el rector más joven que ha tenido el Recinto.Llegó a su nombramiento lleno de ideas y con las ansias de reformar la Universidad. El 15 de febrero de 1943, don Jaime expresó su visión de la educación superior en su discurso de toma de posesión: “Es pues mi criterio que el principal objetivo de esta universidad debe ser hacer hombres libres en espíritu, hombres que no rindan la potencialidad creadora de su alma a nada en este mundo -ni al halago, ni al cliché social, ni al prejuicio, ni a la ambición, ni a la amenaza ni al poder-, a nada en este mundo”.

Durante su gestión aumentó de forma dramática el estudiantado y el claustro. Este crecimiento vertiginoso respondió a una visión de transformación. Discípulo del filósofo español Ortega y Gasset, don Jaime quiso crear una verdadera casa de estudio, un lugar que se caracterizara por el entusiasmo por el aprendizaje, sin olvidar la disciplina necesaria para alcanzar el saber.

Durante sus 30 años en la Universidad se aseguró no sólo la autonomía universitaria, sino también la libertad del claustro para la enseñanza. Se crearon también nuevos recintos y colegios regionales para estudiantes de todas partes de la Isla. Se estableció un sistema de becas y de programas de sabáticas y licencias, para que los profesores pudieran seguir investigando. Promovió el sistema de bibliotecas y la cultura. Creó una Escuela de Medicina, estableció prestigiosas revistas como La Torre y también estableció la editorial universitaria. El Jardín Botánico también fue iniciativa suya.

Ultimos años en el recinto

Muchos recuerdan los años de Benítez en la Universidad como la Edad de Oro. Impuso un programa de estudios generales para que los estudiantes tuvieran acceso a una cultura amplia que les permitiera conocer en toda su diversidad los hitos de la civilización occidental. Les abrió las puertas a los exiliados, creando un clima intelectual del que el país se enriqueció enormemente. Algunos de los más destacados fueron: Fernando de los Ríos, Pedro Salinas, Juan Ramón Jiménez, José Medina Echevarría y Vicente Lloréns.

Treinta años en la UPR no estuvieron exentos de arduas luchas, desaciertos y críticas. Su figura, desde sus inicios, fue motivo de gran polémica. La huelga de 1948 culminó con muchas expulsiones de profesores y estudiantes. Para fines de la década de los sesenta las protestas contra la guerra de Vietnam y la presencia del ROTC convirtieron el recinto universitario en un verdadero campo de batalla. Ese clima tumultuoso provocó la salida de don Jaime Benítez de la presidencia universitaria.

A pesar de todo, varias generaciones de profesionales comprometidos con el país recibieron allí las herramientas que necesitaban. Fueron ellos los artífices del cambio radical que ocurrió a finales de los 40 y 50, transformación que no hubiese sido posible sin una Universidad de avanzada. Su nieta, Edna Margarita Benítez Laborde, resume con estas palabras su labor en el ensayo “La buena memoria”: “Hoy me queda la certeza de que mi abuelo vivió y murió junto a la Torre, leal y valiente”.


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