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Luce López-Baralt. (GFR Media)

La catedrática Luce López-Baralt compartió una vez más su amor por la Universidad de Puerto Rico durante un conversatorio celebrado este miércoles, en la biblioteca José M. Lázaro, del Recinto de Río Piedras de dicha institución.

Durante la actividad, organizada por la Facultad de Humanidades en celebración de su 75 aniversario, se reconoció la reciente distinción de la académica, quien el pasado mes de enero fue investida con un doctorado Honoris Causa de la Universidad Complutense de Madrid.  El encuentro -moderado por la doctora María Teresa Narváez- sirvió para que la comunidad universitaria, así como estudiantes de ayer y hoy la celebraran y compartieran su admiración y respeto por su querida y siempre profesora.

López-Baralt recibió esos abrazos apalabrados con una sonrisa sincera y una conversación brillante en la que compartió que no sería quien es sin la Universidad de Puerto Rico, su amada alma máter, hoy tan golpeada por los severos recortes fiscales impuestos por el gobierno y la Junta de Supervisión Fiscal.

Destacó que fue la universidad la que ayudó a traerla al mundo a ella y a su hermana, la también distinguida académica Mercedes López-Baralt, pues fue en ese espacio donde sus padres se conocieron. Recordó que cuando era niña su padre la llevaba junto a su hermana al campus del Recinto de Río Piedras para merendar sobre la yerba, en una imagen que atesora. “Esta es mi casa. Yo considero la universidad como el paraíso. Aunque a muchos le parezca extraño para mí es literal”, confesó.

“La Universidad a mí me lo ha dado todo”, aseguró. En esta institución, dijo, no solo se desarrolló como académica, sino como hija de esta tierra, ya que fue la Universidad de Puerto Rico la que le dio un “sentido de identidad puertorriqueña”. “Tantas personas que ni siquiera piensan estudiar acá y se van fuera, sobre todo a Estados Unidos, y pierden la mitad de su ser porque pasar por esta universidad es puertorriqueñizarse”, puntualizó.

En “aquella IUPI” -de la que se graduó de bachillerato en Estudios Hispánicos- tomó variados y excelentes cursos con distinguidos profesores, entre ellos de literatura puertorriqueña e historia con los que recibió dignidad y aprendió quiénes éramos como puertorriqueños. También tuvo acceso a una cultura cosmopolita, gracias a la diversidad de actividades culturales que se convirtieron en una experiencia civilizadora.

“La Universidad me dio mi vocación de humanista”, aseguró ante la mirada cautiva de los asistentes.  En la institución, además, conoció a su esposo, y obtuvo “uno de los más grandes regalos”, sus queridos y admirados estudiantes, quienes la han hecho profundamente feliz. Y es que luego de realizar sus estudios graduados en diversas instituciones, entre ellas la Universidad de Nueva York, Universidad de Harvard, la Universidad Complutense de Madrid y la Universidad Americana de Beirut, su querida IUPI le abrió nuevamente “las puertas del paraíso” como catedrática de literatura española y literatura comparada.

“La docencia es una de las cosas más grandes que le pueden pasar a un ser humano”, reconoció López-Baralt, quien recordó una vez que discutiendo los sonetos de la muerte de Quevedo junto a sus entonces estudiantes de bachillerato, estos se enfrascaron en una apasionada discusión sobre la muerte que la dejaron flotando de alegría.

“Yo los escuchaba discutir aquellos versos y mi felicidad fue tal que les dije ‘si algún día yo merezco el cielo no será distinto de esta tarde en que yo le estoy enseñando a ustedes”, rememoró la experta en misticismo y una de las mayores especialistas en San Juan de la Cruz.

López-Baralt resaltó que “aquella universidad era muy generosa, tenía un sentido de respeto a sí misma, tenía más recursos, sabía cómo bregar con su claustro y ayudarlo de verdad. Hoy día tenemos una universidad muy distinta”.

“Les cuento todo esto no como un cuento de hadas de que tiempo pasado fue mejor -aunque en este caso fue mucho mejor-, es que tenemos que saber a qué volver a aspirar, qué tuvimos y qué podemos ser”, reflexionó.

Dijo que durante el tiempo que fungió como catedrática del Departamento de Estudios Hispánicos de la Universidad de Puerto Rico fueron muchas las ofertas que le surgieron de distinguidas instituciones educativas, como la Universidad de Brown y Harvard, que la querían en su claustro. A todas las rechazó.

“Yo sabía dónde quedaba el paraíso, el mío. Quería formar mi gente, mis estudiantes. No es lo mismo enseñar en una lengua extranjera que formar a la gente de uno que es quien entiende a uno y yo los entiendo”, expresó.

“Enseñar aquí ha sido siempre para mí paradisiaco. Yo camino los pasillos de la IUPI diciendo qué suerte he tenido que cumplí el sueño de la enseñanza. La Universidad me dio todo. Es la historia de un amor feliz”, exaltó López-Baralt, quien también compartió detalles su vocación letrada, la cual comenzó bajo las estrellas, mientras sus padres le compartían poemas, cuentos y relatos.

De igual forma, confesó que las múltiples distinciones que ha recibido, entre ellas Premio Internacional de Ensayo Pedro Henríquez Ureña, Premio Internacional de Ensayo de la Academia Mexicana de la Lengua Española y Medalla de Isabel la Católica, las asume con una “inmensa dificultad emocional”.

Precisó que ella nunca aspiró “a ser nadie”, pero su pasión y gozo por leer,escribir y dar clases llevaron sus investigaciones y publicaciones a tener vida propia. Estas distinciones, sin embargo, le han dado la oportunidad de poner a Puerto Rico en el mapa, pues lleva al país y a la Universidad de Puerto Rico debajo del brazo, lo que asume como una obligación.

“A todos nos consta que Puerto Rico es un país sin personalidad jurídica, sin embajada. ¿Ustedes saben lo que es no tener embajada para un escritor? De hecho, todas las premiaciones las potencian las embajadas. Yo no tengo embajada. Entonces, todos los intelectuales, los artistas, deportistas, tenemos que convertirnos en los embajadores de nuestro país y de nuestra universidad”, sostuvo la distinguida académica, quien a través de sus cientos de publicaciones y libros se ha dedicado a abrazar culturas. Abrazo que este miércoles le reciprocaron sus queridos estudiantes y su amada IUPI.


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