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Esta es la primera exposición individual de la artista interdisciplinaria, quien se ha destacado más como bailarina y performanera. (Ramón “Tonito” Zayas)

Sentada en un banco/mesa en el balcón del segundo piso de una casa criolla santurcina, Marili Pizarro echa hacia atrás el tiempo.

Tiene 30 años y es un cúmulo de personas en un cuerpo: Bailarina, performera, artista visual, vestuarista, escenógrafa, coreógrafa y artista gráfica. Estudió historia y ahora hace una maestría en creación literaria. Es una de los “enfants terribles” de esta generación de crisis que ha hecho de la precariedad su forma expresiva.

Pero antes de ser todo eso, Marili era una niña. Y eso lo recuerda hoy, allí sentada, con los brazos apoyados y estirados en ese banquillo. De aquellos años piensa en el ballet, el cual dejó por decisión propia a los 11 años de edad cuando se desesperó de ese ejercicio de paciencia y quiso ser un garabato para danzar libre en los escenarios. También le vienen a la mente los videojuegos. Podía pasar horas sentada jugado RPG’s (“role playing games”), con los que se adentraba en reinos fantásticos, creaba imperios y gestaba estrategias. Ahí descubrió que podía ser -como es- muchas cosas.

“Siento que los videojuegos fueron mi primera apreciación de lo que eran medios interdisciplinarios. Ahí fue que primero dije ‘wao, aquí hay compositores, diseñadores de personajes, arte gráfico, actores de movimiento’. ¡Era un mundo fenomenal! Me hubiera encantado hacer algo así”, expresa con inocencia, casi ignorando que el mundo artístico que ha construido es como un videojuego: interactivo, visual y en movimiento.

Práctica errática

Muestra de esa interdisciplinariedad que la habita se puede apreciar en “La práctica errática”, primera exposición individual que lleva a cabo y que abrirá al público hoy y mañana, a las 7:00 p.m., en el centro artístico Hidrante, ubicado en el segundo piso de una casa ubicada en la calle Saldaña #454, en Santurce. Será una exposición en la que habrá performance, instalaciones, dibujos, carteles y arte digital que ha realizado desde el 2011 hasta el presente.

“Esta exposición tiene la intención de ser como un espacio donde comulgan esas disciplinas que llevo trabajando. A nivel temático, creo que oscila precisamente la contemporaneidad, la adaptación del cuerpo a lo moderno, la tecnología, pero sobre todo la fragmentación”, explica.

Ese quiebre, dice, ha sido un estímulo para su trabajo y es lo que ha dado pie al título de la muestra. “Mi trabajo es potencialmente fragmentado en muchas ocasiones y pienso que en la medida en yo logre eso como una virtud y logre articular una práctica coherente en base a eso, pues eso es lo que es la práctica errática”, indica.

Esa pulsión de cambiar, de hacerlo todo a la vez y no fijar nada se apreciará en la muestra, particularmente, con la serie de GIF’s en vivo que llevará a cabo. Se trata de tres estampas performáticas en las que colaborarán con ella sus amigas bailarinas Beatriz Irizarry y Jeanne d’Arc Casas, así como el músico Raúl I. Porro. Estas piezas se caracterizarán por ser simultáneas, fragmentadas, inmediatas, con un movimiento repetitivo y una información espacial que las nutrirá.

La estampa de Jeanne d’Arc, por ejemplo, remitirá a un lugar plástico y frío. La de Beatriz Irizarry será en la cocina, en un ambiente más cálido, y la de ella será en un espacio oscuro, con un fondo negro y unos hilos fluorescentes que colgarán del techo.

“Me atreví a titularlas GIF’s porque siento que resuenan mucho con el concepto, con lo que va a ocurrir y con lo que mi cabeza concibe que es un GIF. Es una aproximación muy metafórica, me atrevería a decir, y se va a interpretar a base de una improvisación altamente estructurada que vamos a llevar a cabo las bailarinas. Los dos días van a pasar acciones semejantes, pero diferentes”, adelanta.

Doméstico

Cada una de las instalaciones que acompañarán las estampas, Marili Pizarro las creó pensando en los cuerpos y explorando -de alguna manera- el espacio de lo doméstico. La artista expresa que su lugar de trabajo por excelencia es precisamente su hogar y que su acercamiento estético -el cual asocia con un criollismo y una feminidad caribeña- está muy conectado con ese contexto.

“Pienso que mi infancia y mi vida familiar tuvo que ver mucho con eso. Crecí digamos en un ‘traditional house’ y mi mamá en parte trabajó (fuera del hogar) y en parte fue ama de casa… Creo que hay una necesidad innata de llevar un mensaje político y yo creo que ese mensaje se percola sin mucha búsqueda porque es una realidad el cómo las mujeres todavía vivimos dificultades y necesidades en este país”, establece.

Los estampados florales, los retazos plásticos de cortinas de baño hablan sobre ese acercamiento de la artista, pero también sobre la creatividad en estos tiempos precarios.

Marili Pizarro cuenta entre risas que es una “hoarder” porque se pasa recogiendo y guardando artículos a los que ve potencial artístico. “Parte de mi práctica tiene que ver con recopilar cosa, con guardar cosas y encuentro muchas curiosidades”, confiesa.

¿Por qué para ti es importante usar esos materiales?, se le pregunta. “Es por lo precario de los recursos y las posibilidades. Tengo la dicha de que conozco muchas personas y en Puerto Rico uno se las arregla, pero la razón por la que trabajo con material reciclado y todo este contexto doméstico es porque mi casa es mi espacio de taller y las sobras de mi vida es la materia prima de mi trabajo”, comenta casi a modo de poesía.

La Trinchera / Pintura / Amigos

Hace dos años Marili Pizarro formó junto a sus colegas, Cristina Lugo y Beatriz Irizarry, el colectivo de danza experimental La Trinchera a través del que ha desarrollado un nuevo vocabulario estético y conceptual que también tiene que ver con la carencia. La afinidad entre ellas, afirma Marili, ha sido clave en esta propuesta, en la que adaptan los cuerpos a distintos espacios y donde la iluminación forma parte intrínseca de cada pieza.

Previo a este proyecto, Marili Pizarro bailó con el grupo Hincapié, dirigido por la coreógrafa y profesora Petra Bravo, donde conoció a sus hoy amigas, colaboradoras y cómplices.

De ellas dice que han sido sus mentoras, como lo señala de sus amigos artistas, con quienes ha cultivado el talento del dibujo y del arte visual.

Precisa que de niña se pasaba tratando de copiar con un lápiz los muñequitos que veía en la televisión o los personajes que tanto admiraba de los videojuegos. Pero reitera que sus maestros en ese campo, así como en la danza, han sido sus amigos. Con ellos ha imaginado de otras maneras, ha hecho “cosas mágicas” con pocos recursos y ha podido desarrollar su práctica errática, esa que seguirá explorando hasta que la precariedad se lo permita.


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