Sonia Sotomayor opinó que lo mejor que puede hacer Puerto Rico como país es velar por la educación de la niñez. ([email protected])

Durante su juventud, la jueza asociada del Tribunal Supremo de Estados Unidos, Sonia Sotomayor, tuvo que aclarar una vez que no era una drogadicta. La situación surgió porque ella, diabética desde los siete años, salió a cenar un día junto a un grupo de amistades y antes de sentarse a comer fue al baño para inyectarse insulina. Allí la vio una señora que salir del lugar les comentó a sus acompañantes: esa es una drogadicta.

Esta vivencia quedó grabada en la memoria de Sotomayor, quien entonces comprendió por experiencia propia que no hay que asumir nada sobre otras personas. Que es mejor preguntar. Y este es, precisamente, uno de los mensajes más importantes de su segundo libro infantil “Solo pregunta: sé diferente, sé valiente, sé tú”, que presentó ayer en el teatro del Recinto Metro de la Universidad Interamericana de Puerto Rico, en Cupey.

Frente a una audiencia formada por muchos niños acompañados de sus padres, la primera latina en ser nombrada a su cargo en Estados Unidos relató que sintió mucha vergüenza cuando oyó lo que dijo sobre ella la señora que la vio en el baño y por eso decidió aclararle que no era drogadicta sino diabética. Le indicó: “Si usted no entiende lo que está haciendo una persona, en vez de pensar lo peor, solo pregunte qué está haciendo y por qué”.

Ayer, al responder varias preguntas de la decana de la Escuela de Derecho de la Universidad de Puerto Rico, Vivian Neptune, Sotomayor aseguró que ese momento ha estado en su cabeza toda su vida y por eso cuando llegó a un acuerdo con la editorial Philomel Books para escribir dos libros la condición fue que la dejaran publicar el cuento que ella tenía “en el corazón”.

Ilustrado por Rafael López, “Solo pregunta” es también una invitación a apostar por la riqueza de las diferencias y la capacidad de cada ser humano para lograr su misión en la vida, a pesar de enfrentar retos como lo son las enfermedades. Además de la propia Sonia, la historia se desarrolla a través de varios personajes que están inspirados en niños o adultos que ella ha conocido a lo largo de la vida, con diferentes diagnósticos médicos. Ellos le recuerdan la importancia de no llegar a conclusiones sin tener la información completa.

Julia, por ejemplo, representa a la nieta de una mujer que trabajó con la autora durante 25 años y padece del síndrome de Tourette, que provoca movimientos involuntarios. La niña, al igual que Sotomayor, también enfrentó el juicio de un tercero que, sin saber de su enfermedad un día le dijo: “¿y a ti qué te pasa? ¿Tu mamá no sabe cómo controlarte?”.

“La mamá de Julia es maestra y ella puso a la señora en su sitio. Su historia me hizo pensar que ella era otro motivo para escribir este libro. Que de verdad el mundo todavía no pregunta. La gente sigue asumiendo que si un niño está haciendo una cosa diferente es porque laestá haciendo mal. No asumas que cuando un niño está haciendo una cosa diferente es porque está la haciendo mal”, le dijo Sotomayor al público.

Durante la presentación del libro la jueza respondió preguntas de su público infantil, mientras caminaba entre las butacas para fundirse con ellos en un abrazo.

Milena Laborde quiso saber si la jueza había enfrentado sexismo en su trabajo. La respuesta de Sotomayor fue que “si eres mujer, vas a experimentar sexismo”. Sostuvo que esta conducta a veces es inconsciente y en otras ocasiones hay mala intención. Para ella, determinar el contexto es importante antes de responder un incidente de este tipo. A modo de ejemplo contó que un día uno de los guardias de seguridad le dijo: “Sweetie, you can’t park here (cariño, no puedes estacionarte ahí). Ella estaba vestida con su ropa de trabajo y sabía que ningún oficial de seguridad iba a llamar “cariño” a un hombre. Lo que había ocurrido le incomodó, pero Sotomayor no reaccionó sin antes analizar.

“Me fijé en que yo era tan ‘nice’ que él se sintió en la libertad de hablarme así, olvidándose de que en el trabajo hay que respetar ciertas líneas”, relató la autora, quien le explicó al hombre el malentendido que podría causar ese tipo de expresión.

El mensaje de Sotomayor no fue dejar pasar una falta de respeto sino procurar tomar en cuenta el contexto de las situaciones. Aclaró que hay momentos en los que ha experimentado un tipo de discriminación más obvia o mal intencionada y su respuesta ha sido distinta porque entiende que a veces hay que pensar cuando lo que ocurre puede ser un precedente para otros.

En otra ocasión, cuando un socio de una firma de abogados que podía reclutarla le preguntó si ella había estudiado en Yale porque era latina. Entonces ella respondió que si podía hacerle la misma pregunta después de leer su resumé.

A lo largo de su conversación con los niños, Sotomayor compartió anécdotas que revelan su naturaleza curiosa y perseverante. Estas características de su personalidad le permitieron convertirse en una de las estudiantes más sobresalientes de su clase, a pesar de haber tenido notas muy bajas hasta quinto grado porque le costó mucho aprender inglés. Luego, aunque sabía el idioma, tenía que perfeccionar su gramática. Y lo hizo estudiando sola durante todo un verano.

La pregunta que cerró el encuentro fue: ¿Qué podemos hacer para ayudar a Puerto Rico a salir adelante?

Después de consignar que a causa de la actividad sísmica en la isla no han comenzado las clases en las escuelas públicas, la jueza indicó que eso es lo peor que le puede pasar a la isla.

“Yo no tengo la contestación de cómo vamos a salvar la isla. No la tiene ninguna persona. La puede tener la comunidad, si la comunidad coge todo su talento y pone sus esfuerzos en buscar juntos la contestación a esa pregunta, pero la única manera de hacer eso es si tienen estudiantes y ciudadanos educados”, sostuvo la autora, al recalcar que frente a los problemas enormes que tiene el país “la cosa más importante que pueden hacer para ustedes mismos es asegurarse de educar a los niños”.


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