El Archivo General, Biblioteca Nacional de Puerto Rico y Publicaciones y Grabaciones funciona cada vez con menos presupuesto para conservar su valioso contenido. (GFR Media)

Luego del embate del huracán María, hace dos años, quedó al descubierto lo vulnerable en que se encuentra nuestro patrimonio cultural.

Documentos, obras de arte, edificios históricos y bibliotecas, se vieron seriamente afectados, no únicamente por las fuertes lluvias y vientos provocados por el ciclón, sino por la falta de energía eléctrica que aceleró el deterioro de muchos de estos bienes. Aunque diversas entidades culturales, tanto públicas como privadas, han hecho múltiples esfuerzos para proteger y conservar el patrimonio, existe una gran preocupación sobre su futuro ante los constantes recortes presupuestarios dirigidos a estas áreas.

Después del huracán, nada ha cambiado en esa dirección, sino todo lo contrario. En el año fiscal 2017 el presupuesto consolidado para el funcionamiento y operaciones del Archivo General, Biblioteca Nacional de Puerto Rico y Publicaciones y Grabaciones fue de $2.1 millones, mientras que hoy suma $897,000, lo que representa una reducción de $1.2 millones.

Estos fondos salen del ya limitado presupuesto del Instituto de Cultura Puertorriqueña (ICP), pues en el 2016 se eliminó la asignación que iba directamente para atender estas áreas. Las ayudas que han recibido las instituciones culturales de parte de organizaciones sin fines de lucro tanto de Puerto Rico, como de Estados Unidos, así como los diversos programas federales dedicados a patrimonio y conservación, han sido claves para ayudar en esa dirección.

Sin embargo, todavía queda un largo camino por recorrer. Aunque la Agencia Federal para el Manejo de Emergencias (FEMA) ha sido efectiva en informar y orientar a muchas de estas instituciones, lo cierto es que la burocracia de la agencia ha afectado el desembolso de los fondos que se necesitan para salvaguardar el futuro de nuestro patrimonio.

Ante este escenario, las alianzas entre las instituciones culturales han sido claves en este proceso de recuperación. Como parte de estos esfuerzos, entidades como museos han jugado un rol protagónico en esa dirección. Entre las iniciativas se han celebrado múltiples actividades -con la colaboración del ICP- para ayudar tanto a artistas como a instituciones hermanas y han creado grupos de trabajo para recopilar información de daños, crear guías de emergencia y comenzar a articular un plan mayor de preservación y conservación.

“En riesgo”

Una de las áreas que levanta mayor preocupación es la relacionada al patrimonio documental de Puerto Rico. Fueron decenas los archivos que se vieron afectados.

Uno de ellos fue el Archivo General, donde los cambios de temperatura provocados por la falta de electricidad, afectaron uno de los depósitos donde se encuentran documentos no clasificados. Dichos documentos, se informó, están siendo atendidos y restaurados, mediante una alianza con el Smithsonian Institute y el National Archives, que se logró a través de FEMA.

Josué Caamaño Dones, presidente de la Red de Archivos de Puerto Rico (ArchiRed), dijo que el Archivo General urge de mucha ayuda, y que, si no fuera por el poco personal dedicado que allí trabaja, se hubiese perdido mucho material histórico.

Sostuvo que el ICP ha tratado de hacer todo lo que puede, pero si no tiene los fondos, es poco lo que puede lograr. Después de María, ArchiRed llevó a cabo un censo para recoger información sobre los daños sufridos en archivos públicos y privados. De 112 unidades participantes, 90 dijeron haber sufrido serios daños.

La entidad se ha encargado desde entonces de viabilizar sus limitados recursos y dirigir las ayudas otorgadas por organizaciones de Estados Unidos para atender aquellos archivos con mayor necesidad y así “salvaguardar un pedacito de la historia puertorriqueña o del patrimonio nacional”.

Una de las situaciones más críticas, indicó Caamaño Dones, es la del Centro de Documentación Obrera Santiago Iglesias Pantín de la Universidad de Puerto Rico en Humacao, que se encuentra cerrado desde el huracán. Esta colección guarda la génesis y desarrollo del movimiento obrero puertorriqueño desde el siglo 19 hasta el siglo 20.

“Esa es la colección documental más importante del movimiento obrero en este país y todavía está cerrada, todavía no se ha intervenido adecuadamente con ese centro y se está deteriorando”, denunció, toda vez que urgió al recinto universitario de Humacao a atender esta situación.

El presidente de ArchiRed reiteró que, aunque el huracán María provocó daños, muchas de los incidentes se pudieron haber evitado si se hubiesen implementado años antes las políticas adecuadas de conservación y preservación. Al cuestionarle cómo observa el estado actual de los archivos, sentenció que “el patrimonio documental puertorriqueño está en riesgo”.

“Eso hay que decirlo y hay que denunciarlo. Está en riesgo. Y particularmente está en riesgo todo aquel patrimonio documental que se encuentre en manos de instituciones del estado porque el estado no le da los recursos económicos ni materiales ni humanos a ninguna de las instituciones que poseen parte de ese patrimonio documental para poderlo preservar y conservar. Al estado no le importa y esto hay que denunciarlo”, expuso. Dijo que, si en dos años esos recursos no llegan, mucho de este patrimonio documental se perderá. “No es por ser alarmista, pero es una realidad”, sostuvo. Caamaño Dones insistió en que la crisis económica no puedeser excusa para no atender este asunto.

“Hay espacio para mejorar”

El director del ICP, Carlos Ruiz Cortés, dijo, por su parte, que, aunque hay espacio para mejorar en cuanto a la protección del patrimonio cultural, se han logrado avances importantes, como una asignación especial de $2.2 millones para la conservación y mantenimiento de los 37 edificios que forman parte del Instituto.

Precisó, sin embargo, que es necesario mejorar la legislación para la protección patrimonial y reformular los currículos de arte de las universidades y escuelas para darle énfasis a este tema. Sostuvo que el ICP está trabajando en esa dirección. Un ejemplo, es la Guía Ciudadana de Conservación de Patrimonio Histórico de Puerto Rico que elaboró la agencia junto a estudiantes de la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Puerto Rico.

Ruiz Cortés indicó que el ICP colabora con otras instituciones para crear guías adicionales que sirvan para proteger el patrimonio en caso de una emergencia. Aclaró que, aunque la agencia cuenta con un plan de contingencia para todas sus áreas -incluyendo patrimonio edificado y arqueológico- no existe un plan nacional para proteger todo lo que es patrimonio, ya que es un trabajo “inmenso”.

En ese proyecto ha estado trabajando la Coalición por el Patrimonio de Puerto Rico, que tomó forma en octubre de 2018, con la participación del Museo de Arte de Puerto Rico (MAPR), la Fundación Luis Muñoz Marín y la Fundación por la Arquitectura. Este grupo trabajó en su primera fase una guía rápida en preparación y respuesta a una emergencia para las instituciones culturales, que está disponible en la página web de la coalición.

Marta Mabel Pérez, directora ejecutiva interina del MAPR, indicó que el grupo continúa trabajando en esa dirección, al igual que lo sigue haciendo el museo. Recordó que después del huracán María, el MAPR activó su protocolo de emergencia, salvaguardando su patrimonio y el de otras siete instituciones, al acoger 224 obras de arte que estaban en riesgo.

El museo, además, ha realizado una diversidad de talleres y ha entrenado -con la colaboración de FEMA- a su personal y el de otras entidades para que pueda trabajar con este tema en caso de una emergencia. Además, como parte de la nueva exhibición, “Puerto Rico Plural”, el MAPR rescató obras de los talleres de los artistas y de instituciones públicas y privadas, gracias a la beca recibida a través del Programa de Patrimonio Cultural y Artístico de la reconocida Andrew W. Mellon Foundation.

“Es una gran satisfacción en el sentido de que cuando pasó el huracán nadie hablaba de patrimonio, y ahora es algo que está en el vocabulario de los gestores culturales, de los profesionales, del gobierno, de las instituciones privadas y en ese sentido, qué más satisfacción que pusimos sobre la mesa lo más importante que es salvaguardar”, observó Pérez.

Reconoció,en tanto, que todavía queda mucho trabajo en esta área y que urge identificar fondos para poder llevar a cabo esta gestión.

Vital la educación

La curadora jefa y directora ejecutiva del Museo de Arte Contemporáneo (MAC), Marianne Ramírez Aponte, coincidió con su colega en que tras el paso del huracán se ha creado mayor conciencia sobre cómo atender las colecciones tras el paso de un fenómeno atmosférico. Sin embargo, observó que queda “todo por hacer” a nivel educativo con relación al tema del patrimonio artístico.

Como presidenta de la Asociación de Museos de Puerto Rico, Ramírez Aponte ha estado trabajando en el proyecto “Échale un ojo al arte”, en el que han colaborado otras instituciones culturales del país. Este proyecto propone crear un programa educativo sobre preservación y conservación desde nivel escolar hasta universitario.

La propuesta también incluye un componente comunitario, a través de una página web, donde se podrá recibir información de la ciudadanía y así ir evaluando lo que se tiene en el país, pues actualmente no existe un registro completo sobre las obras de arte público existentes.

“Lamentablemente, después del paso del huracán sé de muchas cosas que se han perdido porque la misma ciudadanía no sabía qué hacer o no sabía qué tenía valor”, dijo.

Ramírez Aponte resaltó que es vital que toda la sociedad se comprometa en salvaguardar el patrimonio porque es lo que nos identifica como pueblo. Precisó que, aunque el estado está llamado a velar y proteger estos bienes, la empresa privada y otros sectores de la sociedad también deberían comprometerse para atender este tema con celeridad.

Recordó que el patrimonio no es algo inerte, sino un elemento cultural vivo que puede contribuir grandemente al desarrollo económico del país. Así lo han identificado decenas de países alrededor del mundo, que han visto en su riqueza cultural una manera de atraer turismo.

“Creo que en Puerto Rico el tema cultural nunca se ha visto como un servicio esencial. La inversión que se hace a la cultura no solo por parte del sector público, sino también desde el privado, es algo que se tiene que desarrollar muchísimo más. Por eso es tan importante respaldar un proyecto educativo como este, el cual no puede quedarse, por el hecho de que no hay dinero. Hay que tener un sentido de voluntad porque para eso es que nosotros estamos en estas posiciones. Nosotros tenemos que hacer que esto le importe a la gente”, sentenció, toda vez que recordó que sin patrimonio cultural no hay sentido de identidad ni memoria ni legado.


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