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Una de las piezas más significativas del museo es el autorretrato de Lorenzo Homar que plasma el periodo en el que vivió en esta casa  de Miramar.
Una de las piezas más significativas del museo es el autorretrato de Lorenzo Homar que plasma el periodo en el que vivió en esta casa de Miramar. (Ramón “Tonito” Zayas)

Desde su imponente fachada rosada, imposible de ignorar, la estructura que ubica en el #607 de la calle Cuevillas en Miramar comienza a demostrar el impacto que puede lograr una buena combinación de estética y funcionalidad.

Convertida ya en el Museo de Arte y Diseño de Miramar (MADMi),  la antigua residencia de Luis Méndez Vaz y María Bagur alberga otros muchos ejemplos del valor del arte plástico, el diseño y las artes decorativas. 

Este proyecto que abre sus puertas a la comunidad el sábado 1 de diciembre, con una casa abierta que continúa hasta el domingo, tardó más de dos décadas en completarse. Es la culminación del  sueño que tuvo  Méndez Vaz, un juez de profesión  y también empresario apasionado por las artes, de convertir su casa  en un museo y lugar de encuentro. Para este propósito dejó no solamente la estructura sino una colección de objetos para exhibir, entre los que se encuentran muebles, enseres eléctricos y del hogar, así como  artes decorativas pertenecientes al período de modernismo puro en el diseño y el movimiento del Bauhaus (que sentó las bases para lo que hoy conocemos como diseño industrial y diseño gráfico).

Lograrlo requirió el esfuerzo de las organizaciones Titín Foundation y la Fundación Eduardo Méndez Bagur, instaurada por el hijo de Méndez Vaz, para recaudar los fondos necesarios para  la restauración total de la casa, construida en 1913, la adquisición o comisión de las obras y la planificación del espacio. La inversión total sumó $4 millones. 

El  proyecto cultural tiene  un enfoque distinto al de los museos que ya existen en el país, pues uno de sus  propósitos principales es educar acerca del diseño en la isla y cómo esta rama ha evolucionado hasta la actualidad.

Tanto el arte como el diseño son producto de su tiempo y reflejan las visiones de mundo de sus respectivas épocas. Es así que gran parte de la colección refleja en su estética y pureza compositiva los ideales utópicos del modernismo, un movimiento internacional que transformó el siglo 20”, explicó Marilú Purcell Villafañe, curadora en jefe del museo. Fue ella quien estuvo encargada de conceptualizar el espacio.  

La pertinencia del museo, sostuvo la curadora, se enmarca en las oportunidades que ofrece para documentar un periodo importante de la historia del arte en la isla, trazar su desarrollo y el impacto que tuvo y continúa teniendo en la vida de la gente y en  distintas ramas de  las artes.

Qué descubrir

El museo cuenta con tres salas de exhibición, una pequeña tienda de artículos diseñados o hechos en Puerto Rico, área para talleres o reuniones y una amplia terraza. Las paredes y todo el entorno está pensado para exponer el resultado del ingenio de  diseñadores y artistas. 

Así se aprecia desde la primera impresión al abrir la puerta donde se encuentra el vestíbulo con un  moderno mueble, tras el cual se encuentra una instalación de 52 tiestos en cerámica que cuelgan del techo,  diseñados por el arquitecto Vladimir García. 

En la primera sala el museo presenta una de sus tres  exhibiciones inaugurales titulada “Lorenzo Homar: acróbata del diseño”. La misma muestra el legado de este reconocido artista plástico, diseñador y comunicador visual, quien vivió y trabajó en la casa del  1959 al 1980.

La prolífica obra de Homar es representativa de la creación modernista.  Abarca desde la pintura y la serigrafía hasta el diseño, incluyendo los uniformes del equipo de natación de los Juegos Panamericanos de 1979 celebrados en la isla y de prendas para la prestigiosa firma Cartier. En la exhibición se muestran bocetos de ambas labores, así como su icónico cuadro “Cuevillas 607”,  un autorretrato en la sala de la residencia.

Los visitantes podrán apreciar en el espacio contiguo a los trabajos de Homar la exhibición permanente “Modernismo”, formada por una selección que consiste de objetos -  varios de ellos diseñados y fabricados en Puerto Rico- entre  principios y mediados del siglo 20. Una silla de madera estilo isabelino, tostadoras, porcelana y losetas hidráulicas, entre otras piezas, se encuentran en la muestra. 

La intención es llamar la atención de los visitantes acerca cómo el diseño de las cosas estuvo vinculado a la época que vivía el país, cuando existió una industria de diseño local que incluyó empresas como Caribe China, Isla del Sol y Puerto Rican Pottery, entre otras.  

Con la intención de mostrar la multifuncionalidad del diseño el museo también inaugura la muestra “Charles Juhasz Alvarado: Y”, formada por mobiliario y objetos escultóricos hechos en madera y aluminio por el artista, quien actualmente mantiene su  proyecto de intercambio artístico interdisciplinario en la Casa de los Contrafuertes del Viejo San Juan.  

La cadencia del sonido, los parámetros y simetrías de las matemáticas, la pureza del diseño y la capacidad de transformación de sus obras han destacado a Juhasz en el ámbito internacional. Respecto a esa capacidad transformativa, el artista se complace e insiste en un juego metafórico constante entre la apariencia de los objetos y sus funciones ocultas, creando sillas que se convierten en cunas, mesas que también son ábacos para contar historias, cajas de limpiabotas que sirven de instrumentos acústicos y puentes que, además de conectar dos puntos, crean melodías”, explicó Purcell. 

Por otro lado, con la exhibición colectiva  “Todxos a todo”, curada por Andrea Bauzá y Melissa Ramos Borges, el  museo se une a la celebración del centenario de la fundación de la escuela internacional conocida como  Bauhaus, cuya premisa es armonizar funcionalidad y estética en todo lo que constituye el espacio construido.   

Todos los objetos que se encuentran en el salón fueron concebidos por alrededor de 30 diseñadores y artistas contemporáneos puertorriqueños que se han dado a la tarea de hacer objetos utilizados en la cotidianidad siguiendo esta pauta. Las sillas, mesas, tiestos, vasos y otros objetos están colocados en la sala distribuidos en pequeñas áreas. 

“Todas son cosas que se pueden adquirir y que se están produciendo en Puerto Rico, un poco para abrirle los ojos a la gente, para que vean el talento que hay aquí”, indicó Purcell.  

Doel Fresse, Jorge González, Rogelio Báez Vega,  María Dolores Rodríguez, Michelle Gratacós, Pablo Santiago, Javier Olmeda, Ana Cristina Cuevas, Jesús Gómez, Eddie Figueroa y Martín Albarrán se encuentran en el grupo que participa de esta exhibición. 

La sala donde están ubicadas las piezas está junto a una amplia terraza donde se instaló una de las obras permanentes del museo. Se trata de una escultura creada por el artista Miguel Luciano, que   asemeja una camioneta Studebaker de 1949 que fue propiedad de Méndez Vaz. Aunque se supone que la misma formara parte de los objetos de la colección permanente del museo según fue su deseo, estaba demasiado deteriorada para cumplir ese propósito. 

 La escultura de color rojo brillante funciona entonces como un homenaje al deseo del propietario de la “casa rosada” en Miramar y aporta un atractivo muy particular al espacio, pues parece un curioso juguete grande. 

Todo aquí tiene relación con el diseño”, enfatizó Purcell, al asegurar que tanto  la programación del museo como las exhibiciones están pensadas para ofrecer una alternativa educativa e interesante para todo tipo de público.