El cantante de la desaparecida orquesta La Selecta se sincera luego del pleito por derechos de autor entablado por la familia de su fenecido amigo y fundador del grupo, el compositor Raphy Leavitt.

Sentado en un mueble del vestíbulo del Centro de Bellas Artes, de Santurce, el cantante puertorriqueño Sammy Marrero saluda con una sonrisa y con una anécdota. No ha pasado ni un minuto cuando bromea con relación a su estatura y suelta que fue jinete a finales de la década del 50.

“Estuve tres años. Pero no conseguí la licencia por mi problema con el ojo”, comenta y luego guarda silencio, como repasando aquel instante de su vida.

Han sido muchas las vivencias en estos 76 años. Algunas repletas de alegrías, otras duras y tristes y una que otra agridulce, como la que vive actualmente tras ser demandado en el 2016 por la viuda e hijos de quien fuera su amigo y colega, el compositor y músico Raphy Leavitt, quien falleció en el 2015.

La demanda por derechos de autor que incluye a los integrantes de la orquesta de Sammy Marrero y sus esposas, fue presentada ante el Tribunal Federal de Puerto Rico, y busca que el cantante y su grupo no interprete las composiciones del Leavitt hasta que “cumpla” con el pago de regalías que, según el administrador de la orquesta, Edgar Nevárez, “nunca” se han opuesto a pagar.

Cuando murió el compositor, el 5 de agosto de 2015, su familia decidió disolver su orquesta La Selecta, en la que Marrero fue el cantante principal por 43 años. Ante ese escenario, el vocalista conformó su grupo Sammy Marrero y su orquesta, con la que continuó interpretando los éxitos de La Selecta, tales como “La cuna blanca”, “Payaso” y “El buen pastor”, entre otros favoritos del público.

(Ramón “Tonito” Zayas)

La demanda presentada por la familia de Leavitt, buscaba prohibir a Marrero que interpretara las composiciones del también pianista. Pero el cantante y su orquesta han continuado sonando el repertorio, luego de pagar la licencia de uso a la Sociedad Americana de Compositores, Autores y Editores (Ascap).

Sin embargo, la familia de Leavitt retiró las composiciones de Ascap, cuya licencia de uso vence el 31 de diciembre de 2018.

“Esa parte se la dejo a las personas que están metidas en esa materia legal. Lo mío es cantar y seguiré cantando hasta que Dios diga”, reacciona Marrero cuando se le pregunta por el caso, que continúa el 22 de diciembre.

Ese día el cantante tiene que informar quiénes serán sus nuevos representantes legales, luego que los licenciados Roberto Sueiro y Víctor Gratacós renunciaran al caso porque no había cómo financiar sus servicios.

A pesar de toda esta situación, Marrero continúa con ánimo, sonriente y listo para cantar como nunca en lo que será su primer concierto en la Sala Sinfónica Pablo Casals, ubicada en Santurce. La cita será el próximo 30 de diciembre, cuando presentará el espectáculo “El final y un comienzo: Tributo al maestro”, en el que recorrerá musicalmente los temas que lo han acompañado a lo largo de su trayectoria musical. Esta podría ser la última vez -en un tiempo- que el público podrá escucharlo cantando los éxitos de La Selecta en lo que se resuelve el caso en la corte federal.

“Estaré presentando parte de mi vida porque mi vida siempre ha sido cantar”, dice. “La parte que me corresponde a mí es muy importante porque va a transcurrir sobre lo que yo he hecho en mi vida. De cómo a un jibarito de Coamo, un hombre pequeño, el mundo le ha enseñado que no es la estatura (lo que importa), sino el perfil de la educación que he tenido y la educación me la ha dado el mismo pueblo”, abunda.

Una nueva era

Marrero afirma entusiasmado y orgulloso que este concierto representa el final de una era, pero el comienzo de otra en la que mostrará algunas de sus composiciones porque asegura que además de cantante es poeta. “Nunca he querido ser algo diferente a lo que soy. Siempre he tratado de ser sincero, buena persona, compartir con mi música y es la primera vez que me presento en esta inmensa sala. Pero con el favor de Dios, daré lo mejor de mí”, reitera.

 

(Ramon “Tonito” Zayas / GFR Media )

A pesar de la sonrisa, Marrero admite que la demanda entablada por la familia de Raphy Leavitt le ha afectado, pero está confiado en que el caso se resolverá. “Soy un ser humano y a nadie le gusta que le amarren las manos o que no pueda moverse. Pero yo tengo algo a mi favor y es que Dios no permite la injusticia”, expresa.

Opina que si Raphy Leavitt estuviera vivo no estaría de acuerdo con la disputa legal, pero admite que no sabe sobre las interioridades que él conversó con su familia.

“Conociéndolo, yo creo que no (estaría de acuerdo). Claro, no sé si en la intimidad él con su señora haya hablado algo. Pero yo vivo a la buena de Dios y cantaré hasta el fin de mi vida porque si no es la canción de uno, es la canción de otro o la componemos nosotros”, puntualiza. Concluye reiterando que en el concierto del 30 de diciembre -en el que estarán de invitados Domingo Quiñones y Eduardo Villanueva- dará lo mejor de sí porque “es la primera vez que se me da esta oportunidad y jamás la voy a desaprovechar”.


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