Kate Middleton. (Shutterstock)
Kate Middleton.

Lejos queda ya la imagen de aquella joven casi desconocida, Kate Middleton, que se casó por amor con el príncipe William, segundo en la línea de sucesión al trono, y que hoy ostenta el honor de ser uno de los miembros más queridos de la familia real británica.

Una carrera de diez años durante los cuales son muchos los que han visto en su cuidada dedicación familiar, la excelente relación con la reina y su corrección en los actos públicos; las cualidades necesarias de una futura reina consorte.

Cercana y natural, las comparaciones con la que hubiera sido su suegra, lady Diana, la acompañarán siempre. Pero, de momento, nadie más que Kate ha conseguido acercarse tanto al codiciado título de “princesa del pueblo”, un reconocimiento que consolidó tras la salida de Harry y Meghan, los duques de Sussex, de la familia real, y que por derecho propio le pertenecía.

Icono de estilo, su agenda es una de las más ocupadas y sus “looks” son imitados por una legión de admiradoras, dispuestas a agotar en cuestión de minutos cualquier prenda que luzca en sus apariciones. Es lo que se conoce como el “efecto Kate” y que hoy más que nunca cotiza al alza.

De “Waity Katie” a “royal”

De origen plebeyo, Kate es la primera hija de Michael y Carole Middleton, antiguos trabajadores de British Airways que, en 1987, fundaron Party Pieces, una empresa de venta por correo de artículos para fiestas que al cabo de unos años les convirtió en millonarios.

Su vida cambió cuando, en 2001, acudió a estudiar a la prestigiosa Universidad de St Andrews (Escocia) y allí coincidió con el príncipe William, nieto de Elizabeth II, con quien compartió piso de estudiante antes de iniciar una relación sentimental que se prolongó hasta noviembre de 2010, cuando hicieron público su compromiso de boda.

Durante una entrevista con CNN, el príncipe reconoció sin embargo que el momento de arrodillarse había tenido lugar un mes antes en la reserva natural Lewa Wildlife Conservancy, de Kenia.

Y lo hizo con un anillo muy especial: el mismo que había recibido su madre, Diana de Gales, del príncipe Charles y que, según reveló después el exmayordomo de Diana, Paul Burrell, podía haber acabado en la mano de la hoy exduquesa de Sussex, Meghan Markle, de no ser por la generosidad del príncipe Harry, hermano del novio, quien heredó la pieza tras la muerte de Diana.

Finalizaba así una larga espera que había costado a Kate el mote de “Waity Katie” (Katie la paciente), que es como solían referirse a ella los tabloides británicos al retratarla como una novia desesperada porque su enamorado le pidiera matrimonio.

El broche de oro tuvo lugar el 29 de abril de 2011, cuando la pareja se casó en la abadía de Westminster, y con un beso en el Palacio de Buckingham sellaron una unión que ya ha cumplido diez años y dentro de la cual han nacido tres hijos: el primogénito y futuro heredero George, la princesa Charlotte y el príncipe Louis.

Lady Di como inspiración

Siempre amable y buscando un discreto segundo plano, han sido muchos los que han intentado ver en ella la sombra alargada de Lady Di. Lo fue durante su noviazgo cuando la excesiva presión de los medios que sufría la joven desembocó en una ruptura de pareja que evocó el recuerdo colectivo de Diana, fallecida en 1997 en París en un accidente de auto, cuando era seguida por fotógrafos.

Pero lo es también ahora cuando la duquesa imita sus “looks”, no se sabe si de manera consciente.

El empeño en cuidar ella misma de sus hijos, los gustos sencillos -la fotografía es una de sus pasiones- y la capacidad de manejar el protocolo como solo la princesa de Gales sabía hacerlo, son otros aspectos que comparte con la fallecida Diana.

Aunque es su faceta solidaria, mostrando su preocupación con los problemas sociales, tales como el cambio climático, la salud mental o el COVID-19, son las ocupaciones que más la identifican con ella.

Muestra de ello es su reciente apoyo al proyecto fotográfico “Hold Still”, compuesto por imágenes captadas en los peores momentos de la crisis sanitaria y cuyas ganancias van destinadas a la organización de salud mental “Mind” y a la Galería Nacional de Retratos.

Lo que, sin embargo, parece poco probable es que la esposa de William vaya a sufrir el calvario que soportó Diana en vida, mucho más vulnerable que quien hubiera sido su nuera.

Por ver está lo que esta década deparará a la siempre perfecta Kate, y que podría ser una de las más importantes de su vida, si la línea sucesoria se salta al príncipe Charles y el príncipe William asciende directamente al trono. Mientras tanto, “larga vida a la duquesa”.

Futura reina

Aunque su relación con el príncipe William comenzó hace dos décadas, oficialmente Kate Middleton ha formado parte de la familia real británica desde su matrimonio en abril de 2011.

Desde entonces, la duquesa de Cambridge se ha destacado por su carisma, su contribución a causas benéficas, la dedicación hacia su familia y su estilo sofisticado que ha ido depurando con el paso del tiempo.

Estas cualidades la han hecho una de las favoritas dentro de la familia real británica y su popularidad sigue creciendo. A finales del año pasado, la encuesta publicada por el grupo internacional YouGov -especializado en análisis de datos e investigación de mercados- posicionaba a Kate como el tercer integrante de la familia con mayor beneplácito del público participante, superada solamente por la reina Elizabeth II y el príncipe William.

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