El modelo QX50 de Infiniti se maneja ágilmente de manera similar a una crossover de menor tamaño, pero su motor de cuatro cilindros claramente tiene más empuje que muchos en esa categoría. (Suministrada)

Como muchos puertorriqueños, en estos meses he necesitado recurrir a la naturaleza para escapar del encierro en el que estamos por la pandemia del coronavirus.

Por eso mismo prefiero la paz y la soledad de los bosques del centro montañoso, pero sus carreteras maltratan y le exigen mucho a mi sedán de cuatro cilindros y casi 15 años, así que el plan ya estaba planchado cuando me anunciaron que tendría la Infiniti QX50 por el fin de semana.

Recogí esta SUV mediana, sorprendentemente espaciosa y poderosa en su concesionario exclusivo en la marginal de la Avenida Kennedy en San Juan un viernes y al otro día ya iba de camino al Bosque Estatal de Guajataca.

En el baúl, llevaba una caseta y todos los suministros para pasar allí la noche, además de mis botas para el fango que se iba a formar en pocas horas, ya que el pronóstico no pintaba bien para el bosque.

En el asiento trasero, Toby, un chihuahua adicto a la aventura, aunque usualmente se cansa a medio camino y exige que lo carguen al hombro, viajaba en su pequeña casita. A ambos lados del perro, eventualmente se sentaron cómodamente dos adultos.

Los interiores de este modelo son complementamente en piel y vienen en diferentes colores.

Generalmente, la QX50 se maneja ágilmente de manera similar a una crossover de menor tamaño, pero su motor de cuatro cilindros claramente tiene más empuje que muchos en esa categoría.

Pero el corazón de esta SUV es más que solo cuatro cilindros. El modelo 2020 viene equipado con un motor turbo de compresión variable que permite al vehículo alcanzar su mayor eficiencia sin importar la situación de manejo.

En la autopista, especialmente en modo deportivo, la QX50 se desliza por el pavimento sin mayor esfuerzo, fácilmente alcanzado y cómodamente sosteniendo altas velocidades, incluso en el zigzag de carril a carril

Aunque está diseñada con el lujo y la comodidad antes que la velocidad, es de las pocas SUVs que he podido llevar cerca de las 100 millas por hora sin comenzar a sentir la fuerte resistencia del aire sobre el parabrisas.

Ya en Isabela, abrí el “moonroof”, que se extiende desde la primera fila hasta casi el baúl de la SUV. Esta no es una característica única de la QX50, ni siquiera de Infiniti, pero su techo relativamente bajo hacía lucir al “moonroof” como una ventana a la naturaleza, especialmente cuando ya me adentraba en las entrañas del bosque.

Eso me trae al diseño exterior de Infiniti que, hasta ahora, creo que siempre ha sido el más atrevido del mercado. La parrilla delantera de la QX50 es una obra de arte lo suficientemente grande para ser el centro de atención, pero suficientemente discreta para compartir el escenario con una fascia deportiva, unos focos estrechos y un bonete ondulado hacia las esquinas.

La consola central de la QX50 cuenta con dos pantallas, y en múltiples ocasiones me encontré buscando en una lo que debía buscar en la otra.

Como es usual en la industria automotriz, las SUVs de infiniti comparten la plataforma de sus contrapartes en el mercado de sedanes, pero, en este caso, creo que la QX50 tiene un diseño más refinado que el Q50.

Sus laterales también son ondulados, además de que la columna justo detrás de los pasajeros cuenta con el diseño en letra “D”, similar a un rayo de luz que cae del techo. Atrás, la QX50 luce mofles dobles.

Curiosamente, lo que parecen agallas de tiburón a ambos lados de la fascia trasera realmente son las luces reflectoras. Después de reseñar muchos vehículos que intentan parecer deportivos aunque no lo son, es refrescante ver a una marca que le da algo de utilidad a ese corte aerodinámico.

Los aros de diez patas de la versión Sensory que conduje no fueron mis favoritos. Creo que son muy simples para encajar con el diseño atrevido de la caja.

Con cielos y cristales abiertos, íbamos subiendo las cuestas empinadas de Isabela en el último tramo hacia el bosque, cuando la carretera empezaba a exigir cada vez más del motor, pero este último no parecía pasar mucho trabajo.

Después de casi tres horas de caminata bosque adentro y debajo del sol, regresamos a la Infiniti para seguir el viaje a Aguadilla. El cansancio era notable, tal que todos los pasajeros se quedaron dormidos, así que el sistema de sonido Bose Performance Series de 16 bocinas fue tremendo acompañante detrás del volante, especialmente cuando tocaba dejar caer el bajo y despertar a todo el mundo.

Los interiores en piel de la QX50 eran completamente negros con acentos metálicos en aluminio. La consola central cuenta con dos pantallas. La de abajo controla el radio y el acondicionar de aire, mientras que la de arriba maneja la navegación y las conexiones de Apple Carplay o Android Auto.

Aquí es que mi experiencia con la QX50 pudo haber mejorado. Los interiores completamente negros no le hacen justicia al diseño del exterior, pero al menos corroboré que hay otras tonalidades más interesantes disponibles.

Dos pantallas son demasiadas. En múltiples ocasiones me encontré buscando en una lo que debía buscar en la otra. Creo que la pantalla superior, que está angulada y a veces es difícil de alcanzar, debe mejorar o desaparecer en pro de una sola pantalla plana y centrada, como hace la mayoría de las marcas.

Ya en Aguadilla, nos paramos a comprar helado por servi-carro frente al aeropuerto Rafael Hernández y aprovechamos para poner a prueba la tracción delantera de esta SUV en el pasto mojada y el fango.

Para mi sorpresa, las gomas delanteras respondieron ágilmente a cambios abruptos en dirección sobre terreno suave e incluso, logró arrancar desde cero sin hundirse en el fango, lo que es uno de los mayores miedos de cualquiera que guíe una SUV de este tipo.

Su eficiencia de combustible combinada ronda las 26 millas por galón, según la Agencia de Protección Ambiental (EPA), pero me promedió unas 24 en el fin de semana.

Su modelo más económico, Pure, tiene un costo inicial aproximado de $49,000.