El empresario naviero venezolano Wilmer Ruperti. (AP)

Miami — Desde hace dos meses, el buque petrolero Alkimos, con bandera de Malta, pasa el tiempo frente a la costa de Texas, ajeno a lo que sucede en un tribunal federal de Estados Unidos como consecuencia de las sanciones que Washington impuso a Venezuela.

La disputa, que no había trascendido hasta ahora, tiene todo el drama de una película de piratas: Una carga costosa, maniobras marinas clandestinas y acusaciones de un robo en altamar.

De un lado está Evangelos Marinakis, uno de los empresarios más importantes de Grecia y propietario de su club de fútbol más exitoso, el Olympiakos, y del otro, otro magnate de la industria naviera de Venezuela, Wilmer Ruperti, quien tiene un largo historial de colaboración con el gobierno socialista venezolano.

El primer round pareció favorecer a Marinakis, cuya empresa Capital Ship Management Corp., con sede en El Pireo, opera el Alkimos. El miércoles las autoridades estadounidenses ofrecerán en subasta el cargamento del barco en Houston: 100,266 barriles de gasolina de alto octanaje, con un valor aproximado de 5 millones de dólares. La subasta se produce después de que el juez Lynn Hughes ordenase confiscar el cargamento, diciendo que lo más probable es que hubiera ido a parar a Venezuela, mientras continúa un proceso de arbitraje sobre un derecho de retención de 1.7 millones de dólares.

“Esto demuestra claramente que las sanciones funcionan”, afirmó Russ Dallen, quien sigue de cerca el tráfico marítimo como director de Caracas Capital Markets, con sede en Miami. “Si bien pareciera que este propietario hizo las cosas bien, hay muchas cucarachas inescrupulosas en la industria naviera dispuestas a hacer negocios con Venezuela”.

Estados Unidos ha estado tratando por meses de frenar los cargamentos de combustible de y hacia Venezuela, en la esperanza de que eso acelera la caída de Nicolás Maduro, al privarlo de los ingresos petrolíferos que son el principal sostén de su gobierno socialista. Pero los más perjudicados han sido los venezolanos, que tienen que esperar días para llenar los tanques de sus vehículos por la escasez de gasolina refinada en el país.

Hasta ahora el gobierno de Donald Trump ha sancionado a más de 50 barcos por violar las sanciones. Este mes agregó cinco capitanes iraníes a la lista de individuos a los que no se les permitirá hacer negocios con Estados Unidos luego de que Maduro apelase a Irán para recibir gasolina, que cada vez la cuesta más conseguir.


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