De los 97 millones de litros de agua que envió FEMA a Puerto Rico, solo 37% llegaron a sus puntos de distribución. (Jorge A Ramirez Portela )

Solo el 37% del agua y 45% de los alimentos, que envió la Agencia Federal para el Manejo de Emergencias (FEMA, por sus siglas en inglés) a Puerto Rico tras el huracán María, llegaron a sus puntos de distribución, debido al mal manejo de la emergencia por parte de la agencia dirigida entonces por Brock Long.

Estos son parte de los hallazgos de la Oficina del Inspector General (OIG) del Departamento de Seguridad Nacional de Estados Unidos, en una auditoría, que presentaron el pasado 25 de septiembre. El administrador de FEMA, Pete Gaynor, coincidió con cuatro de las cinco recomendaciones que le hiciera la OIG para corregir las fallas detectadas.

En última instancia, este hallazgo se resume en que la agencia federal “no puede garantizar que proporcionó productos básicos a los sobrevivientes del desastre en Puerto Rico para mantenerles con vida", lee el informe de 48 páginas.

En total, FEMA perdió visibilidad sobre 4,462 productos, o un 38%, que envió para sostener la vida de los residentes de Puerto Rico, tras el huracán María y hasta que se restauró la energía eléctrica en el segundo trimestre de 2018.

La auditoría de la OIG reveló además que el valor estimado de esos productos asciende los $257 millones, y el 98% de ellos eran agua y alimentos para aliviar las necesidades del pueblo puertorriqueño.

Valor estimado de los productos. (OEG)

Esta falta de visibilidad se debe a que FEMA no usó el sistema de GPS para rastrear el envío de los suministros. Además, permitió que Crowley Maritime Corporation, la empresa contratada para transportar los suministros desde el puerto de Jacksonville (Florida), rompiera los sellos de inventario provistos por FEMA y los sustituyera por manifiestos de carga genéricos, que afectaron posteriormente la distribución de los productos necesarios para la población. Estos manifiestos contienen la descripción de la mercancía, con sus cantidades y la información del destinatario, según la OIG.

“Nuestro análisis de datos indica que es posible que unos 1,000 contenedores nunca hayan salido del puerto de Jacksonville. El personal de FEMA en Jacksonville indicó que más de 1,500 contenedores empacados por FEMA, la mayoría de ellos al comienzo del desastre, puede que nunca haya llegado a Puerto Rico”, lee el informe firmado por el inspector general Joseph Cuffari.

El personal de FEMA le confirmó también a los auditores que después de contabilizar todos los envíos de comida y agua, no lograron ubicar 19 contenedores repletos de suministros valorados en $303,000.

Otra falla detectada por la OIG es que una vez los contenedores llegaban a Puerto Rico, permanecieron bajo la custodia de FEMA durante aproximadamente 48 días, lo que representó una prolongación inusual.

La falta de administración de los contratos con Crowley supusieron violaciones contractuales y permitieron que los costos del contrato aumentaron sin que FEMA tuviera prueba de que los servicios se prestaron según lo requerido. La OIG detectó sobrecostos del contrato de aproximadamente $179 millones y al menos $50 millones en “costos cuestionados”.

Según los datos recopilados, FEMA envió aproximadamente 97 millones de litros de agua a Puerto Rico entre septiembre de 2017 a abril de 2018, de los cuales solo el 37% llegó a su destino. Durante el mismo período, envió 53 millones de comidas, de los cuales solo el 45% llegó a los punto de distribución estatales.

“El resto de los suministros enviados, tanto para el agua como para las comidas, que llegaron al Estado Libre Asociado permanecieron bajo la custodia de FEMA, en instalaciones de contratistas o tenían destinos desconocidos”, reveló el informe.

La OIG abordó también el asunto de las cajas de alimentos con poco valor nutricional, entre ellas, galletas y dulces, incapaces de sostener a la población durante la emergencia. Se explica que la razón para hacer esto fue por la incapacidad de ordenar alimentos adicionales ante la alta demanda de desastres concurrentes, sobre todo, después de atender a la población de Texas y Luisiana, tras el huracán Harvey.