Desde su descubrimiento, el origen, significado y antigüedad de las piedras del padre Nazario han sido debatidos. (GFR Media)

Dos científicos de calibre mundial determinaron –por separado– que las llamadas piedras del padre Nazario, halladas en 1880 en Guayanilla y que contienen unos trazos muy particulares, son auténticas y pudieran reflejar un sistema de escritura desconocido hasta el momento.

Ambas afirmaciones se dieron en el marco de una investigación liderada por el arqueólogo Reniel Rodríguez, de la Universidad de Puerto Rico (UPR) en Utuado. En 2012, Rodríguez inició sus estudios sobre las piedras, también conocidas como la “biblioteca de Agüeybaná”.

Se trata de una colección de 800 piedras descubiertas por el padre José María Nazario y Cancel, quien, además de ser párroco en Guayanilla, era un aficionado de la historia y arqueología.

El padre Nazario, quien tenía experiencia en el estudio de ciencias antiguas debido a su formación clerical en la Universidad de Salamanca, concluyó que las piedras contenían la escritura conocida como hebreo-caldaica y que estaban relacionadas con las 10 tribus perdidas de Israel. Pensaba que algunas ramificaciones de esas tribus se habían movido a las Américas, llegando a Puerto Rico y teniendo contacto con los indígenas de la isla.

Esa interpretación, recordó Rodríguez, no fue del agrado de muchos. Desde entonces, el origen, significado y antigüedad de las piedras han sido debatidos.

Viaja a Israel

Rodríguez contó que, como parte de su investigación, hizo pruebas de carbono 14 a las piedras para determinar su antigüedad, y encontró que datan de entre los años 900 antes de Cristo y 900 después de Cristo.

“Pero tenía la necesidad de que peritos en diferentes especialidades las vieran y trataran de abordar dos asuntos principales: cómo se habían hecho las piedras y qué representaban los símbolos observados”, dijo a El Nuevo Día.

Fue así como dio con el Use-Wear Analysis Laboratory del Zinman Institute of Archaeology de la Universidad de Haifa, en Israel, donde se especializan en el análisis de huellas de usos. Este es un tipo de estudio mediante el cual se examinan piezas microscópicamente, sobre todo las áreas trabajadas, para establecer cuáles fueron las técnicas y herramientas utilizadas.

El laboratorio es dirigido por la arqueóloga Iris Groman-Yaroslavsky, quien se especializa en estudios microscópicos de la lítica o análisis de alta magnificación de los objetos de piedra. En mayo pasado, Rodríguez viajó a Israel y le llevó una muestra de las piedras a Groman-Yaroslavsky, quien las examinó.

“Ella evaluó las piezas en detalle y estableció que, en efecto, las herramientas utilizadas para hacerlas no parecen haber sido metales, como se hubiese esperado si fueran de tiempos recientes, sino que parecen haber sido hechas con herramientas de piedra, en particular con pedernal”, indicó.

“También, dentro de las marcas, se nota un alto nivel de intemperización, que es la transformación química que sufre una roca cuando es expuesta a los elementos por extensos períodos de tiempo. Si las piedras las hubiera hecho el padre Nazario, de quien sabemos que las mantuvo escondidas en cajas por mucho tiempo, no hubiesen tenido un alto nivel de intemperización en el interior de las marcas”, agregó Rodríguez.

Groman-Yaroslavsky determinó, por lo tanto, que los trazos en las piedras se hicieron, al menos, en tiempos precolombinos y que estuvieron expuestas a la intemperie por largos períodos.

Estudio epigráfico

En junio, Rodríguez trajo a la isla al epigrafista Christopher Rollston, del Departamento de Lenguas y Civilizaciones Clásicas y del Cercano Oriente de la Universidad George Washington, en la capital de Estados Unidos. La epigrafía es la ciencia que estudia los sistemas de escritura antiguos.

Rollston se especializa en escrituras antiguas del Mediterráneo, como fenicio y hebreo antiguo, y es perito en la detección de fraude. Examinó una muestra de la colección de las piedras en el Laboratorio de Arqueología Ambiental del Departamento de Sociología y Antropología de la UPR-Río Piedras.

Según Rodríguez, el estudio epigráfico consistió en analizar los símbolos de las piedras y descifrar si el padre Nazario trató de imitar algún tipo de escritura antigua conocida en el siglo 19.

“Tras un análisis detallado, (Rollston) llegó a la conclusión, en primer lugar, de que son símbolos que se hicieron en la antigüedad y no parecen ser falsificaciones hechas por el sacerdote. En segundo lugar, que los símbolos parecen representar un sistema de escritura o de anotación. Y, en tercer lugar, que los tipos y secuencias de los símbolos parecen reflejar un nuevo sistema de escritura desconocido hasta el presente”, explicó.

Rollston determinó, además, que las piedras del padre Nazario exhiben algunos símbolos parecidos a los observados en sistemas como el fenicio y hebreo antiguo, pero la estructura de la escritura es diferente.

“El desarrollo de esta escritura sí pudo haber sido resultado de algún contacto con gente de otro lugar que tuviera un sistema establecido, del que se pudieron haber obtenido símbolos. Pero, al parecer y según Rollston, el sistema que se observa en las piedras es principalmente autóctono”, dijo Rodríguez.

Lo próximo

Al momento, Rodríguez escribe un artículo científico con los informes especializados de Groman-Yaroslavsky y Rollston, con la intención de publicarlo en una revista especializada.

“Son estudios concluyentes que, junto con los de carbono 14 y otros que se habían hecho, establecen una información irrebatible en torno a la antigüedad de la colección. Además, van en la línea de lo observado por otros investigadores, que establecieron que las piedras eran auténticas. Esta es una validación para ellos y su legado”, afirmó.

Como próximo paso, se preparará un catálogo fotográfico de la colección de las piedras del padre Nazario. Fue diseñado por Roberto Pérez, y próximamente estará disponible en la página web de la UPR en Utuado.

Además, en diciembre, saldrá un documental sobre la arqueología y cómo puede ayudar a descifrar misterios como el de las piedras. Es trabajado por Carlos García.

Todas estas fases de la investigación fueron subvencionadas por la UPR-Utuado.


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