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Los niños de Puerto Rico representan el grupo poblacional más pobre de todo Estados Unidos. (horizontal-x3)
Los niños de Puerto Rico representan el grupo poblacional más pobre de todo Estados Unidos. (GFR Media)

Algunos opinan que, para atajar la pobreza infantil, urge que se garantice un mayor acceso a la educación. Otros consideran que la formación académica no es la solución, sino la integración de familias pobres en escenarios en que residen personas de mayores niveles socioeconómicos.

La visibilidad de este problema social y la inversión en la niñez, para asegurar su desarrollo futuro, también despuntan como acciones que deben tomarse, así como el ofrecimiento de empleos seguros y el apoyo necesario para hombres y mujeres que lideran familias con uno o varios niños.

Esas son algunas de las recomendaciones de expertos en Demografía, Trabajo Social, Economía y Sociología sobre pasos que se deben tomar ante la cantidad de niños en Puerto Rico que viven bajo niveles de indigencia, muchos de ellos con padres desempleados o carentes de trabajos permanentes que los ayuden a llevar una vida digna, como dictan los preceptos básicos de los derechos humanos.

El estudio Kids Count Data Book 2018, publicado hace unos días por la Fundación Annie E. Casey y divulgado localmente por el Instituto del Desarrollo de la Juventud, encontró que los niños y niñas de Puerto Rico representan el grupo poblacional más pobre de todo Estados Unidos.

“Cuando uno habla de pobreza se piensa que no están comiendo bien, que no tienen carro, televisión, casa… pero el asunto serio es la exclusión”, indicó la trabajadora social Rita Córdova.

“Impedimentos, trabas y miles de requisitos” a la hora de acceder servicios básicos, como salud mental y educación especial, también fueron factores señalados por la experta en conducta humana y social como abono para la perpetuación de la pobreza.

La creencia de que la pobreza se supera con la educación y que uno puede escalar socialmente porque uno estudie es una falacia. La pobreza se perpetúa por organizaciones sociales y políticas que ubican a la gente (pobre) a ‘x’ comunidad, en ciertos espacios, como residenciales públicos”, opinó Córdova, quien urgió a seguir la política pública de Europa, donde se ubican familias pobres en sectores en los que habita la clase media o más acomodada para promover su inserción en procesos participativos que los motiven a progresar y a seguir reglas de sana convivencia.

Según el Banco Mundial, la superación de la pobreza no es solo un asunto de tener políticas económicas acertadas, sino que se vincula también con la promoción de un desarrollo social que empodere a las personas a través de la creación de instituciones y sociedades más inclusivas, cohesivas, resilientes y responsables.

Los demógrafos Raúl Figueroa y Alberto Velázquez, mientras tanto, consideran que la educación desde niveles primarios es clave para asegurar empleos que los ayuden a salir de la pobreza y vivir en mejores condiciones de vida.

“Mientras se mejore el sistema educativo y la salud va a haber esperanza”, puntualizó Figueroa.

La Convención sobre los Derechos del Niño reconoce que todos los niños y niñas tienen derecho a asistir a la escuela y aprender.

Este derecho comienza en la primera infancia, y por esta razón, en los Objetivos de Desarrollo Sostenible se exhorta a los gobiernos a velar por que todas las niñas y todos los niños tengan acceso a servicios de atención y desarrollo en la primera infancia y a una enseñanza preescolar de calidad”, dice el informe del Estado Mundial de la Infancia 2016 del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef, en inglés).

Verlo como un todo

La migración, la baja en natalidad y la situación económica que atraviesa el país son factores que, a juicio de los expertos, se deben atender en aras de fomentar cambios que inciten a favorecer el desarrollo de la niñez.

“El gobierno tiene que empezar a ver esto como un todo porque los efectos sociales y económicos que hay, en términos demográficos, van a afectar a todo el mundo”, dijo Figueroa.

Datos del Negociado del Censo reflejan que, mientras en 2010 había 897,000 menores de 18 años en Puerto Rico, para el 2016 la cifra había bajado a 694,000. Estimados preliminares al 1 de julio del 2017 fijaban esta población en 656,000. Esta cifra no considera el efecto migratorio ocasionado a consecuencia del huracán María. Proyecciones del Centro de Estudios Puertorriqueños de Hunter College indican que, en dos años, unos 55,700 menores de cero a 18 años podrían salir del país.

Según el Registro Demográfico y Estadísticas Vitales del Departamento de Salud, mientras en 2010 ocurrieron 59,460 nacimientos en el país, para el 2016 la cifra había bajado a 28,339. Y los números siguen bajando.

Con una proyección de 1.2 hijos por cada mujer en edad reproductiva en Puerto Rico o 12 nacimientos por cada 10 mujeres, Velázquez advirtió que el nivel de reemplazo generacional es insuficiente.

Además, Figueroa señaló que el país aún vive los efectos de la epidemia de zika, cuando en 2016 Salud les recomendó a las mujeres evitar quedar embarazadas como medida preventiva contra potenciales daños al feto.

“La economía también afecta porque empuja a muchos a irse. Entonces se afecta el valor de las viviendas porque no hay tanta gente para comprar casas, hay menos gente comprando carros y también están cerrando escuelas tanto públicas como privadas, provocando que muchos negocios alrededor de esas escuelas se afecten y cierren”, dijo.

Según Figueroa, quienes más están teniendo hijos son mujeres de bajos niveles económicos que generan menores ingresos.

“Muchas viven solas y, sin apoyo, se les hace bien difícil salir (de la pobreza). Los niños no son pobres porque sí, sino sus padres. En su mayoría, son mujeres solas. Si no le damos oportunidades para trabajar, la pobreza va a seguir aumentando”, dijo, al resaltar que se estima que el 60% de los nacimientos son de madres solteras.

La Encuesta de la Comunidad del Negociado del Censo del 2016 indica que, de las 836,332 familias que vivían en Puerto Rico en ese momento, 302,933 tenían hijos menores de 18 años. De esas familias, 130,776 estaban compuestas por parejas casadas, 34,022 por padres solteros y 138,130 por madres solteras.

Más incentivos y ayudas

Darles incentivos para que esa madre o padre jefe de familia pueda insertarse en la fuerza laboral fue una de las recomendaciones de Velázquez, quien puntualizó que una de esas ayudas debe ser para el cuido de los hijos y para otros apoyos, como tutorías para los menores. Esto, dijo, podría ayudarles a, en lugar de trabajos a tiempo parcial que sigan perpetuando su ciclo de pobreza, puedan aspirar a empleos a tiempo completo y a continuar progresando también a través de la educación.

“Mientras más escasas las actividades formales (de trabajo), vas a empujarlos a buscar otros sustentos”, dijo Velázquez, quien señaló que un estudio encontró que la economía informal representa aproximadamente 30% del Producto Interno Bruto del país.

Ante este escenario, Figueroa advirtió que las medidas fiscales que tome el gobierno deben tomar en consideración los aspectos sociales y demográficos. De lo contrario, advirtió, más familias seguirán mudándose del país en busca de un mejor bienestar.

“Por ejemplo, bajar las pensiones va a aumentar el nivel de pobreza y va a crear un problema mayor. Todo está integrado”, dijo.

Velázquez destacó, además, que debe haber más flexibilidad en fijar ayudas gubernamentales estrictamente bajo los niveles de pobreza, ya que un hogar de dos personas, por ejemplo madre e hijo, entra en estos parámetros si no superan los $16,000 al año, pero una familia de dos con $16,500 se excluye. Además, sugirió que haya una transición de más de un año para retirarles ayudas sociales a beneficiarios cuando consiguen empleo.

“Que consigan trabajo significa unas garantías de ingresos. Deben complementarse (esos ingresos) con ayudas del gobierno y no verse como enemigos del trabajo”, coincidió la economista María Enchautegui.

La experta sugirió, además, que se concedan créditos por trabajo para aliviar la carga de la clase trabajadora. Este incentivo, que consiste en una reducción de la carga contributiva, estuvo vigente de 2007 a 2014.

“No podemos esperar que la economía mejore para entender las repercusiones en los niños”, dijo, al coincidir en que el problema no es solo la pobreza, sino que esté concentrada en ciertos espacios de aislamiento social sin oportunidades de superación.

Enchautegui recomendó que se otorguen vales para el alquiler o compra de residencias a modo de fomentar más integración entre clases sociales. Esto, dijo, puede beneficiar especialmente a la niñez.

Tanto Enchautegui como el sociólogo Joel Villa urgieron, además, a la formación de alianzas.

“Puerto Rico no solo debe buscar apoyo de la diáspora puertorriqueña, sino de otros grupos marginados”, dijo Villa, quien catalogó la pobreza en la niñez como un asunto humanitario y de igualdad, así como de derechos civiles.

Según el sociólogo, la pobreza infantil es reflejo de la pobreza de Puerto Rico y producto de la situación colonial del país.

“El peor huracán es la pobreza. Desgraciadamente, ese no es el norte de nuestros políticos. Es triste y malo, pero cierto. Son problemas de relaciones de poder”, sostuvo.

Alianzas

Para la secretaria de la Departamento de la Familia, Glorimar Andújar, la pobreza infantil está vinculada estrechamente a la falta de igualdad por la situación territorial del país.

La funcionaria resaltó en el fortalecimiento de ayudas a menores que viven bajo parámetros de indigencia y a sus padres, facilitando el empoderamiento de esas familias para que puedan generar sus propios ingresos.

Según Andújar, al 1 de julio de este año había 351,830 menores de cero a 17 años bajo el Programa de Asistencia Nutricional (PAN). Agregó que, con los cambios en las tablas de elegibilidad del PAN han entrado unas 85,000 familias adicionales al programa, para un total de 655,000.

Es medular la erradicación de la pobreza, por eso la importancia de las alianzas con organizaciones de base comunitaria. Es una forma de llevar los servicios más allá del alcance de las agencias”, dijo, e insistió en la urgencia de poder identificar las necesidades de las familias en vías de ayudarlas.


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