Posiblemente la has visitado cientos de veces sin internalizar que estás en presencia de una maravilla arquitectónica militar: la ciudadela española construida entre los siglos XVI y XVIII, que, por siglos, ha sido un centinela de la Bahía de San Juan.
No obstante, ¿sabías que, como parte de su larga historia, tras la invasión de 1898, el castillo San Felipe del Morro y el de San Cristóbal fueron rebautizados por las Fuerzas Armadas de Estados Unidos como Fort Brooke en memoria del general de la Guerra Civil, John Rutter Brooke? ¿Sabías que, en los terrenos de El Morro, también hubo amenidades como cine, piscina y teatro?
Te explicamos cómo comenzó todo.
De acuerdo a los récords históricos de Fort Brooke, en 1901 el Ejército de los Estados Unidos comenzó a instalar electricidad en los cuarteles y alojamientos de El Morro, del castillo San Cristóbal, el Cuartel Ballajá y otros edificios administrativos.

Luego, según el portal web del Cuerpo de Ingenieros del Ejército de los Estados Unidos (USACE, en inglés), el 30 de junio de 1903 -apenas cuatro años después de la invasión- una orden ejecutiva del presidente Theodore Roosevelt reservó una zona de 98.8 acres para fines militares. Esta reserva incluía los terrenos de El Morro, el Castillo San Cristóbal, el Cuartel de Ballajá y las instalaciones de la antigua residencia del guardián del faro de El Morro.
En su punto más activo, la reserva militar comprendía de una superficie total de aproximadamente 115 acres.

Los respectivos inicios de la Primera (1917) y la Segunda Guerra Mundial (1939) tuvieron un gran impacto en la estructura física del fuerte, especialmente en El Morro. En ambas instancias, el Ejército realizó ampliaciones modernas para facilitar las actividades bélicas y la vigilancia del Caribe.
En 1917 comenzó la modernización de la artillería con la instalación de tres cañones de 4.7 pulgadas y una posición de artillería con cuatro cañones de 155 mm, además de mejoras en las fortalezas.
El USACE, según sus registros, construyó numerosas posiciones para albergar el nuevo armamento y, además, acondicionó el espacio para alojar a los soldados y a sus familias.
Fue para esta época que comenzó el proceso de construcción de las viviendas, el hospital y áreas recreativas, así como la piscina, un teatro, el campo de golf y un campo de béisbol. Además, se realizaron mejoras en las instalaciones sanitarias para combatir la propagación de enfermedades.

Posteriormente, se construyeron residencias para oficiales a lo largo del camino que conduce al castillo. En el ala norte de los terrenos, contiguo a la entrada principal del fuerte, se encontraba el Club de Oficiales, junto a la entonces moderna piscina de concreto armado.

Las viviendas para oficiales solteros se encontraban del otro lado de la entrada al castillo, mientras que se levantaba un cine al aire libre entre la entrada principal a los terrenos del castillo y la del Cementerio Santa María Magdalena de Pazzis.
El cine-teatro, diseñado para mantener la moral del personal militar, los técnicos y policías destacados en el fuerte, miraba sobre el campo de golf y el parque de béisbol.

En la década de 1930, en el periodo entre guerras mundiales, la Administración de Obras Públicas federal colaboró con Fort Brooke para actualizar las fortificaciones. Asimismo, se desarrollaron planes para proyectos turísticos y recreativos en la base que beneficiarían tanto a la comunidad militar como a la civil.
Sin embargo, estos fueron detenidos cuando la base se convirtió nuevamente en un punto estratégico tras el inicio de la Segunda Guerra Mundial.
Entre las nuevas instalaciones incluyeron áreas de observación de submarinos en las murallas del fuerte, centros de defensa y comunicaciones del puerto y, en 1942, se construyeron búnkeres a prueba de bombas en los fosos secos del San Cristóbal y El Morro.

No fue hasta el 3 de marzo de 1943, bajo el mandato de otro Roosevelt, Franklin Delano, que, a través de la Orden General Número 10, Fort Brooke se convirtió oficialmente en un puesto militar.
Al año siguiente, el 31 de agosto de 1944, el Departamento de Guerra de Estados Unidos emitió la Orden General Número 71, que ordenó la transformación de la estación de Ballajá en el hospital militar del fuerte.
Según el portal web de la USACE, en 1947 la instalación médica cambió su nombre a Hospital General Rodríguez, en honor al mayor Fernando E. Rodríguez, del Cuerpo Dental del Ejército.

Pasada la amenaza de la Segunda Guerra Mundial, en 1945, los terrenos fueron cedidos sistemáticamente al Servicio de Parques Nacionales (NPS, en inglés), al Gobierno de Puerto Rico y a la Guardia Costera de Estados Unidos (USCG, en inglés), en un proceso que culminó en 1978.
Asimismo, dos años después del cambio de nombre del hospital, el 14 de febrero de 1949, el Hospital General Rodríguez cerró como parte del inicio del cese de operaciones de Fort Brooke.

Durante sus últimos años, la base tuvo poca actividad militar y se convirtió en sede de diversas actividades deportivas y recreativas. De igual manera, en el proceso de transferencia de los terrenos, se determinó, entre todas las partes involucradas, qué edificios debían ser demolidos para abrir el terreno al uso público: el NPS colaboró con el Ejército para derribar barracones, viviendas y áreas recreativas como la piscina, el teatro y el campo de béisbol.
Más adelante, en 1976, se modificaron los límites de la propiedad para otorgar más terreno al Gobierno de Puerto Rico en la Parcela “B”.
Hoy, el NPS administra la mayor parte de los terrenos del antiguo Fort Brooke como el “Sitio Histórico Nacional de San Juan“. El espacio luce muy parecido a como era en 1898, cuando España lo cedió a Estados Unidos.
Sin embargo, quedan pocos edificios del Ejército estadounidense: la mayoría de las estructuras del siglo XX fueron demolidas y algunas, como los búnkeres de la Segunda Guerra Mundial, se integraron al parque histórico.

