La Red por los Derechos de la Niñez y la Juventud de Puerto Rico ayuda a menores refugiados por la emergencia sísmica.

Guayanilla - El dibujo habla por sí solo: ocho personas encerradas en el baño de una casa protegiéndose. Su autor, Elio Zahir Toro, de 6 años, contó que eso fue lo que él y su familia experimentaron el pasado martes, cuando el terremoto de magnitud 6.4 los sorprendió mientras dormían.

Las demás personas en la imagen son su mamá, Zoeli Toro, dos de sus abuelos, dos tíos y dos primos. Todos viven bajo el mismo techo en el sector Extensión Guaidía, en este pueblo, pero –por el momento– permanecen en el refugio que el ayuntamiento habilitó en el parque Luis A. “Pegui” Mercado.

“Este es mi baño cuando pasó el terremoto”, dijo Elio Zahir mientras señalaba su dibujo.

¿Y cuánto tiempo pasaron en el baño?, preguntó este diario, a lo que el pequeño respondió: “Como todo el día”. Acto seguido, su madre lo interrumpió para explicar que entraron y salieron del baño varias veces debido a las múltiples réplicas que se registraron el martes.

Elio Zahir fue uno de decenas de menores que se beneficiaron hoy de las actividades que la Red por los Derechos de la Niñez y la Juventud desarrolló en el mencionado refugio. El director ejecutivo de la Red, Marcos Santana Andújar, explicó que se trató de intervenciones lúdico-educativas, mediante las cuales se utiliza la terapia del juego para que los menores ventilen lo sucedido e identifiquen sus emociones y puedan nombrarlas.

Esto es una metodología clínica. Establecimos un espacio amigable para que, a través del juego, la pintura y el dibujo, se pueda trabajar el impacto emocional del terremoto en los niños y manejar el evento traumático”, dijo Santana Andújar, quien es trabajador social. Otros profesionales, como psicólogos, facilitadores y gestores educativos y culturales, son parte del equipo de la Red.

De acuerdo con Santana Andújar, los niños –entre 1 y 12 años– que han atendido hasta ahora han manifestado desolación y tristeza. Otros, han dicho que perdieron el apetito y el sueño. Algunos le tienen miedo a la oscuridad, y varios relacionan esta emergencia con la vivida tras el paso del huracán María en 2017.

“Hoy es nuestro primer día aquí y estamos haciendo un avalúo para saber cuánto tiempo más necesitamos estar y con qué tipo de recursos. También, estamos involucrando a los padres o encargados de los menores en el proceso”, añadió.

Precisamente, la mamá de Elio Zahir agradeció el trabajo de la Red y de las demás entidades que han provisto recursos a los refugiados.

“Importa mucho que atiendan a los niños porque, de lo contrario, tendrían mucho más temor y ansiedad. Al final, el apoyo que reciben los niños nos tranquiliza a nosotros, los adultos, también”, dijo la mujer, quien no descarta irse de Puerto Rico tras la experiencia con el terremoto. Contó que tiene familiares en República Dominicana y en el estado de Florida, que ya le expresaron que están dispuestos a recibirla, junto a las otras siete personas con las que vive.

“La recuperación de María fue lenta y creo que lo que viene va a ser mucho más lento, ya que el gobierno está mucho más inestable. Las escuelas no están aptas para recibir estudiantes. Estamos hablando del futuro que le voy a ofrecer a mi hijo. Nunca había considerado irme de la isla, pero esto es un aliciente”, sostuvo Toro.

Hoy, personal del Municipio de Guayanilla y de la Agencia Federal para el Manejo de Emergencia (FEMA, en inglés) recorrían los barrios para inventariar las estructuras afectadas por el terremoto. El portavoz del ayuntamiento, Glidden López, previó que la cifra oficial se tendría para este fin de semana.

Por eso, la cantidad de casas desplomadas por el sismo se mantenía hoy en 51. Otras 25 exhiben averías serias y 125 tienen daños leves. En Guayanilla, hay dos puentes cerrados, ambos en la carretera PR-127, a la entrada del casco urbano y en el barrio Magas, en dirección a la playa.

Entretanto, la entidad Redes del Sureste fue otra de las que llegó hoy a ofrecer servicios médicos al refugio en el “Pegui” Mercado, donde hay 230 personas. En el otro refugio, habilitado en la escuela del barrio Macaná, hasta hoy había 160 personas.

Julitza Rodríguez, enfermera de Redes del Sureste, relató que a los ciudadanos se les está midiendo la presión arterial y ofreciendo meriendas. Además, en unión con la organización Inspira, se dan servicios de salud física mental.

“Tengo a mi hijo, de 9 años, que es trasplantado de hígado y no tiene los medicamentos porque se les terminaron. Espero que aquí me ayuden a conseguirlos. Estoy ansiosa y nerviosa, y con la situación del nene todo se complica. Las noches son largas aquí”, expresó Cristina Class, de 38 años y quien desalojó su casa en el barrio Quebradas porque el terremoto tumbó cables eléctricos en el área.

Entretanto, Grace Santiago, trabajadora social clínica de Inspira, relató que las personas que ha atendido le han dicho que están ansiosas y con miedo de que la tierra siga temblando.

“Pero, lo más que quieren es ventilar… hablar sobre lo que les pasó y que los escuchen. Yo los oigo y los ayudo a reducir la crisis por ansiedad. Si veo que son casos más serios, se hacen los referidos pertinentes”, dijo Santiago.

El equipo de Redes del Sureste se movilizará mañana a Guánica.


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