Estos fueron algunos de los mensajes del exgobernador de Puerto Rico durante su extenso legado político.

El exgobernador Rafael Hernández Colón, el una vez joven prodigio ponceño que irrumpió en la vida puertorriqueña como secretario de Justicia cuando no había cumplido 30 años y antes de llegar a 40 había sido presidente del Senado y gobernador, convirtiéndose en el camino en el más importante dirigente estadolibrista de la historia después del patriarca Luis Muñoz Marín, falleció esta mañana sus 82 años.

Según comunicó la familia, Hernández Colón murió a las 7:50 a.m. de hoy en su residencia del Viejo San Juan, cinco meses después de ser diagnosticado con leucemia.

A finales de noviembre pasado, Hernández Colón fue internado en el Hospital Municipal de San Juan en el Centro Médico de Río Piedras, a donde llegó desde el Hospital Damas de Ponce. Posteriormente fue trasladado a Estados Unidos para recibir el diagnóstico final de su condición y comenzar el tratamiento por cáncer en la sangre.

Poco después, el exmandatario confirmó que padecía de la enfermedad en un mensaje dirigido al país el 6 de diciembre.

“Como saben me vi precisado a salir de Puerto Rico para una evaluación médica que diera un diagnóstico definitivo a ciertos síntomas que me comenzaron varias semanas atrás. Tengo una condición de leucemia y comencé un tratamiento que, después que quede establecido, me permitirá regresar a Puerto Rico. Tanto mis médicos como yo estamos optimistas sobre los resultados que producirá este tratamiento”, compartió entonces el político ponceño.

"Su fe inquebrantable le brindaba fortaleza y valentía en tiempos de decisiones difíciles", sostuvo la familia Hernández Mayoral a través de unas declaraciones escritas. "Su alto sentido del deber, anclado en el amor a Dios y en la rigurosidad con el estudio del Derecho, le brindaban las herramientas para poner en marcha su entrega por Puerto Rico. Nos dejó un legado de generosidad y rectitud, que vivirá para siempre en nuestros corazones".

Hernández Colón gobernó por primera vez entre 1973 y 1977. En el 1984, se convirtió en el primer y hasta ahora único gobernador en regresar al poder después de haber salido derrotado, al vencer a su némesis de toda la vida, Carlos Romero Barceló.

En su segundo turno al bate, gobernó desde el 2 de enero de 1985 al 1 de enero de 1993. Sus 12 años en la Fortaleza le convierten en el segundo gobernador que más tiempo ha ostentado el poder en la historia de Puerto Rico, incluyendo la época de los gobernadores españoles y estadounidenses, después de los 16 en que gobernó Muñoz Marín (1949-1965).

Fue, junto a Carlos Romero Barceló y después Pedro Rosselló, de los últimos caudillos de la política puertorriqueña. Era un líder sanguíneo, pasional y dominante, que enardecía multitudes con su oratoria, cosa que ya casi no se ve.

Ofrecen detalles de la muerte del exgobernador Rafael Hernández Colón.

Posted by El Nuevo Día on Thursday, May 2, 2019

Era ocasionalmente arrogante, no pocas veces prepotente y hasta arrojado, que lo mismo se aparecía dando portazos en un debate transmitido en vivo por televisión al que había dicho que no iba a ir (1988, versus Baltasar Corrada del Río), que acudía disfrazado para no ser reconocido a reunirse con un líder socialista (Juan Mari Bras, 1978) para recabar el apoyo de Cuba a Puerto Rico en la Organización de las Naciones Unidas o que invitaba a las Estrellas de Fania a tocar en Fortaleza.

Hernández Colón hizo política y gobernó en la época más estable y quizás más próspera en la historia de Puerto Rico, cuando, habiendo pasado las turbulentas décadas de los 50 y 60, la industrialización de la isla empezaba a rendir frutos, se desarrollaba una enorme clase media, crecía la población, Estados Unidos bañaba a la isla en incentivos industriales y empezaba a otorgar asistencia económica a individuos y al Estado Libre Asociado (ELA) no le habían surgido las muchas grietas que después se le vieron.

Su muerte rompe el último vínculo directo que le quedaba al Partido Popular Democrático (PPD) con los líderes que fundaron ese partido en el 1940 y participaron en las negociaciones que dieron paso a la creación, por parte de Estados Unidos, del Estado Libre Asociado (ELA) en el 1952.

Rafael Hernández Colón es después de Luis Muñoz Marín la figura de mayor impacto político en la historia del PPD. Su liderato abarca el último tercio del Siglo XX y lo que va del XXI, no solo en el aspecto político, sino en el ideológico. Aun en vida de Muñoz Marín se convirtió en el principal referente ideológico del proyecto estadolibrista, con sus méritos y carencias. Fue una figura de impacto sumamente significativo en la historia política de Puerto Rico”, dijo el historiador Néstor Duprey.     

Hernández Colón nació el 24 de octubre de 1936 en Ponce, el mayor de los tres hijos de Rafael Hernández Matos y Dora Colón Clavell. Estudió su escuela intermedia y superior en la Academia Militar Valley Forge, en Wayne, Pennsylvania, una exclusiva escuela fundada en 1928, de la que se graduaron el Rey Simeón, de Bulgaria, y el mítico escritor estadounidense J.D. Salinger, quien se inspiró en su experiencia en esa institución para su clásica novela juvenil “The Catcher In The Rye”.

En el 1956, Hernández Colón obtuvo en bachillerato en ciencias políticas en la Universidad John Hopkins, en Baltimore, y en 1959 se hizo abogado en la Universidad de Puerto Rico (UPR). Ese mismo año, se casó con la madre de sus cuatro hijos, Lila Mayoral Wirshing, que entonces tenía solo 17 años y con la que compartió hasta la muerte de ésta de cáncer en el 2003.

Muy poco tiempo después de graduarse de abogado, ya se le veía rondando los pasillos del poder, siempre a la sombra del PPD y el estadolibrismo.

En el 1962, cuando tenía solo 26 años, Muñoz Marín lo incluyó en el llamado “Grupo de los 22”, un comité de jóvenes al cual el patriarca del PPD dio la encomienda de definir “el futuro del ELA”. A ese grupo también pertenecieron, entre otros, el expresidente del Senado Roberto Rexach Benítez, quien con los años se pasó al Partido Nuevo Progresista (PNP); el expresidente del Colegio de Abogados, Noel Colón Martínez, quien se hizo independentista, y el historiador y escritor Juan Manuel García Passalaqcua.

También pertenecieron la hija de Muñoz Marín, Victoria Muñoz Mendoza, quien fue senadora y la primera aspirante popular a la gobernación después del retiro de Hernández Colón en el 1992 y el exsecretario de Educación, José Arsenio Torres. La participación de Hernández Colón en este grupo marcó el interés, y al final las frustraciones, en el status que definió mucha de la vida de Hernández Colón.

“A lo largo de su extensa carrera política, tuvo una evolución desde ‘la Nueva Tesis’, que presentó como una alternativa a luego pasar a un proceso de negociación más pasiva con Washington. Creo que como muchos de los que defendieron el ELA terminó frustrado”, dijo el exsenador Orlando Parga.

En el 1965, Roberto Sánchez Vilella, el primer gobernador que tuvo el ELA después de  Muñoz Marín, lo nombró secretario de Justicia. Hernández Colón tenía entonces solo 28 años de edad y solo seis practicando el derecho. En las elecciones de 1968, Hernández Colón fue electo al Senado, su primer puesto electivo. El PPD había llegado a aquellas elecciones profundamente dividido. El gobernador incumbente, Sánchez Vilella, había dejado el PPD y fundado el Partido del Pueblo. Por el PPD, el candidato fue Luis Negrón López.

Luis A. Ferré, que recién había fundado el Partido Nuevo Progresista (PNP) unos meses antes, obtuvo la victoria, pero perdió la Legislatura, lo cual dio paso al primer gobierno dividido desde la fundación del ELA. Muñoz Marín había sido candidato a senador por acumulación y había anunciado su intención de presidir el Senado. Pero tras la derrota del PPD se retractó y apoyó a Hernández Colón, entonces de 32 años, quien ganó la presidencia por apenas un voto.

La presidencia del Senado fue la plataforma a nivel de toda la isla que Hernández Colón necesitaba para la meta que hacía tiempo, tenía en mente: la gobernación. En el 1969, asumió la presidencia del PPD. Declaró “si mías han de ser las responsabilidades, mías han de ser las decisiones” y salvo breves interrupciones, fue el máximo líder del PPD hasta que renunció a la presidencia del partido el 11 de enero de 1992, 23 años después.

En noviembre de 1972, Hernández Colón, que tenía en ese momento 35 años, la edad mínima para aspirar a la gobernación, le ganó decisivamente a Ferré, en una campaña en que hubo alegaciones de que el joven líder popular hacía alusiones poco elegantes a la edad de su rival, que entonces tenía 68 años.

Hernández Colón sacó el 50.69% del total de sufragios, versus 43.36% de Ferré. Noel Colón Martínez, quien aspiró por el Partido Independentista Puertorriqueño (PIP), obtuvo 5.36%. Otros tres candidatos obtuvieron entre todos menos del uno por ciento de los votos.

El PPD se hizo de un control casi total de la Legislatura: 20 de 29 escaños en el Senado y 37 de 54 en la Cámara de Representantes. Mas de poco le sirvió el amplio dominio ante los enormes desafíos que implicó aquel cuatrienio para el joven gobernante.

El más importante de aquellos desafíos no tuvo su raíz aquí, sino muy lejos. Pero afectó de manera brutal la economía de Puerto Rico y las finanzas del ELA. En 1973, países árabes suspendieron sus exportaciones de petróleo a Occidente, en represalia por el apoyo de Estados Unidos a Israel durante la guerra del Yom Kippur, que enfrentó a Israel con Egipto y Siria.

A consecuencia de este conflicto, se produjo una crisis mundial petrolera que impactó brutalmente a Puerto Rico y a la administración de Hernández Colón, que lidió con escasez, incremento en los precios y tuvo, además, que subir los impuestos para paliar la situación. 

A esto mayormente se atribuyó el desenlace de las elecciones de 1976: Hernández Colón fue derrotado por el entonces alcalde de San Juan, Carlos Romero Barceló, quien sacó el 48.3% de los votos, versus el 45.3% del líder de los populares.

En esta elección, Romero Barceló y Hernández Colón inauguraron la rivalidad más longeva en la historia política de Puerto Rico. Se enfrentaron por la gobernación en el 1976, en el 1980 y en el 1984. Romero Barceló ganó las primeras dos y Hernández Colón la tercera. El que habría sido un cuarto enfrentamiento, en el 1988, no se dio, cuando Romero Barceló dejó el camino libre a Baltasar Corrada del Río, excomisionado residente y exalcalde de San Juan, a quien Hernández Colón derrotó cómodamente.

En las elecciones de 1980, se dio la que quizás sea la noche electoral más tensa en la historia de Puerto Rico. El resultado de la elección fue el más cerrado de la historia: Romero Barceló sacó 759,926 votos, versus 756,889 de Hernández Colón, para una diferencia de 3,037 votos o un .2%.

La noche de las elecciones hubo un apagón que hizo a Hernández Colón temer que el PNP se pudiera robar las elecciones. Emitió aquella larga noche su legendario grito de guerra, “Populares, a la trinchera de lucha”, para que los funcionarios del PPD no abandonaran los colegios de votación. El resultado de la elección no se hizo oficial hasta más de un mes después, tras un recuento voto a voto repleto de polémicas políticas y legales en el edificio Valencia.

En el 1984, el PNP bebió la amarga medicina que había bebido el PPD en las elecciones de 1968: se presentó a las elecciones dividido, luego de que el entonces alcalde de San Juan, Hernán Padilla, creara el Partido de Renovación Puertorriqueña (PRP), llevándose consigo 69,807 votos mayormente estadistas. Hernández Colón ganó por 53,750 votos. Aquella campaña tuvo un golpe dramático en las últimas horas cuando personas allegadas al PNP difundieron la mentira de que el líder cubano Fidel Castro había apoyado la candidatura del líder popular en un mensaje a través de Radio Habana.

“El pueblo optó por un cambio. No por un cambio para hacer más de lo mismo, en otra dirección ideológica, sino por un cambio hacia la serenidad; un cambio para restablecer los valores que nos caracterizan; un cambio para reunificar y reconciliar a los puertorriqueños”, dijo Hernández Colón al ganar aquella elección.

Hernández Colón, que en el 1988 revalidó frente a Corrada del Río con el 48.7%, tuvo un último cuatrienio bastante convulso. Fracasó el intento de convocar un plebiscito de status avalado por el Congreso de Estados Unidos; trató sin éxito de vender la Compañía Telefónica y perdió la llamada “consulta de derechos democráticos”, un referéndum mediante el cual pretendía enmendar la Constitución del ELA para integrarle varios reclamos relacionados al status.

Aquí, su popularidad era cada día menor, pero afuera se apuntó un logro importantísimo. En el 1991 los Reyes de España dieron “al pueblo de Puerto Rico” el Premio Príncipe de Asturias, “por su defensa del español”, luego de que Hernández Colón impulsara una ley que hacía del castellano el único idioma oficial de Puerto Rico.

“La defensa heroica del español a través de casi un siglo no fue sólo la gran defensa que hicieron nuestros intelectuales, nuestros políticos y nuestros escritores. La resistencia vital vino del pueblo, de la gente sencilla y humilde de Puerto Rico. La resistencia vino de los barrios de San Juan, de los morrillos de Cabo Rojo, de los cañaverales de mi pueblo de Ponce, de las playas de Luquillo, de las montañas de Utuado, de aquellos humildes jíbaros que aprendieron sus rezos, sus décimas y sus trovas en español. La resistencia vino de ese pueblo que atesora en los recovecos de su espíritu y en el temblor de su alma las voces castellanas que le dan sentido a su vida”, dijo Hernández Colón, al recibir el premio.

Derogar esa ley fue la primera acción que tomó Pedro Rosselló al asumir la gobernación en enero de 1993.

A través de los años, Hernández Colón se enfrentó al tema del status como a un jeroglífico al que nunca pudo descifrar. En algunos momentos parecía profundamente insatisfecho con el arreglo con Washington, pero después lo defendía con indudable pasión.

En el 1973, respondiendo a una iniciativa del entonces presidente estadounidense Richard Nixon, quien temía que independentistas hubieran penetrado el gobierno de Puerto Rico, formó el “Comité del Nuevo Pacto”, que pretendía recomendarle al gobierno de Estados Unidos mejoras al status “dentro del marco del ELA”. Las recomendaciones se hicieron, pero quedaron en nada.

En el 1978, en una movida increíblemente audaz en plena Guerra Fría, se reunió con Ricardo Alarcón, entonces viceministro de Relaciones Exteriores de Cuba, para recabar apoyo para una resolución en favor de la libre determinación de Puerto Rico. El encuentro fue coordinado en la reunión con Juan Mari Bras a la que Hernández Colón acudió disfrazado, según relató el propio Mari Bras en su libro “Memorias de un ciudadano”. 

También en el 1978, publicó la “Nueva Tesis”, en la que planteaba que Puerto Rico necesitaba “más poderes de los que tiene ahora”. Su exasperación con Washington en aquel tiempo era evidente. Declaró, por ejemplo: “es intolerable que nuestra dignidad se ponga en entredicho ante el mundo porque no se han atendido lo legítimos reclamos de este pueblo. Y los puertorriqueños ya estamos cansados de eso. Estamos en plan de dialogar de buena fe, pero nadie se equivoque: se acabaron las contemplaciones, estamos en plan de exigir, de demandar, de requerir y de ir a donde tengamos que ir y hacer lo que tengamos que hacer para que se respete la voluntad de nuestro pueblo”.

Sus reclamos volvieron a quedar en nada y desde entonces no volvió a hablar de desarrollos al ELA fuera de la cláusula territorial de la Constitución estadounidense, que da a Estados Unidos poderes plenarios sobre Puerto Rico y es el corazón del régimen colonial.

“Hernández Colón entendía como pocos el problema de la relación entre Puerto Rico y Estados Unidos. Creo que sus convicciones partían del reconocimiento de la nación puertorriqueña y de la necesidad de superar lo que él llamaba el déficit democrático del ELA. Pero el temor de que su proyecto político no tuviera respaldo electoral, que me parece que vino de la derrota de 1980, cuando se le acusó de pretender llevar a Puerto Rico a la independencia por haber negociado con Juan Mari Bras, tuvo en él un efecto posterior y limitó sus expresiones sobre el tema”, dijo Duprey.

Hernández Colón anunció su retiro de la política en un mensaje televisado al país el 2 de enero de 1992, con estas palabras: “las aportaciones que pueda hacer a Puerto Rico en los años que me quedan por delante serán a través de mis estudios, mis escritos y de mis libros, pero no de política activa. Esa fase de mi vida – la de política activa – terminará con el presente mandato como gobernador. Se trata del final de un ciclo vital, del ciclo de mayores energías y las grandes ilusiones, donde más se puede dar al pueblo que amo y a los ideales que sustento. Ese ciclo, para mí, está llegando a su fin. Comenzará uno nuevo donde me corresponde contribuir de otras formas”.

Tras su retiro, Hernández Colón vivió un tiempo en España, tras lo cual regresó a Ponce, desde donde a menudo se le atribuía seguir colocando líderes en el PPD e influyendo en los asuntos de ese partido. No obstante, muy rara vez hacía expresiones públicas, casi todas relacionadas al status.

Un año después de la muerte en 2003 de la exprimera dama Lila Mayoral Wirshing, se casó con la abogada Nelsa López, con la cual estuvo hasta el último de sus días.

Sobre el funeral

La familia de Hernández Colón informó que "siguiendo las instrucciones que nos dejó relativas a su muerte le comunicamos al Pueblo de Puerto Rico que a partir de mañana, jueves, a las 9:00 a.m. se expondrá en El Capitolio y luego se celebrará una santa misa en la catedral de San Juan a la 12:00 p.m.". 

Asimismo, indicaron que luego de la misa el coche fúnebre se detendrá frente a la sede del Partido Popular Democrático (PPD), en Puerta de Tierra, mientras que a las 6:00 p.m. el cuerpo del exgobernador se expondrá en su Biblioteca Gubernatorial, en Ponce, hasta las 11:00 p.m.

El sábado continuará el velatorio en la biblioteca que lleva su nombre desde las 9:00 a.m. y luego se celebrará una misa en la catedral de Ponce a las 12:00 del mediodía.

Luego de la misa, el cuerpo de Hernández Colón partirá hacia el camposanto donde se realizarán los actos fúnebres. Este momento será exclusivo para la familia, se informó. 


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