Brigadas de la Autoridad de Acueductos y Alcantarillados reparaban ayer una tubería en el área de Miradero, en Mayagüez, que presuntamente se habría agravado con el temblor. El gobierno, sin embargo, no tiene reportes oficiales de daños. (Especial El Nuevo Día / Jorge A. Ramírez Portela)

El temblor de magnitud 6.0 registrado anteanoche, 44 millas al norte-noroeste de Aguadilla, es un recordatorio de que Puerto Rico ubica en un área muy susceptible a terremotos, cuyo potencial catastrófico puede ser tan o más alto que el de los huracanes.

Asimismo, las reacciones de pánico de la ciudadanía, expresadas mayormente a través de las redes sociales, dejan claro que, aunque ha habido pasos de avance, la preparación y la conciencia sísmica de los puertorriqueños aún no alcanzan niveles óptimos.

“Fue un evento de leve a moderado. Un terremoto fuerte de verdad es mucho mayor que lo que la gente experimentó. Pero este nos recuerda que estamos en un área de alto riesgo y que tenemos que estar preparados”, dijo ayer el geomorfólogo José Molinelli, catedrático del Departamento Ciencias Ambientales de la Universidad de Puerto Rico (UPR) Recinto Río Piedras.

“La respuesta de la ciudadanía sí nos preocupa y sí nos da a entender que no estamos preparados”, expresó, por su parte, el comisionado del Negociado para el Manejo de Emergencias y Administración de Desastres, Carlos Acevedo.

Al cierre de esta edición, el Negociado no tenía reportes oficiales de daños relacionados con el temblor. “Hemos verificado con los municipios y nadie nos ha certificado daños”, dijo Acevedo.

Varias personas publicaron en Facebook y Twitter, entre otras plataformas, fotos de presuntos daños causados por el sismo. Sin embargo, Acevedo indicó que “así no podemos certificarlos”, y explicó que la “manera correcta” de hacerlo es contactando a las oficinas municipales o regionales de manejo de emergencias. Empleados de esas oficinas visitarían las estructuras afectadas y, de corroborarse, certificarían los daños, lo que permitiría que los ciudadanos hagan las reclamaciones pertinentes ante sus aseguradoras.

Realidad geológica

El temblor del lunes ocurrió a las 11:23 p.m., su epicentro se ubicó en el Cañón de la Mona y tuvo una profundidad de apenas 10 kilómetros, lo que explica por qué se sintió en toda la isla.

Víctor Huérfano, director de la Red Sísmica de Puerto Rico, confirmó que, a 12 horas del evento, se habían registrado más de 150 réplicas. “Es posible que sigan ocurriendo réplicas. Es bastante típico con estos eventos”, sostuvo, al indicar que, en un día normal, en el país se registran entre cinco y 10 temblores leves.

Para que un temblor se considere una réplica, tiene que registrarse donde ocurrió el evento principal y ser de menor magnitud. Viridis Miranda, analista de la Red Sísmica, precisó que la mayoría de las réplicas se han desarrollado en el Cañón de la Mona y el Pasaje de la Mona.

“Se han sentido bien fuerte en el área oeste, pero también se han sentido en algunos lugares del este y la zona sur”, dijo Miranda.

De acuerdo con Huérfano, no es sorprendente que el temblor de 6.0 se haya originado 44 millas al norte-noroeste de Aguadilla, ya que en esa área convergen tres fallas geológicas importantes. La Falla Septentrional de la República Dominicana, la Zona de Falla de los 19 grados Norte y el Cañón de la Mona componen una zona “muy compleja”, expuso.

“Todo esto está enmarcado en la Trinchera de Puerto Rico (que constituye el punto más profundo del océano Atlántico y el segundo en el planeta). Es una zona compleja y fue precisamente ahí donde se desarrolló el evento de 2014, sumamente similar al de anoche (anteanoche), donde sí hubo daños corroborados”, añadió, en referencia al temblor de 6.4 ocurrido el 13 de enero de 2014.

“No es extraño, no es asombroso que en esta zona se puedan generar ese tipo eventos”, destacó Huérfano.

Según la Red Sísmica –entidad adscrita al Departamento de Geología de la UPR en Mayagüez–, Puerto Rico está localizado en el límite entre las placas tectónicas de Norteamérica y el Caribe, y existe evidencia de subducción oblicua y desplazamiento lateral entre ambas.

Huérfano resaltó que Puerto Rico está rodeado de fallas geológicas. Mencionó, por ejemplo, la Trinchera de Puerto Rico al norte, la Trinchera de Muertos al sur, el Cañón de la Mona al oeste y el Pasaje de las Islas Vírgenes y Anegada al este. Otras tres fallas cruzan la isla directamente: la Falla del Valle de Lajas, la Gran Falla del Norte y la Gran Falla del Sur.

Van 100 años del último

El mes pasado, la Red Sísmica localizó 303 sismos en la región de Puerto Rico e Islas Vírgenes, de los cuales dos fueron reportados como sentidos por la ciudadanía. El más fuerte tuvo una magnitud de 3.05, según el boletín de sismicidad. En julio, se localizaron 340 temblores.

El último gran terremoto en el país ocurrió el 11 de octubre de 1918. Tuvo una magnitud de 7.3 y su epicentro fue en el Cañón de la Mona, a 25 millas de la costa de Aguadilla. Según cifras oficiales, murieron 116 personas. De esas, 40 fallecieron como consecuencia directa del tsunami que se produjo minutos después del sismo. La altura máxima del tsunami fue de 20 pies en Aguadilla.

Debido a que han pasado 100 años desde ese evento y considerando las fechas de otros sismos significativos en la isla (1787 y 1867), los expertos advirtieron que un terremoto mayor pudiera ocurrir en cualquier momento. Ante eso, afirmaron que la preparación debe ser prioridad para las familias puertorriqueñas.

“Lo más importante, en caso de un terremoto, es practicar el ‘shakeout’. Hay que mantener la calma y reaccionar con prontitud. Hay que practicar lo que nos han enseñado. Por eso, lo más importante es practicar”, dijo Huérfano, al repasar que el protocolo de seguridad durante un sismo consta de tres técnicas principales: agacharse, cubrirse y sujetarse.

“El mensaje es el mismo de siempre: no entrar en pánico. Estos son eventos naturales. La tierra es dinámica y las placas se están moviendo. Hay que tener los planes al día”, agregó.

Por su parte, Acevedo insistió en la preparación previa a un terremoto, la cual describió como “la más importante”.

“Antes de un terremoto hay que hacerlo todo, porque los terremotos no avisan. Hay que tener un plan de emergencia familiar, practicar en simulacros y proteger las áreas de mayor riesgo. Por ejemplo, todo objeto que doblegue su alto por ancho se puede caer y puede lastimar a alguien. Si tenemos un tanque de gas, también hay que anclarlo a la pared. Tener un pito debajo de la cama, amarrado con ‘tape’ (cinta adhesiva) doble, nos puede ayudar a pedir ayuda si quedamos atrapados. Y hay que tener contactos de emergencia, preferiblemente fuera de Puerto Rico”, explicó el comisionado.

Una vez deje de temblar, las personas deben desalojar el lugar donde se encuentren, de ser necesario, y revisar que la estructura y pertenencias estén en buen estado.

Acevedo informó que el Negociado lanzará, el 1 de octubre, una campaña educativa sobre qué hacer antes, durante y después de un terremoto. Como parte de la campaña, el 11 de octubre se repartirá material informativo en 90 intersecciones. Simultáneamente, el Negociado seguirá dando charlas a quienes las pidan.

Identifican viviendas

En junio pasado, el Negociado encomendó la elaboración del primer Plan de Terremotos para Puerto Rico. Se trata de un documento que incluirá, entre otras cosas, un análisis de riesgo, vulnerabilidad e impacto, y especificará qué acciones tomar durante emergencias sísmicas, cómo se harán y quién las tendrá a cargo.

El plan está a cargo de la firma Industrial Security Products (ISP), cuyo presidente, Benjamín Nieves, indicó ayer que ya se completó el trabajo de campo en los 22 municipios que componen las primeras dos fases de estudio.

En esos 22 pueblos, se identificaron 1,809 casas en zancos o pilotes, que podrían colapsar en un sismo fuerte. Tomando en cuenta que cada casa tiene –en promedio– cuatro habitantes, unas 7,236 personas estarían en riesgo.

Además, se identificaron más de 2,000 “recursos del Estado” para atender emergencias sísmicas, como vehículos de respuesta, equipo pesado, patrullas policíacas y camiones de bomberos, entre otros. “Vamos por la línea de que los municipios puedan responder más efectivamente a las comunidades más frágiles. Esto les va a ayudar a dirigir sus esfuerzos de rescate”, dijo Nieves.

Al momento, los expertos de ISP –junto a otros de la UPR en Mayagüez y la Universidad de Georgetown– evalúan cifras sobre infraestructura crítica y conglomerados de puentes y carreteras que podrían colapsar en caso de terremoto, con la idea de estimar potenciales víctimas. Igualmente, identifican áreas que pudieran funcionar como refugios abiertos, en los que puedan aterrizar helicópteros.

En tanto, Molinelli recomendó aprovechar las obras tras el paso del huracán María para “construir con la naturaleza y no contra ella”, alejándose de zonas inundables o susceptibles a tsunamis, erosión costera y deslizamientos. “Eso es lo que hay que hacer para que no haya catástrofes. Esa es la ruta”, puntualizó, al insistir en la preparación familiar.


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