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En refugios, en casas, la gente repasó aquellas horas. Además, las autoridades confirmaron el noveno fallecido

El alcalde de Toa Baja, Bernardo “Betito” Márquez, confirmó este viernes que el número de personas que han fallecido en ese pueblo a consecuencia del paso del huracán María subió a nueve personas.

Esta última víctima reportada fue una persona que fue arrastrada por la corriente, y cuyo cuerpo fue recuperado por unos vecinos,

Sobre las otras ocho víctimas que murieron ahogadas anoche en diferentes lugares de ese municipio, el alcalde dijo que no tienen más detalles más allá de lo que le han dicho los rescatistas.

Según datos extraoficiales,16 personas han perdido la vida a consecuencia del paso del huracán María por Puerto Rico.

Pesquera habla de seis víctimas

Por su parte, el secretario del Departamento de Seguridad Pública (DSP), Héctor M. Pesquera, aseguró hoy que el número de muerte asociadas con el paso del huracán María asciende a seis.

Los casos revalidados por Pesquera son dos en Utuado, donde murieron tres hermanas por un deslizamiento; dos más en Toa Baja relacionadas con las inundaciones; y una en Bayamón, donde un hombre falleció luego de recibir un golpe en la cabeza con un panel.

“Estas muertes son las que constatamos al momento. Tenemos conocimiento de otras informaciones de fatalidades que han trascendido por medios no oficiales, pero las mismas no las podemos confirmar”, indicó el jefe de Seguridad Pública, al tiempo que precisó que todo lo que surja en esos medios alternos no puede tomarse por cierto hasta que las autoridades confirmen las mismas.

Sin embargo, en un recorrido que hizo este diario por el pueblo de Toa Baja, vecinos compartieron las historias de dos supuestas fatalidades de personas que ellos conocían.

Ramón García, vecino del barrio Ingenio, mencionó la muerte de un hombre de 90 años que se ahogó. “A los mejor ese viejito se hubiese salvado, si dicen que el río (iba a bajar)”.

García se refería a que nunca se enteraron que se abrirían las compuertas de la represa del Lago La Plata, en Toa Alta, lo que provocó que todo el pueblo y Levittown, entre otros sectores, se inundaran.

“Cuando el río se metió aquí, se metió demasiado rápido, nadie avisó… aquí cuando hay (aviso de) tsunami suena una trompeta. Pero, ¿por qué no la suenan cuándo hay inundaciones… cuando van a soltar la represa?”, cuestionó el hombre, que dijo que al momento de las inundaciones había muchas personas durmiendo.

Mientras, Ramón García, de 69 años y quien es el padre de Ramón, sostuvo que el fallecido -a quien le decían Millo- estaba dormido cuando ocurrió la desgracia.

“Ese señor era un ebanista, y dicen que estaba durmiendo y cuando despertó, trató de salir y se le hizo difícil”, compartió.

Cuando habló de la inundación provocada por la apertura de las puertas de la represa La Plata, dijo que “verdaderamente el gobierno explicó que venían pulgadas de agua. Lo que pasa es que, en nuestra experiencia, después de que pasa la tormenta es que sacamos los carros y se prepara todo, porqueda espacio. Pero en esta ocasión, fue tan rápido y rápido, que cuando dijeron: ‘el río’, ya estaba arriba”, confesó.

Otra vecina que habló de la muerte de una persona en este municipio fue Lourdes Ayala, del barrio Pueblo.

Ayala identificó al occiso con el nombre de Harold. Agregó que debía tener unos 56 años y que vivía en el sector conocido como “El fondo del saco”.

Una de sus hijas lo había rescatado horas antes de morir. “Aquí pasó una desgracia, y te la voy a contar. Esta persona nosotros sabemos que viene ahogándose porque mis nenas tuvieron la oportunidad de salvarle la vida, en una ocasión. Te estoy hablando de las 10:30 a 11:00 de la mañana del miércoles”, explicó.

Mencionó que Harold cayó en la iglesia católica del pueblo “y de la iglesia el río lo trae por mi casa (también en el área). Mis nenas bajan a chequear la planta cuando lo oyen: ‘Ay, Ay, me ahogo, me ahogo. Las nenas lo salvan y lo subimos arriba y con nosotros lo tuvimos como hasta las 11:00 de la noche”.

Cuando las aguas comenzaron a bajar, “él se quería ir. Nosotros le aconsejamos que no se fuera porque le habíamos dado una sabanita y algo para que se acostara, para que estuviera seguro; pero él no quiso porque quería ir a buscar un cigarillo”. Además, el hombre les advirtió que ellas no podían “retenerlo en contra de su voluntad, porque no estaba en ninguna cárcel”.

Al otro día, cerca de las 8:00 a 9:00 a.m., Ayala indicó que les dijeron que “mira, encontraron a Harold muerto”.

“Nos da tristeza porque le dimos la oportunidad de salvar su vida y estuvo todo el día tranquilo, quieto, comió, compartió con nosotros, hicimos chistes, nos reímos, pero se quiso ir”, dijo compungida la toabajeña.

Sobre las aguas que anegaron el pueblo tras la apertura de la represa, Ayala dijo que “he visto ríos, pero como este ninguno. La furia, la rápidez… mucho miedo, mucho miedo, impotencia. Todavía yo no he entrado a mi casa, pero mis hijas me dicen, ‘mami lo perdiste todo’. Yo le dije, no perdí nada, perdí lo material, pero tengo vida para luchar y comenzar de nuevo”.

Recordó que su esposo fue quien le avisó sobre la inundación, y que rápidamente sacaron a sus nietos hacia el segundo piso de la residencia.

“Cuando yo salí de casa, el agua me llegaba ya aquí (a las rodillas)”, puntualizó la mujer, quien agregó que nunca escuchó ninguna alarma que los alertara de lo que iba a suceder.


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