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Las penumbras dan la  bienvenida a la Farmacia Amadeo, que opera desde 1870 en Vega Alta y desde María funciona sin electricidad.
Las penumbras dan la bienvenida a la Farmacia Amadeo, que opera desde 1870 en Vega Alta y desde María funciona sin electricidad. (Luis Alcalá Del Olmo)

En 147 años, la Farmacia Amadeo, que opera desde el 1870 en el casco urbano de Vega Alta, ha vivido más de un momento complicado. Huracanes, inundaciones,  el auge y la decadencia de los cascos urbanos,  la llegada de las cadenas, hasta la invasión militar estadounidense de 1898. 

Pero nunca había vivido un momento como el que atraviesa desde que, el pasado 20 de septiembre, el huracán María golpeara sin clemencia los cuatro puntos cardinales de Puerto Rico. 

Desde entonces, su dueño, Luis Javier Amadeo, de 79 años, llega solo cada mañana a subir con mucha dificultad la puerta corrediza de metal que normalmente abre con electricidad. “Es el diablo eso”, dice, sobre el afán que le cuesta subir la pesada puerta. 

Después, entra a pasos lentos a un local pequeño, caluroso y en penumbras, se instala en el recetario, prende una pequeña lámpara de baterías y a despachar medicinas se ha dicho. 

“He dejado de vender cinco o diez mil pesos desde el huracán”, dice Amadeo, quien no tiene planta eléctrica, mientras prepara una receta guiado por la lámpara. 

Dificultades así están viviendo miles y miles de pequeños y medianos comerciantes a lo largo y ancho de la isla desde que el país se quedó a oscuras tras el paso de María. A casi 50 días del huracán, no se sabe cuánta gente ha recuperado el servicio. 

El gobierno reclama que la Autoridad de Energía Eléctrica (AEE) está generando el 42 por ciento de la capacidad que tiene su infraestructura, pero reconoce que no sabe en cuántos abonados con luz se traduce eso. 

La falta de electricidad tiene al país prácticamente paralizado y causa múltiples dificultades a todo tipo de abonados, incluyendo residencias, comercios, industrias, escuelas y centros de salud, que tienen que incurrir en la compra de generadores y combustible para ponerlos a funcionar, a un costo que generalmente cuadruplica lo que sería una factura normal de electricidad. 

Pero, según expertos, el sector que más brutalmente está sintiendo el efecto de la falta de electricidad son los pequeños y medianos comerciantes, que ya enfrentaban enormes desafíos derivados de la crisis económica que atraviesa el país hace más de 10 años, funcionan con poco margen para maniobrar y a menudo no tienen los recursos de otros para manejar las complicaciones de operar sin el oxígeno de la electricidad.

Una encuesta del Banco de la Reserva Federal de Nueva York de 2015 dice que, en ese momento, el 40 por ciento de los pequeños comercios en Puerto Rico operaba con pérdidas. El 60 por ciento de estos había solicitado crédito para poder cubrir gastos operacionales.

Gigante sector económico

Se trata de comercios pequeños, como colmados, cafeterías, farmacias de la comunidad, salones de belleza, tiendas de venta al detal, con menos de 25 empleados. Pero, juntos, son un sector económico gigante que, según estadísticas oficiales, producen ocho de cada 10 empleos en el sector privado en la isla y tienen un impacto enorme en la economía. 

La falta de electricidad en vastos sectores del país a más de un mes de María ha causado el cierre, temporal o permanente, de miles de estos negocios, llevando al desempleo o la emigración a entre 5,000 y 15,000 puertorriqueños, según un  análisis del Centro Unido de Detallistas (CUD). Muchos otros  están funcionando en horario reducido y sus empleados o cobran salarios parciales o fueron enviados a sus casas hasta que vuelva la luz, causando un grave efecto exponencial en la economía.

“Este tipo de negocio no tiene la capacidad económica para afrontar esta crisis. Ha sido bien cuesta arriba para los comercios operar, incluso para los que tienen planta”, dijo Nelson J. Ramírez, presidente del CUD.

Los pequeños y medianos comerciantes producían, antes de María, el 81.3 por ciento de todos los empleos del sector privado, según el perfil de este sector que publicó en el 2015 la Administración de Pequeños Negocios de EE.UU. (SBA, por sus siglas en inglés). 

Según la SBA, en el 2015 había 681,058 personas trabajando en el sector privado en la isla. De estas, 555,945, (81.3 por ciento) trabajaban en negocios de  25 empleados o menos. Se estima que en Puerto Rico hay cerca de 40,000 pequeñas y medianas empresas, también conocidas como Pymes.

El CUD, que ha encuestado la situación entre sus miembros tras el paso del huracán, dice que unos 5,000 negocios que generan menos de $500,000 al año y que tienen entre uno y tres empleados cada uno, están cerrados desde María porque no tienen electricidad ni recursos para adquirir u operar un generador. 

Esto significa que entre 5,000 y 15,000 personas  perdieron su empleo como consecuencia directa del paso del huracán.

"Me han preguntado qué necesitan los negocios para volver a operar. Pues eso es bien sencillo: que vuelva la luz”, dijo Ramírez.

Uno de los negocios que cerró es la tienda de artículos escolares, para fiestas y prendas de mujer que operaba Edwin Rivera en  Comerío, desde el 2008. 

Tras el paso del huracán Irma cerca de Puerto Rico el 6 de septiembre,  Comerío estuvo dos semanas sin luz. Cuando pasó María, Rivera supo que iba a tardar mucho más y que su negocio no aguantaría tanto tiempo sin luz. 

“El negocio sin luz no se puede operar porque el techo es en zinc y el calor es insoportable”, dijo Rivera, quien despidió a sus tres empleados, uno a tiempo completo y dos a tiempo parcial.

“Ellos se lo imaginaban, porque ellos saben que sin luz no se puede trabajar y ellos saben que la luz se va a tardar”, dijo Rivera.

$300 al día en diésel

Luis Pérez, quien opera hace 20 años la panadería Mi Viejo en Vega Alta, está abriendo a tiempo parcial y asumiendo el enorme costo de su generador, que consume $300 diarios en diésel.

Operar con diésel, dice, le aumentó en 200 por ciento los costos de energía en su negocio. “Se está volviendo insostenible”, dijo.  

Hasta el momento, Pérez no ha tenido que despedir ni reducir la jornada a sus seis empleados. “En eso, puedo decir que Dios me ha protegido y a los empleados los tengo trabajando. Siempre doy gracias a Dios por eso”, dice. 

No obstante, precisa que no cree que aguante más de una o dos semanas adicionales sin electricidad. “Dos semanas más sería mortal”, dijo Pérez, quien comprende que se haya dado prioridad a la energización de los hospitales, pero cree que llegó el momento de atender las necesidades de los pequeños comerciantes.

"La luz está ahí detrás”, dijo, sobre sectores aledaños al casco urbano de Vega Alta que ya tienen electricidad.

En el casco urbano de Vega Alta también está la mueblería Ingenia Muebles, que Ignacio Ortiz compró con mucho sacrificio hace solo cinco meses. Desde María, no ha podido vender muebles ni enseres, pero se empeña abriendo a diario. Trata de mantenerse a flote vendiendo por varias horas al día agua y refrescos que enfría en una nevera que energiza con un generador que consume $15 diarios en combustible.

“Las ventas dan para la gasolina de la planta”, dice. “Yo estoy luchando el todo por el todo por sobrevivir. Pero está difícil”, dice el empresario, quien sigue pagando alquiler por el local.

En un cuarto, en la parte posterior de la mueblería, se oye trajinar. Allí está el único empleado de Ortiz, preparando muebles y sillas por si alguien viene a comprar. “Me está ayudando. No está cobrando su salario”, dice Ortiz.

El presidente del CUD dice que los pequeños comerciantes han recibido ofertas de asistencia del SBA, pero muchos no lo han aceptado porque son préstamos.

“Lamentablemente, el comerciante vive día a día con los in gresos que le llegan, versus los gastos tan altos de operaciones, y cuando le hablan de préstamos desisten. Lo que necesitan es una ayuda para continuar sus operaciones”, dijo Ramírez, quien cree que se puede viabilizar alguna iniciativa para proveer de plantas a los que no las tienen.

El economista José Alameda dijo que la falta de electricidad no es lo único que está afectando a los pequeños y medianos comercios en la época post-María. 

Mencionó que el colapso de las telecomunicaciones tiene a muchos sin poder hacer transacciones electrónicas. Además, se ha reducido el poder adquisitivo de la población, lo que redunda en una baja de sus ventas.

“Creo que la economía no va a volver al nivel en que estaba cuando María en, al menos, dos años”, dijo Alameda, quien recordó que los cierres de comercios, unido a los trabajadores que quedan desempleados, tiene un efecto multiplicador en la economía.

Una farmacia a la antigua

Luis Javier Amadeo no tiene planes de cerrar su farmacia, frente a la cual lleva 55 años, que siguieron a los 45que la manejó su abuelo  y a  los otros 45 de su papá. 

La Amadeo es una farmacia a la antigua, en la que el recetario sigue siendo lo más importante. “Las recetas de mantenimiento a los clientes de uno hay que dárselas. No se van a morir”, dice Amadeo. 

Por el momento, está operando cuatro horas al día y les redujo la jornada a sus dos empleados. 

Pero no puede dejar de despachar recetas. “Esta es la farmacia más vieja en todo Puerto Rico. Si yo llegué hasta aquí, voy a sobrevivir”, afirma.