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prima:“No sabía que existía otra gente como yo”: adultos mayores evocan época de invisibilidad y estigmas contra la comunidad LGBTQ+

Aunque celebran los avances, lamentan los intentos de los gobiernos de Estados Unidos y Puerto Rico para arrebatarles derechos adquiridos

14 de junio de 2026 - 11:10 PM

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Esta historia fue publicada hace más de 1 mes.
En la imagen, parte de la decoración en Tía María Liquor Store, espacio seguro para la comunidad LGBTQ+ en Santurce. (Xavier Araújo)

Durante años, Antonio se aferró a la promesa de que la atracción inexplicable que notaba por otros de su mismo sexo desaparecería. Mientras crecía, un libro que le regaló una tía, quizá porque “se lo imaginaba”, le aseguró que eso que sentía era una etapa, algo común entre adolescentes; algo que, con el tiempo, “pasaba”. El hombre, ahora de 73 años, recuerda haber encontrado consuelo en esas páginas. Entonces, se repetía, como una plegaria: “Está bien, esto va a pasar”.

Creció en la década de 1960 consciente de su “inclinación hacia los hombres”. Sin embargo, la imagen que conoció durante su niñez de una “persona homosexual” estaba moldeada al estereotipo reduccionista de esa época: era el hombre afeminado, extravagante, que caminaba de tal forma o decía tal cosa. La burla hacia quienes expresaban conductas que se apartaban de las normas tradicionales de género era la regla en la calle y en la cultura popular.

“Lo que se conoce como la comunidad gay no existía. No sabía que existía otra gente como yo. Pensaba que era un bicho raro, porque no conocía a más nadie que fuera así”, cuenta. “Antes de ‘salir del clóset’, me sentía mal, porque decía: ‘Yo no quiero ser así’. Antes de aceptarme, no quería”.

Antonio, quien prefirió no revelar su identidad, escarbó sus recuerdos sentado en un taburete de la barra de Tía María Liquor Store, espacio que, con el pasar de los años desde su apertura en los 80, se convirtió en un oasis para la comunidad LGBTQ+. El exterior sombrío del local, ubicado en una esquina en Santurce, no da indicios de lo que hay en su interior: globos, banderas y carteles con los colores del arcoíris, emblema mundial de la diversidad sexual y de género.

No era el único que aprovechaba la tranquilidad de la tarde –antes de las horas pico de jangueo– para darse una cerveza o jugar una partida de billar, pero fue uno de los pocos que accedió a hablar con El Nuevo Día de cómo fue crecer en años de rechazo abierto hacia este grupo de la población. A su lado, después de pensarlo un rato, Javier –motivado por su amigo– decidió unirse a la conversación.

Yo sabía que era diferente; le pedía mucho a Dios cambiar. (…) Siempre, desde pequeño, siempre sabía. Pero también encontré que tenía tíos, primos, que eran del ambiente, y dije: ‘No soy el único’”, narra Javier (seudónimo), de 75 años. Recuerda que fue “rebelde”, que halló refugio en la religión y que, desde temprana edad, decidió que lucharía por sus derechos.

A pesar del desprecio y la homofobia que experimentó por su orientación sexual, el hombre encontró refugio en su compañero de vida, con quien se disponía a cumplir 50 años de relación –14 de ellos casados ante la ley– antes de que una enfermedad se lo arrebatara.

Al fondo, una pancarta celebra el Mes del Orgullo LGBTQ+ en Tía María.
Al fondo, una pancarta celebra el Mes del Orgullo LGBTQ+ en Tía María. (Xavier Araújo)

“Éramos criminales”

La realidad de Antonio y Javier es testimonio de una época en la que ser gay se entendía como un problema que debía corregirse, y contrasta con los avances en derechos, visibilidad y aceptación que han transformado la vida de generaciones posteriores.

“Era muy diferente a lo que vivimos ahora. Obviamente, ahora tenemos unos gobiernos que están tratando de echar hacia atrás lo que hemos conquistado, pero jamás imaginé, cuando estaba creciendo, que iba a tener el derecho a casarme con una persona de mi propio sexo, que se iba a prohibir el discrimen en el empleo, que hubiesen protecciones para evitar el ‘bullying’ y el acoso escolar”, indicó el activista de derechos humanos Pedro Julio Serrano.

En el marco de la celebración del Mes del Orgullo LGBTQ+, Serrano, de 51 años, destacó la visibilidad, el respeto y la aceptación por parte de la sociedad puertorriqueña como “uno de los logros más trascendentales que hemos tenido como sociedad”.

He podido presenciar un cambio radical de cómo nosotros éramos tratados, que éramos criminales ante el Estado, a convertirnos en ciudadanos, todavía de segunda, porque todavía no tenemos todos los derechos, pero, por lo menos, ya se nos empieza a reconocer una ciudadanía más plena”, añadió.

Pedro Julio Serrano indicó que la primera marcha del orgullo gay –como se le llamaba entonces–, en Puerto Rico, fue en 1991. Ahora, se celebran más de 20 eventos durante el Mes del Orgullo LGBTQ+.
Pedro Julio Serrano indicó que la primera marcha del orgullo gay –como se le llamaba entonces–, en Puerto Rico, fue en 1991. Ahora, se celebran más de 20 eventos durante el Mes del Orgullo LGBTQ+. (David Villafañe Ramos)

Alerta ante retrocesos

Si bien reconoció la magnitud de los avances –incluido el reconocimiento del matrimonio igualitario en 2015, la firma de la ley que prohíbe el discrimen por orientación sexual e identidad de género en el empleo en 2013 y el derecho de las parejas y los matrimonios del mismo sexo a adoptar, entre otros–, Serrano lamentó los intentos registrados en años recientes desde los gobiernos de Puerto Rico y Estados Unidos de revertir derechos conquistados por la comunidad.

“La gente se cree que la historia es lineal, que nosotros vamos avanzando cronológicamente y se acabó. Y la historia nos demuestra, tanto con los derechos de otros grupos, como los negros y las mujeres, que no es lineal. Hay unos avances y unos retrocesos, y eso lo estamos viendo ahora mismo con la comunidad LGBTQ+. Aunque hemos avanzado muchísimo, ahora mismo estamos en un proceso de oscurantismo que está eliminando protecciones importantes y también limitando la cantidad de espacios seguros que tenemos”, aseveró.

Según un análisis de la Unión Americana de Libertades Civiles (ACLU, en inglés), desde enero de 2025, se han radicado al menos ocho medidas en la Legislatura que atentan contra derechos de la comunidad LGBTQ+. Tres han recibido el aval de la gobernadora Jenniffer González: Ley 63-2025, que prohíbe tratamientos médicos de afirmación de género para personas menores de 21 años; Ley 14-2025, que declara la libertad religiosa como un derecho fundamental; y Ley 26-2026, que prohíbe la instalación de baños inclusivos, mixtos o neutros en agencias, dependencias, instrumentalidades, corporaciones públicas, municipios y la Universidad de Puerto Rico.

He podido presenciar un cambio radical de cómo nosotros éramos tratados, que éramos criminales ante el Estado
Pedro Julio Serrano

Algunas de las medidas aún bajo la consideración de la Legislatura son el Proyecto de la Cámara (PC) 166, que pretende excluir a las mujeres trans bajo la custodia del Departamento de Corrección y Rehabilitación de espacios correspondientes a su identidad de género; el PC 164, para prohibir que jóvenes trans puedan formar parte de los equipos deportivos correspondientes a su identidad de género; y el PC 912, que busca prohibir el uso de lenguaje inclusivo en documentos de agencias, corporaciones públicas y otras entidades del gobierno.

“Desde la ACLU de Puerto Rico, continuaremos defendiendo y abogando por los derechos de las personas LGBTQ+, y particularmente las personas trans, contra quienes existe una persecución que pretende avanzar desde las administraciones actuales del gobierno federal y el estatal en Puerto Rico, acciones que, incluso, ponen en riesgo la vida de personas”, esbozó la licenciada Annette Martínez Orabona, directora ejecutiva de la ACLU de Puerto Rico.

Antonio y Javier, testigos de los años de lucha que precedieron la adquisición de muchos de los derechos que hoy están en riesgo, han experimentado la aceptación de la sociedad durante las pasadas décadas, pero también son conscientes de la nueva ola de ataques contra su comunidad y los intentos que buscan invisibilizarlos una vez más.

“Nos quieren quitar unos derechos adquiridos, esos derechos que son fundamentales para nosotros. (El presente) ha sido mejor, pero los gobiernos nos castigan hasta más no poder, nos quieren quitar derechos, nos menosprecian, se burlan”, expresó Javier, quien aprovechó para hacer un llamado a la juventud LGBTQ+: “Tienen que seguir luchando. Si se ponen en la parte de ‘comfort’, se va a perder mucho. Es mejor batallar”.

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