“Te acostumbras a vivir en la oscuridad y eso es terrible”. Pero entre el trauma y el optimismo tras la catástrofe, aquí se desahogan mientras le confían sus cabezas a la barbera del pueblo.

Nota de la editora: Este reportaje forma parte de una serie publicada con motivo del quinto aniversario del paso del huracán María en Puerto Rico.

Read this article in English.

Utuado - En la barbería de Letty Martínez Afanador, muchas cosas han cambiado en los últimos cinco años, aunque no lo parezca.

De martes a sábado, Letty abre sus puertas para recortar a los clientes que llegan por cuentagotas o en tropel, como ha hecho desde hace casi 30 años. En su sillón, se sientan utuadeños a quienes cortó abundantes melenas y hoy les acicala las canas que les quedan.

La conversación, casi siempre colectiva y, cuando hace falta, en susurros discretos, se pasea por los problemas del pueblo, llega a los planes de trabajo, familia y ocio de los clientes, y termina con un vellón de esos que tan bien se pegan quienes se conocen de toda la vida.

Pero Letty y su barbería no son las mismas.

En los cinco años que han transcurrido desde que el huracán María arrasó Puerto Rico y dejó a este pueblo del centro de la isla y a sus habitantes prácticamente incomunicados por meses, las prioridades de Letty han cambiado.

De martes a sábado, Letty Martínez Afanador abre sus puertas para recortar a los clientes que llegan por cuentagotas o en tropel, como ha hecho desde hace casi 30 años.
De martes a sábado, Letty Martínez Afanador abre sus puertas para recortar a los clientes que llegan por cuentagotas o en tropel, como ha hecho desde hace casi 30 años. (Carlos Rivera Giusti)

“Aprendí a que nada fuera imprescindible para mí”, dice Letty, que tiene 60 años y más de una razón para esa transformación.

“Estoy aquí y estoy trabajando, gracias a mis clientes, que llevan conmigo toda la vida”, dice, al reconocer que, con los desastres y complicaciones del pasado lustro, se ha tambaleado la confianza que antes tenía. “Han pasado cinco años, y esto ha dejado una estela” que no se borra.

Las conversaciones que mantiene con sus clientes lo atestiguan. Es mencionar “María” en la barbería y comienzan los relatos de destrozos y de secuelas que duran hasta hoy, de clientes que perdieron sus casas o negocios, de trabajadores que llevan cinco años intentando reencontrar la estabilidad laboral y económica, de una barbera del centro de la isla que no esconde su inconformidad por lo visto, lo vivido y lo sobrevivido: un desastre histórico, una necesidad impensable y una recuperación tan lenta como desigual.

En este tiempo, “lo que ha cambiado es que ahora uno está más furioso, porque da rabia. Cinco años llevamos gritando”, dice Letty mientras recorta a un compañero suyo de la Clase de 1980 de la que todos en Utuado conocen como “la ‘high’ vieja”. Samuel Morales se llama y, con solo una frase, sentencia la experiencia que llevan buen rato describiendo: “Hemos aprendido supervivencia. De María para acá, lo que hemos aprendido es a sobrevivir”.

Después del ciclón, Letty, que pasó el huracán con una hermana en el pueblo, tenía que caminar montaña arriba para llegar hasta su casa, en el sector Puente Blanco. Era una caminata diaria, dos horas de ida y otras dos de vuelta. Cuando Letty llegaba a Puente Blanco, hacía inventario de las necesidades de sus vecinos, ayudaba en lo que podía y, con las fuerzas que le quedaban, agarraba una pala e intentaba desenterrar un carro en la marquesina, atrapado bajo el aluvión que dejó la crecida del río.

Esa fue su rutina por muchos días, pero, como le ocurre a tantos con las memorias posdesastre, no recuerda con exactitud cuánto tiempo transcurrió. Sí sabe que, en los primeros tres meses de lo que sería casi un año de emergencia y supervivencia en las montañas de Utuado, perdió 50 libras, y no las ha recuperado.

Letty Martínez Afanador mantiene en su barbería una cisterna para poder continuar operando aun cuando no cuente con el servicio de agua potable, como ocurrió cuando se hizo esta entrevista.
Letty Martínez Afanador mantiene en su barbería una cisterna para poder continuar operando aun cuando no cuente con el servicio de agua potable, como ocurrió cuando se hizo esta entrevista. (Carlos Rivera Giusti)

“Emocionalmente, yo me apagué”, reconoce Letty, y relata cómo las mismas particularidades del desastre, aquel apagón que en Puente Blanco duró, recuerda, entre nueve y 10 meses, ahondaron en ella esa depresión. “Me aislé, porque yo tenía que llegar a mi casa antes de que oscureciera”.

En las primeras semanas, la misión diaria era sobrevivir —”¡No había comida! ¡No había comida!”, recuerda con rabia y tristeza—, así que, nuevamente hablando de prioridades, la barbería tenía que esperar. Porque, en Letty’s Barber Shop, no se podía trabajar.

La barbería que Letty mantiene hace casi 30 años, que perteneció primero a su tío y que hoy comparte con su primo —el oficio les viene de familia— está en la entrada de este pueblo, junto a la confluencia de los ríos Grande de Arecibo y Viví. Es una ubicación idónea para captar clientela, pero no para las crecidas, como las que se sucedieron tras el huracán María, que dejó en Puerto Rico hasta 38 pulgadas de lluvia e inundaciones de las que, por su severidad, los expertos catalogan como de 100 años.

Entre los muchos lugares que se inundaron entonces en el país, estuvo la barbería de Letty.

“Un cliente me buscó en mi casa y me dijo: ‘Letty, ¿qué tú vas a hacer?’”, cuenta la barbera sobre ese primer empujón, que la llevó a aunar el valor para, semanas después del huracán, asomarse por primera vez por su negocio. Sabía que aquel local, inundado, embarrado y con hongo, iba a requerir mucho tiempo para reacondicionarlo. Por eso, recuperó de allí una de sus máquinas de recortar y, con un generador de energía portátil que consiguió, empezó a visitar clientes a domicilio. Así regresó a su oficio.

Fueron muchos meses de reparaciones que Letty costeó con sus ahorros, sin asistencia gubernamental, para limpiar la barbería, desinfectar, pintar y sustituir el mobiliario que se dañó con la inundación y la humedad. Reabrió, con generador eléctrico, entre febrero y marzo de 2018, pero asegura que, durante todo ese año, en Utuado, los días seguían siendo de supervivencia.

Las lluvias del huracán Fiona amenazaron con desbordar nuevamente los ríos Viví y Grande de Arecibo en su confluencia en Utuado, pero la inundación no se materializó, y la barbería de Letty Martínez Afanador se salvó.
Las lluvias del huracán Fiona amenazaron con desbordar nuevamente los ríos Viví y Grande de Arecibo en su confluencia en Utuado, pero la inundación no se materializó, y la barbería de Letty Martínez Afanador se salvó. (Carlos Rivera Giusti)

“Nosotros vinimos a arrancar, como quien dice, en el 2019″, dice.

Tras un año de búsqueda de la normalidad en el negocio, el jamaqueón de los terremotos de enero de 2020 y los cierres forzados por la pandemia del COVID-19 dos meses después trajeron más inestabilidad y cambios. En Utuado, los temblores dañaron varios edificios, como el del centro del pueblo donde el primo de Letty, Fernando Afanador, tenía su propia barbería. Tuvo que cerrarla, y así fue como llegó al negocio de su prima, donde hoy se hacen compañía y conversan entre cliente y cliente y hasta con casa llena.

Estos intercambios en la barbería, con el primo, con los clientes, con los amigos —incluso, cuando no coinciden con ella— son primordiales en la vida de Letty, que confiesa que, en la nueva realidad después del desastre, es de lo poco que le sigue entusiasmando. “A mí, esto me apasiona”, dice. Y queda claro al escucharla que, entre las cuatro paredes de Letty’s Barber Shop, Carmen Leticia Martínez Afanador encuentra, a diario, razones para seguir.

“Este es el único sitio donde yo siento que puedo ser yo”, asegura.

***

Las lluvias del huracán Fiona amenazaron con desbordar nuevamente los ríos Viví y Grande de Arecibo en su confluencia en Utuado, pero la inundación no se materializó, y la barbería de Letty Martínez Afanador se salvó. Al cierre de esta edición, Utuado seguía, como la mayoría del país, sin electricidad, y Letty’s Barber Shop tuvo que volver a cerrar de manera indefinida por falta de servicios esenciales tras un desastre.

💬Ver comentarios