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Es una realidad que sorprendió a pocos: el sistema educativo de Puerto Rico –tanto público como privado– ocupa uno de los últimos escalafones en la clasificación mundial, a base de los resultados obtenidos en una prueba estandarizada internacional. Pero lejos de provocar lamentos, el desempeño de la Isla en las pruebas del Programa Internacional de Evaluación Estudiantil (PISA, por sus siglas en inglés) deberían ser la zapata para que el País trace una nueva ruta en todos sus sistemas educativos.

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